Adiós Reino Unido

Adiós Reino Unido

brexit-europa-loquesomosJuan Gabalaui*. LQSomos. Julio 2016

Hace poco tiempo el pueblo griego dijo que no quería formar parte de una Unión Europea que la chantajeaba, maltrataba y gobernaba con mano de hierro. No hace falta desplegar a los ejércitos para doblegar a un país y humillarlo. Desempleo, pobreza, hambre y asfixia económica son razones suficientes como para no querer andar por el camino que marca la élite europea, que baila al son del gobierno alemán y las grandes instituciones económicas europeas y mundiales. El descontento de la población fue capitalizado por la izquierda de Syriza pero también por los fascistas de Amanecer Dorado, que con un discurso simple pero muy efectivo atrajo a muchos de los que se sienten perdedores en un sistema que les condena a los márgenes. La extrema derecha crece también en otros países, alimentada por esa Europa que traiciona sus principios fundacionales de justicia, solidaridad y democracia.

Hay razones suficientes para no formar parte de esa Unión. Los británicos han escogido las más mezquinas. La ultraderecha rancia y burda de Farage ha conseguido imponer su narrativa. Hace unos años un video de Farage criticando a la Unión Europea se convirtió en viral, retuiteado y compartido en Facebook hasta por personas que, supuestamente, son votantes de la izquierda. Esta narrativa es tan potente como para seducir a aquellos que creen que no votarían nunca a un partido fascista. Gran parte de la clase trabajadora británica ha votado por salir de la Unión Europea. No son [todos] fascistas ni racistas ni tontos del culo, son gente maltratada por el sistema, desempleada o con trabajos precarios, que viven una vida tan miserable que los cantos de sirena de los fascistas les suena a música celestial, esa que les dice que de esta manera van a recuperar el esplendor de antaño, la fuerza y la potencia de un imperio que se levanta orgulloso por encima del resto de naciones.

Sí, los hay racistas, fascistas e ignorantes pero categorizarles de esta manera evita que señalemos el contexto político, social y económico como principal responsable. Y este contexto tienen que ver fundamentalmente con los gobiernos británicos y, también, con los burócratas de Bruselas. Aunque el Reino Unido no es Grecia. Es un país privilegiado, una de las grandes potencias económicas del mundo, que se escucha y se valora entre la élite europea. Tanto como para condicionar muchas de sus decisiones políticas y económicas. A Grecia no se la escuchó. Se le dijo lo que tenían que hacer y punto. Aún así el pueblo británico sufre la misma alienación, la misma degradación social y el deterioro constante de los servicios públicos no ya que el pueblo griego sino que el resto de pueblos europeos. En este sentido el capitalismo depredador es la receta que se aplica en todos ellos. La miopía política de los votantes del brexit pasa por considerar que ellos solos saldrán de esto, como si sus futuros gobiernos fueran a aplicar otras políticas económicas diferentes.

Europa es en estos momentos la fuerza centrífuga capaz de expulsar a cada uno de sus miembros, si los ciudadanos pudieran dar su opinión. Esa que mientras habla de justicia, solidaridad y democracia, retiene en campos de concentración a miles de refugiados en el corazón de Europa, les dispara impunemente en sus fronteras o permite que mueran ahogados en sus mares. La misma que permitió que varios países europeos maltrataran a la población gitana y les condenara a vivir en guetos, alejados del resto de la población. La misma que ha tolerado discursos del odio que criminalizan al diferente y le culpan de los grandes males de las sociedades europeas. La misma que ha participado en guerras fuera de sus fronteras que han provocado la muerte de miles de personas o que apoya y colabora con países que violan los derechos humanos como Arabia Saudí o Israel. La misma que se ha situado al lado de los bancos y de las entidades financieras sin importarles los efectos desastrosos que ha provocado en las vidas de las personas a las que dicen que representan.

El rechazo a esa Europa depredadora es de sentido común. El adiós del Reino Unido tiene el punto de mira desviado porque no es un adiós dirigido a modificar la situación precaria de la clase trabajadora británica y europea sino a quedarse solos, con la absurda esperanza de que de esta manera sus condiciones de vida mejorarán. Se equivocan al poner el acento en las personas, las que llegan a sus barrios buscando trabajo y una vida más digna que la que sufrían en sus países de origen. Es precisamente con ellas con las que hay que crear lazos, con las que hay que organizarse para configurar bloques de resistencia frente a este sistema. Farage, Johnson y compañía forman parte del mismo problema que ahora dicen rechazar. Son los que continuarán con las mismas políticas que les hacen sentirse perdedores y en los márgenes. Es una [des]esperanza, un burdo cuento cuyo final ya conocemos. Esta es la tristeza que me provoca el adiós del Reino Unido.

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