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Josep Renau: ¡Salvar el Prado! El comunista valenciano Josep Renau fue un genial propagandista de la cultura generada por la “revolución proletaria”. Sus carteles de resistencia al fascismo durante la Guerra Civil marcaron un antes y un después. Sus fotomontajes contra el imperialismo yanqui causaron impacto en la década de los sesenta. Menos conocido es como gestor político al servicio de la República. En 1936, fue nombrado director general de Bellas Artes, por el ministro Jesús Hernández. Pedro Checa, cuenta el propio Renau en Arte en peligro (Fernando Torres/Ayuntamiento de Valencia 1980), le trasmitió el encargo: “lo más importante –le dijo-, la organización de la defensa del patrimonio…”. El siete de septiembre, “sin poder afeitarme (…) con una chamarra y una pistola del nueve largo en bandolera tomé posesión…” Bajo su competencia quedaban museos, recintos artísticos y la joya de la corona: El Prado. El 16 de noviembre se luchaba por cada palmo de terreno en la Ciudad Universitaria. A las siete de la tarde una veintena de junkers (vulgo pavas ) lanzaron bombas y proyectiles incendiarios protegidos por una treintena de cazas. La ciudad quedó sumida en la oscuridad. Fueron alcanzados: el Hospital de San Carlos causando más de 100 víctimas entre muertos y heridos, la Academia de San Fernando, el Museo Antropológico y la Biblioteca Nacional, explica Dan Kurzman en El asedio de Madrid (Planeta, 1999). Renau decidió poner a salvo las telas de Velázquez, Goya, El Greco, Zurbarán… y los “objetos artísticos e históricos de primer orden”. En lo más recio de la batalla, entre el 14 y el 25 de noviembre organizó, con suma eficacia, el traslado de este tesoro a Valencia. Cuadros y objetos viajaron bien protegidos, con papeles impermeables y cajas con travesaños especiales, en los mejores camiones militares hasta su destino, provisional, en las bóvedas interiores de las Torres de Serranos; un refugio, que ofrecía condiciones de seguridad y permitía ejercer un adecuado control climatológico. Algunos cuadros, de excepcional tamaño, fueron alojados en la iglesia del Colegio del Patriarca. Josep, pese a esta febril actividad, producía carteles y fotomontajes para la Exposición Internacional de París -él encargaría El Guernica a Picasso para el Pabellón Español- y su propia serie titulada 13 puntos de Negrín , para la Feria Internacional de Nueva York de 1939. Junto a otros artistas e intelectuales valencianos se sentía comprometido con una “crítica implacable de las concepciones históricas y de la hispanidad ‘de izquierdas' (…), de la mitificación de los valores de nuestra cultura clásica”. Su vehículo de expresión era la revista Nueva Cultura publicada desde 1935. Esta ingente labor, cercenada por la guerra, quedó recogida, en parte, en la Ponencia Colectiva presentada al II Congreso de Escritores en Defensa de la Cultura que en 1937 se iniciara en Valencia. “Los valores de nuestro pasado histórico no pueden continuar (…) entre manos del eruditismo profesional. El arte (del pasado) no es un patrimonio exclusivo de las ideologías muertas. Su dinamismo vital no puede realizarse al margen de las relaciones sociales…” Asombra la vigencia de algunas de estas propuestas. José Antonio Vidal Castaño |