| Las sillas” de Eugène Ionesco La Pajarita de Papel, cia. de teatro Las sillas, considerada la obra maestra de Ionesco, pone en escena a una pareja de ancianos aislados en una torre situada en el interior de una isla. Para justificar retrospectivamente, ante el mundo, una larga existencia de fracasos y humillaciones, han organizado una gran recepción a la que invitaron a gentes imaginarias, personalidades de toda especie, entre las cuales figura el propio Emperador. Sólo un número más y más fabuloso de sillas vacías indicará la invisible presencia de la multitud, visible solamente para los protagonistas de la obra. Pero los dos viejos acaso no sean más reales que la multitud; están allí para expresar el vacío, dándole su indispensable contorno, la densidad presente de su ausencia. Cuando la escena está totalmente obstruida con sillas vacías, al punto que los viejos quedan atascados como bloqueados en un naufragio inmóvil, aparece el Orador. Para los viejos es la señal de la liberación, después de legar al Orador el cuidado de transmitir el gran mensaje destinado a salvar a la humanidad. Se arrojan por la ventana y el Orador queda solitario ante las sillas, con la boca abierta. No salen de ella sino estertores y sonidos guturales; el Orador es sordomudo. Oponer lo cómico a lo trágico para reunirlos en una síntesis teatral nueva. Estos dos elementos se ponen de relieve mutuamente, se niegan mutuamente, pudiendo constituir, gracias a su oposición, un equilibrio dinámico, una tensión. Acaso no se ha mantenido nunca este equilibrio dinámico con mayor maestría que en LAS SILLAS, donde el dolor y la poesía al desnudo, permanecen sin cesar ofrecidos a las risas de los espectadores. Ionesco, a propósito de LAS SILLAS, ha dicho: “se puede decir de LAS SILLAS cosas contradictorias y, sin embargo, igualmente ciertas, En escena no hay nada; los dos viejos sufren alucinaciones, los personajes invisibles no están presentes. O, en verdad, no hay nadie aún, sólo los dos viejos y el orador que están en escena sin estarlo: los viejos y el orador están tan poco presentes como los personajes invisibles… No tienen más existencia que estos últimos y que nuestros sueños. Y sin embargo, esa nada que está en escena es la multitud. Se debe sentir en escena la presencia de la multitud… Se ha dicho que yo soy un escritor del absurdo. En realidad, la existencia del mundo no me parece absurda sino increíble, pero en el interior de la existencia y del mundo se puede ver claramente, descubrir leyes, establecer normas “razonables”. Lo incomprensible no aparece sino cuando nos remontamos hacia las fuentes de la existencia; cuando nos instalamos al margen y la contemplación en conjunto… La búsqueda de una realidad esencial, olvidada, es lo que quise expresar a través de mis personajes que vagan en la incoherencia, que nada poseen fuera de sus angustias. Seres anegados en la ausencia de sentido no pueden ser sino grotescos, su sufrimiento no puede ser sino ridículamente trágico… Pero todo es lenguaje en el teatro: las palabras, los ademanes, los objetos, la acción misma, pues todo sirve para expresar, para significar. Todo es lenguaje. Un lenguaje que trata de revelar la historia, que también trata quizá de integrar ésta en la historia” VIEJO.......................Rodolfo Cortizo TRADUCCIÓN..........Luis Echávarri ESCENOGRAFÍA/VESTUARIO.......Taller Las Manos ILUMINACIÓN..........Federico Farano PRODUCCIÓN..........Peldepa S.L.L. DIRECCIÓN..............Beatriz Gutiérrez LQSomos. Redacción. Enero de 2008
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Candilejas |
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