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Diego
Rivera
Colección del Estado
de Veracruz
Museo de América de Madrid
Exposición
organizada siguiendo un orden cronológico, que permite hacer
un recorrido por la obra y vida de Diego Rivera. Se aprecian las diversas
mutaciones pictóricas y estilísticas a través de
retratos, paisajes, bodegones, desnudos y cuadros costumbristas, que
se complementan con dibujos y bocetos. Treinta y seis obras de pequeño
formato del mayor representante del muralismo mexicano.
Compulsivo y polémico
Fue un artista compulsivo y polémico, alguien
que no dejó indiferente al que le conocía. Un apasionado
de su creación, con una particular visión de la naturaleza
humana que siempre plasmó en su obra. Fue considerado como uno
de los más grandes muralistas del siglo XX, obras en las que
expuso los temas sociales que acompañarían su trabajo
y su vida.
Nació en Guanajuato (Méjico), se formó en la Academia
de Bellas Artes de San Carlos, en la ciudad de Méjico. Entre
1907 y 1921 viajó a Europa, Francia y España gracias a
una beca que le otorgó el Estado de Veracruz, donde entró
en contacto con todas las corrientes pictóricas del momento:
Picasso, Juan Gris, Cézanne, Renoir y otros pintores de la época.
Muralista
comprometido
En 1921, Rivera regresó a su país, donde representó
un papel determinante en el renacimiento de la pintura mural, iniciado
por otros artistas y patrocinado por el gobierno. Se dedicó a
pintar grandes frescos sobre la historia y los problemas sociales de
su país en los techos y paredes de edificios públicos,
ya que consideraba que el arte debía servir a la clase trabajadora
y estar fácilmente disponible a su alcance.
Entre 1923 y 1926 realizó los murales al fresco de la Secretaría
de Educación en la ciudad de Méjico, pero su obra maestra
es La tierra fecunda (1927), para la Escuela Nacional de Agricultura
de Chapingo, donde representó el desarrollo biológico
del hombre y su conquista de la naturaleza. Diego Rivera pintó
murales en el Palacio de Cortés, en Cuernavaca (1930) y en la
Secretaría de Salubridad.
Frida
y Trosky
En
1929 se casó con Frida Kahlo, mujer de fuerte carácter,
con la que compartió su vida, obra, pasiones y polémicas.
Frida fue otra de las grandes representantes de la pintura mejicana
introspectiva del siglo XX.
Su compromiso social e ideológico, le llevó a ser uno
de los fundadores del Partido Comunista Mejicano, y acogió en
su exilio a León Trosky, dándole casa y medios hasta su
triste asesinato.
Expuso y trabajó en Estados Unidos. Su obra allí incluye
un mural (1932-1933) para el Instituto de Bellas Artes de Detroit, y
un fresco, Hombre en la encrucijada (1933), encargado para el nuevo
edificio de la RCA en el Rockefeller Center de Nueva York, y destruído
poco después de su realización porque contenía
un retrato de Lenin, el cual Rivera se negó a quitar. Un año
después, Rivera lo reprodujo para el Palacio de Bellas Artes
de Méjico.
En 1935 concluyó uno de sus proyectos más ambiciosos:
los frescos para la escalera monumental del Palacio Nacional de la ciudad
de Méjico, con su propia interpretación de la historia
de su país, desde los tiempos precolombinos hasta la actualidad.
En la década de 1940 pintó dos grandes murales en el Instituto
Nacional de Cardiología (1944), y otro gran mural para el Hotel
del Prado, Sueño de la Alameda (1947), de tema histórico-crítico.
Desde mosaicos a
lienzos
Sus últimas obras las realizó en mosaico de piedras naturales,
como las del Estadio de la ciudad universitaria de Méjico o el
del Teatro Insurgentes, ambas en el exterior.
En los años cincuenta, después de un viaje a Moscú,
volvió al tema costumbrista, reflejando con exaltación
los trabajos de los países del Este, reflejando su preocupación
vital y social por los personajes de su obra.
Diego Rivera fue también prolífico en su obra de caballete,
con una visión muy alegre y también sensual del folclore
de su país, con una gran inmediatez en sus trazos. Dibujante
magistral y estupendo colorista, demostró un gran talento para
estructurar sus obras.
Murió de cáncer el 24 de Noviembre de 1957 en Méjico.
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