Javier González Sánchez*. LQSomos. Marzo 2017

Miguel tiene 24 años y toma antidepresivos desde los 12 por un problema de ansiedad. Después de más de una década ha podido dejar de tomarlos pero reconoce que ya no es la misma persona. Ha tenido que enfrentarse a muchas emociones que sus medicamentos suprimían y que le han sobre venido de golpe. Ahora debe luchar contra unos problemas que estuvieron ocultos químicamente durante años.

“Los antipsicóticos tranquilizan a la gente, pero también les arrebatan parte de sus emociones, parte de sus pensamientos normales”, afirma el investigador danés Peter Gotzsche. Este profesor de Diseño y Análisis de Ensayos Clínicos, estudia desde hace años los efectos negativos de los antipsicóticos. Los califica como algunos de los medicamentos más tóxicos que existen y afirma que producen daño cerebral permanente.

Miguel creyó que mejoraba durante años, que era más feliz. El sueño, la falta de concentración y los dolores de cabeza compensaban porque “se estaba curando”. Pero al terminar el tratamiento se dio cuenta de que no podía volver a ese estado de felicidad artificial por si mismo. Para él y su entorno fue un duro golpe descubrir que no había avanzado nada en más de 10 años y que aún tenía que trabajar para estar sano.

Desde mediados de los noventa el número de indicaciones de antidepresivos se ha multiplicado. Algunos estudios desvelan que cerca del 50% de prescripciones de antidepresivos que se realizan en atención primaria son a pacientes que no cumplen los requisitos necesarios para este tipo de tratamiento.

Muchos investigadores sostienen que algunas enfermedades mentales como la depresión o la ansiedad nacen a raíz de sentimientos que la persona no puede entender, aceptar o soportar. Estos sentimientos degeneran en comportamientos ansiosos o depresivos que pueden aprender a dominar gracias a técnicas cómo la psicoterapia o la meditación.

El uso de este tipo de fármacos se basa en la idea de que los pacientes con enfermedades mentales tienen una especie de desequilibrio químico. Gotzsche defiende que este desequilibrio nunca se ha podido demostrar.

Los antidepresivos aumentan el riesgo de sufrir enfermedades cardíacas y problemas cerebrovasculares. Frenan el crecimiento de linfocitos T, unas células que protegen el cuerpo de infecciones y que algunos expertos creen que podrían ayudar a combatir el cáncer. El sector farmacéutico es uno de los que más dinero genera a nivel mundial y a menudo se les acusa de excederse en la presión a los médicos para que receten sus productos. Muchas veces se generan enfermedades a partir de los medicamentos que supuestamente las curan, lo que se conoce como yatrogénesis.

Algunos fármacos como la fluoxetina pueden provocan comportamientos suicidas, sobre todo en jóvenes menores de 24 años. Desde Medline Plus, web de información médica, advierten [de] que los momentos más peligrosos son al comienzo del tratamiento o cuando se aumenta o disminuye la dosis. El paciente puede mostrar comportamientos depresivos o violentos consigo mismo y con los demás.

Para Gotzsche muchas personas empiezan a tomar antidepresivos por problemas que podrían solucionarse con el paso del tiempo o con una terapia no química. Al abandonar el tratamiento el cerebro ha desarrollado una dependencia que se transforma en una depresión real.

Existen trastornos, como la esquizofrenia o el trastorno bipolar, donde los tratamientos a seguir son más delicados y requieren más apoyo social. A la hora de tratar las enfermedades mentales muchos psicólogos y psiquiatras se inclinan por la psicoeducación. Enseñar a la persona cuál es su trastorno, cómo puede enfrentarlo de forma saludable y como convivir con él. De esta manera el paciente tiene un papel mucho más activo en su tratamiento y puede decidir por sí mismo si tomar la vía de la química o terapias alternativas. O ambas, si está bien aconsejado y lo sigue de cerca un experto.

A veces creemos que las emociones negativas son una enfermedad, algo con lo que tenemos que acabar de cualquier forma. Pero la tristeza o el enfado sólo son un reflejo de que hay algo dentro de nosotros que necesitamos analizar o mejorar. Cuando utilizamos fármacos intentamos acabar con emociones que podrían ayudar a definir quiénes somos. El proceso para superar una enfermedad mental es laborioso y para sobrellevarlo necesitamos algo más que medicamentos, comprensión y técnicas alternativas, hoy bien conocidas y controladas.

* Periodista. Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS)
@jgonzalezsan

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