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En el Pulmón
de Gaia
La primera sorpresa que tuvimos cuando el 727-200 de la Boeing hizo
maniobras de aproximación sobre el aeropuerto de la ciudad de
Manaus, capital del Estado del Amazonas (Brasil), fue el apreciar en
medio de la inmensa y tupida vegetación de la selva más
grande y frondosa del planeta, la existencia de una moderna ciudad de
cerca de 2.000.000 de habitantes.
Manaus es una ciudad de leyendas surgidas del auge de la explotación
y comercialización de la resina del árbol del caucho en
los años de 1800. En aquel entonces la ciudad creció dentro
de la más pura y sobria arquitectura europea, conservada con
toda la curia que exige su valioso patrimonio histórico. Dentro
de sus más bellos edificios se cuentan el Palacio de Justicia
y el afamado Teatro Amazonas en donde se presentaron artistas de la
talla del celebre Carusso. La ciudad moderna ha tenido un crecimiento
urbano bien planificado contando con el más importante puerto
existente sobre la cuenca del río Amazonas, posee un buen aeropuerto
servido por aerolíneas nacionales e internacionales, una buena
infraestructura hotelera urbana y una magnifica infraestructura para
el turismo ecológico, deportivo y naturista. La economía
local se soporta fundamentalmente en sus zonas francas comercial e industrial
y en la exportación de frutas tropicales exóticas, como
la llamada guaraná de la cual se dice es un excelente tónico
cerebral y a la vez potente afrodisiaco.
Después de pasar la primera noche en una cómoda habitación
del Novo Hotel de Manaus y haber degustado un delicioso desayuno compuesto
de jugosas frutas tropicales, huevos con tocino, embutidos, tortas de
casabe, panecillos y un humeante y aromático café brasileño,
fuimos recogidos por el señor Jacques Everland, holandés
cuyo corazón fue embrujado por la grandeza espiritual de una
bella mujer del amazonas y por la palpitante energía que emana
de la fértil y enigmática jungla tropical. Jacques nos
condujo a través de una moderna carretera que penetra la virginal
espesura de la selva hasta el kilometro 160, en donde después
de cruzar una gran puerta de madera nos encontramos con el maravilloso
mundo naturista de Amazonat Resort.
Sobre un amplio espacio abierto rodeado de selva, se levantan las cómodas
instalaciones del resort, edificadas en materiales propios de la región
respetando los conceptos habitacionales de los indios Mura, antiguos
habitantes de las márgenes del río Urubú el cual
cruza éste basto territorio hasta desembocar en el río
más grande del mundo, el Amazonas.
Terminado el registro en el libro de huéspedes y después
de recibir una corta inducción sobre los servicios y actividades
que podemos realizar durante nuestra estancia en Amazonat, nos dirigimos
a nuestra cabaña, desempacamos afanosamente nuestros morrales
y nos despojamos de inmediato de nuestra ropa para empezar a disfrutar
de la más maravillosa aventura naturista en el pulmón
de Gaia.
Quienes vivimos de corazón los principios fundamentales del nudonaturismo,
conocemos la gratificante sensación de libertad y bienestar que
nos prodiga la desnudez, pero solo en medio de este sagrado lugar del
planeta, podemos sentir a plenitud, sobre nuestra piel desnuda, el palpitar
de la Madre Tierra y su permanente lucha por sobrevivir en medio de
nuestra decadente civilización.
No hay más dulce bálsamo para nuestro fatigado espíritu,
que el levantarnos de madrugada para ver salir el sol en medio de la
espesura y deleitar nuestra mente con el melodioso trino de infinidad
de pájaros multicolores que saludan el advenimiento del astro
rey y celebran una vez más el triunfo de la luz del día
sobre las tinieblas de la noche.
Para tonificar nuestro cuerpo, después de trotar por los diferentes
senderos del resort, podemos tomar de los múltiples arboles frutales
existentes, alguna jugosa fruta tropical para comer y luego refrescarnos
en la piscina de cristalinas aguas minerales que brotan de lo profundo
de la selva.
Terminado el desayuno de frutas tropicales, jamón, queso, huevos
y café estamos listos para continuar nuestro día con cualquiera
de las múltiples opciones que tenemos: puede ser la pesca de
pirañas en el río Urubú o una caminata al Bertha´s
Lake, o a Jane´s House con un refrescante baño en su bella
piscina natural o paseos ecológicos a diferentes lugares de la
selva conociendo todas las bondades que Gaia ha derramado sobre este
privilegiado rincón de nuestro planeta: árboles que producen
látex, otros que producen leche de contenido y sabor similar
a la animal, plantas para tratar múltiples enfermedades, infinita
variedad de frutas y almendras tropicales, etc. Para culminar no podemos
dejar de pasar una noche en medio de la selva durmiendo en una primitiva
pero cómoda choza indígena.
Cuando desnudos comenzamos a internarnos en la selva sentimos que un
pájaro lejano canta con desesperación, pareciera querer
alertar a todas las criaturas de la espesura sobre nuestra presencia.
En ese momento sentimos como si la vida misma se hubiese detenido, solo
oímos nuestros pies descalzos sobre la húmeda hojarasca
y nuestra respiración agitada por la emoción. Pasado un
rato, cuando la desnudez de nuestro cuerpo y nuestra actitud calmada
irradian su energía positiva sobre el ambiente, la selva misma
parece revivir y entonces escuchamos todo el alegre bullicio de sus
habitantes, los cuales por nuestra actitud pacifica nos han aceptado
como criaturas propias del lugar a quienes deben respetar mas no temer.
Como dice nuestro amigo Pablo Fernández, presidente de la Fundación
Gaia en Argentina: "la experiencia de Amazonat nos marca profundamente".
Es algo indescriptible, es la oportunidad de sentirse como fue en el
principio el ser humano, es sentir al mismo tiempo la pequeñez
y la grandeza de ser hombre y parte del universo.
Lucas Restrepo
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