| En un mundo libre
Este anochecer he ido al cine y he visto «En un mundo libre», la última película de Ken Loach y Paul Laverty .
No soy experto en cine, pero me gustaría comentar el ángulo económico y laboral del film puesto que refleja de una manera muy especial la ley de la selva que el neoliberalismo ha instalado en el mercado de trabajo y en la gestión de la inmigración.
El título de la película utiliza irónicamente la palabra libertado para denunciar una sociedad donde todo gira alrededor del libre mercado. La «libertad» es en un caso, la de los obreros/as de abandonar la familia para ir a trabajar a países lejanos. En el otro caso es la de convertirse en verdugos para esclavizar a los más débiles e indefensos con el afán de superar las dificultades económicas o de enriquecerse.
La protagonista es Angie, una mujer joven, atractiva, valiente y enérgica con un hijo a cargo y con la cual en un primer momento el espectador se puede sentir identificado. Inicialmente Angie trabaja en una agencia de colocación, donde se encarga de seleccionar y contratar trabajadores inmigrados/das que llegan con la esperanza de mejorar su situación. Sufre acoso sexual, y como que no cede, es despedida.
A partir del despido empieza a ver el futuro con cierto miedo. Movida por las ganas de superar las dificultades y por la codicia, va pasando por diferentes etapas que la convierten en una reclutadora, vendedora y espoliadora de inmigrantes a través de una empresa de trabajo temporal.
La edad de Angie (33 años) no es un hecho marginal. Se trata de una chica que habría crecido durante los años de gobierno de Margaret Thatcher. Esto la ha marcado. A veces es sensible y muestra tener sentimientos. Pero es egoísta y está convencida de que lo que ahora hace falta es ser competitivos, ir más deprisa que los otras, aplastarlos si es necesario y arrebatarles los mercados. Al llevar a cabo una de sus fechorías afirma: «Vivimos en un mundo libre». De aquí viene seguramente el acertado título de la película.
Angie siempre está dispuesta a enfrentarse a las adversidades y lo hace sin ningún tipo de escrúpulos con tal de salirse con la suya. Constantemente nos aparece desplazándose de un lugar a otra a toda velocidad y con una moto de grande cilindrada.
La conducta de Angie contrasta con la de otras personas de su entorno. El padre todavía comparte los valores solidarios presentes durante los años en que los sindicatos tenían fuerza ; su amigo polaco, antepone la amistad al dinero; y Rose , la socia en la empresa, inicialmente la sigue pero con el tiempo decide abandonarla. La evolución futura de su hijo, en cambio, es una incógnita: no sabemos si acabará compartiendo o no los valores reaccionarios y neoliberales que han impregnando a la madre.
La película nos muestra la explotación capitalista en toda su dureza y a la vez nos deja claro que ahora esta explotación se presenta de manera más fragmentada. Los grandes explotadores quedan en el anonimato. Dentro de este proceso fragmentado ocupan un lugar fundamental las empresas de trabajo temporal (protagonistas en este caso) que reclutan y prestan el personal, las subcontratas (Pan y Rosas o La Cuadrilla ) que ofrecen determinados servicios y los encargados y responsables de los talleres dedicados a controlar y dirigir la actividad productiva.
Un aspecto vinculado a esta descentralización es la externalización del riesgo que acostumbra a caer sobre la parte más débil de la actividad empresarial. En este caso, el último peldaño lo ocupa nuestra protagonista. Es quien recibe la mayor parte de los golpes por los incumplimientos patronales.
Hay dos elementos más que quiero tomar en consideración: El primero es la inexistencia de actividad sindical. No olvidamos que los trabajadores que contrata Angie 1/ viven en lugares marginales de Londres donde se concentran campamentos de inmigrantes polacos, ucranianos, iraníes o paquistaníes; 2/ atraviesan una situación de extrema necesidad; y 3 / no tienen los mismos derechos que el resto de trabajadores. Por estas razones únicamente se sublevan cuando no se hacen efectivos los salarios que previamente han ganado con jornadas largas y duras y sin los cuales son incapaces de subsistir. Al llegar a este situación, sólo tienen dos opciones: o bien la resignación o bien la violencia.
El segundo es la inhibición estatal y la facilidad con qué se puede incumplir la legalidad laboral. Si quieres ganar, si quieres anticiparte a las otras, entonces debes ser capaz de colocarte al límite, transitar sobre la cuerda floja y al margen de la ley.
El final de la película queda abierto. Pero nos enteramos que Angie se especializa en aquello que probablemente es más « competitiva»: se ha desplazado a Ucrania y está estafando sin escrúpulos a ingenuos y a inocentes que después trabajarán sin papeles para hacer rodar más deprisa la noria de la acumulación capitalista.
La película nos llega en un momento oportuno porqué en esta campaña electoral dos fuerzas políticas han criminalizado los inmigrantes. Y todo esto lo han hecho mientras olvidaban la realidad que nos muestra En un mundo libre. Es decir, que son obligados a trabajar en situaciones de precariedad extrema. En cambio hay quien sugiere negarlos derechos tan básicos como el de ser tratados por un cáncer en un hospital público en iguales condiciones que los otras.
LQSomos. Antoni Puig Solé. Marzo de 2008
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