Verso a Sara Montiel
 
En tus bellos pardos ojos
el sol de la Mancha ríe;
en tu boca los claveles
de tus labios hacen nido;
la rubia era, caliente
voló formando tu pelo,
y las bodegas, umbrías,
y el rojo vino, sombrío,
savia a tu cuerpo dieron,
como la tierra a las tejas,
pan que fuese de trigo,
ruboroso, bien oliente,
nutritivo y entrañable.
La Mancha es en ti mujer
y en mi corazón el dardo.

 

León Felipe, poeta del exilio,
 refugiado definitivamente en Méjico en 1938
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Corina
Canto a la célebre Corina, Poetisa de Beocia
Comarca de Grecia
Cuya capital era Tebas
Rival de Píndaro
El primero de los poetas líricos griegos
A quien ella nombraba pícaro
Holgazán, andrajoso, sinvergüenza
Que está y viene de picadillo
Porque dicen que ha dicho
Comiendo uvas grano  a grano
A un reportero gráfico
Que ha enterrado a dos maridos
Y que ahora tiene a un rey dentro
Como aquella Servilia
Hermana uterina de Catón de Utica
Mujer de Junio Bruto
Y madre de Marco Junio Bruto
El que mató a César
A quien inspiró una pasión ardiente
Provocativa a lujuria
De la que nació Marco Junio
A quien César creyó siempre su hijo
Un sábado por la tarde
Cuando el cirujano de turno
 va tras alguno
Y dice como remiendo que se echa en el zapato:
“Hay mucha prisa a la cadera”
Del patrón  picapuerco, trepa
Que se hace con picaduras
Para señalar el dibujo
Especialmente entre encajeras en picadón
Lugar donde en las jabonerías
Se quebranta la sosa
Que por eso  Píndaro a ella le decía:
“La Sosa de Corina”
Causándole cierto ardor o comezón
En alguna parte del cuerpo
Hiriéndola con cierta arte
Como a la bola de billar
Con la suela del taco
Para hacerle ejecutar
Movimientos especiales
De costado y de retroceso
Abriendo un libro a la ventura
Titulado: “Billar enseña las Bolas”
.-.-.-.-.-.-.-.-
Ojalà
Ojalá mis letras fueran profecías,
palabras amables que presagian futuros de levadura y abrazos.

 

Ojalá mis versos fueran como el fuego
para fundir las cadenas de este espanto
que nos hace esclavos ignorantes
de nuestras servidumbres ciegas.

Ojalá unos pocos versos pudieran castigar
los huesos de quien condena a la miseria
a tantos niños mutilados de juegos,
a tantos viejos amputados de salud,
a tantos hombres y mujeres
preñados de injusticia que errantes lloran o cantan
buscando un porvenir que nunca alcanzan.

Ojalá fuera bastante con ser poeta
para convertir en calavera el silencio,
el dolor, los fracasos.
Ojalá, si,
ojalá fueran suficientes este puñado de poemas
para ulcerar el corazón de los que andan a tientas
con sus modales canallas
derramando dentera
sobre nuestros sueños y esperanzas.
Ojalá los poemas pudieran arrancar de cuajo
tu violencia,
tus fantasmas,
tus garras afiladas,
vuestro deseo de ser alguien convirtiéndonos en nada.
Pero apenas alcanzan a ser esta voz
que no claudica
porque rendirse
es escribir el epitafio más triste;
el de una poeta que muere
sin ojalas posibles.

 

.-.-.-.-.-.-.-.-
Intento caminar
Si todo hubiera sido un espejismo,
si yo fuera incapaz de esta tristeza,
si no desabrigara esta certeza,
si un verbo me alejara de este abismo.
Si todos mis recuerdos son el mismo,
una nana, un abrazo, una tormenta,
algo perdido y roto que se ausenta,
que nunca perderá su magnetismo.
El tiempo que ya fue, que me marchita,
aplasta un corazón atravesado
por gente que partió pero aún me habita.
Intento caminar no encadenado
a todo lo perdido que aún palpita
por mirar sin dolor hacia el pasado
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¡¡Son ellos, los desaparecidos!!
Son los días de marzo
que me regresan.
Se me vuelven campanas
los fantasmas del tiempo.
¡Son Siempre ellos!!
que me reclaman justicia.
¡Son ellos, los desaparecidos!
Así sucede cada 24 de marzo
cuando el otoño
desviste el verde de mi árbol,
y mi memoria, ejerce su trabajo.
Miguel Longarini desde 9 de Julio, Pvcia. Buenos Aires
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Diez décimas de saludo al pueblo argentino
Allá en mi pago hay un pueblo
que se llama no me olvides
quien lo conozca que cuide
su recuerdo como gema
porque hay olvidos que queman
y hay memorias que engrandecen
cosas que no lo parecen
como el témpano flotante
por debajo son gigantes
sumergidos, que estremecen
mi pueblo es un mar sereno
bajo un cielo de tormenta
laten en su vida lenta
los estrépitos del trueno
pudo engendrar en su seno
las montoneras de otrora
y cuando llegue la hora
mañana, también podrá
sembrar a su voluntad
mil estrellas en la aurora
no hay cosa más sin apuro
que un pueblo haciendo la historia
no lo seduce la gloria
ni se imagina el futuro
marcha con paso seguro
calculando cada paso
y lo que parece atraso
suele transformarse pronto
en cosas que para el tonto
son causa de su fracaso
mi pueblo no es argentino
ni paraguayo, ni austral
se llama pueblo oriental
por razón de su destino
pero recorre el camino
de sus hermanos amados
el de tantos humillados
el de américa morena
la sangre de cuyas venas
también late en su costado
mi pueblo no estuvo ausente
ni mucho menos de espaldas
a la trágica y amarga
historia del continente
fuimos un balcón al frente
de un inquilinato en ruinas
el de américa latina
frustrada en malos amores
cultivando algunas flores
entre brasil y argentina
pero mucho no duraron
las flores en el balcón
el rosquero y su ambición
imprudente, las cortaron
y fueron las mismas manos
que arruinaron el vergel
las que acabaron con él
las que hoy muestran, codiciosas
en vez de un ramo de rosas
unas flores de papel
no falta el bobalicón
nostálgico del jardín
pero entre todos el ruin
es el que trajo al ladrón
ése no tiene perdón
si protegen sus ganancias
la decencia y la ignorancia
del pueblo, son sus amores
no encuentra causas mejores
para comprarse otra estancia
ese sí, no es oriental
ni gringo, ni brasilero
su pasión es el dinero
porque es multinacional
mentiroso universal
desde que vino hernándarias
piensa en sus cuentas bancarias
ponderando a los poetas
que hacen con torpes recetas
canciones estrafalarias
así pues, no habrá camino
que no recorramos juntos
tratamos el mismo asunto
orientales y argentinos
ecuatorianos, fueguinos
venezolanos, cuzqueños
blancos, negros y trigueños
forjados en el trabajo
nacimos de un mismo gajo
del árbol de nuestros sueños
y ahora reciban, señores
un saludo fraternal
dice mi pueblo oriental
ya vendrán tiempos mejores
cifra de nuestros amores
poncho patria en el espanto
de mi pueblo y sus quebrantos
no les puedo conversar
sólo les quise entregar
su corazón con mi canto
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