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Conversación
con Haro Tecglen y Vázquez Montalbán
Coordinada por Óscar Fontrodona
y José Ribas
Ajoblanco, enero 1993
Reproducimos una conversación
entre Haro Tecglen y Vázquez Montalbán, de Enero de
1993. Desde el principio hasta su adiós,
Vázquez Montalbán ha sido todo un ejemplo de coherencia
intelectual y humana. Haro Tecglen (el niño republicano) con
su pluma nos contagia de su lucidez juvenil y revolucionaria, es otro
ejemplo a tener en cuenta en estos tiempos que corren.
Como
nos sugirió nuestro compañero de www.elrecreo.com "una
fascinante conversación entre Eduardo Haro Tecglen y Manuel
Vázquez Montalbán. EL ABC DE LA IZQUIERDA. IMPRESCINDIBLE.
Tómate un café, relájate y disfruta con la lectura".
JOSÉ RIBAS: Hay
desaliento. Se empieza a poner en cuestión que la democracia
no es lo que enuncia, y no sólo en España, sino en general.
Hay una crisis de los valores democráticos. Los gobiernos y
los políticos mandan prácticamente por decreto, aceptando
las pautas de un gobierno invisible mundial, para que los intereses
del mercado priven por encima de todo. Mientras, la sociedad civil
tiende cada vez más a la decadencia por falta de creatividad
y exceso de individualismo, lo que conlleva un absentismo frente a
lo social. Europa, que parecía la nueva panacea, también
ha entrado en crisis. Puede surgir un nuevo fascismo o autoritarismo.
Tenemos el problema del racismo y la inmigración. En este contexto,
¿qué ha pasado con el marxismo cuando el mercado se
ha convertido en la ideología única, y el sistema liberal
es incapaz de generar renovación, creatividad y emoción,
fuera del economicismo?
HARO TECGLEN: El
marxismo sigue siendo tan válido, dentro de un contexto histórico,
como otras ideas. Lo que pasa es que se anidó en un país
donde se desarrolló mal. (Nada se desarrolla en la forma que
han previsto los libros ni las teorías. Nada en el mundo).
Además siempre ha tenido enfrente "Santas Alianzas",
desde la época del Manifiesto Comunista. Son ciento y pico
de años de guerra contra el marxismo, que finalmente la ha
perdido.
VÁZQUEZ MONTALBÁN: El
marxismo ha definido una contradicción entre Capital y Trabajo.
Mejor: no la define; se la encuentra. Desde la época del socialismo
utópico, la Revolución Francesa y el saint-simonismo,
ya es evidente que se están creando unas condiciones de enorme
terrorismo social entre una clase emergente y dominante, la burguesía,
que ha sustituido al Viejo Orden, y un nuevo subalterno histórico:
el proletariado producido por la Revolución Industrial. La
dialéctica tampoco se la inventa el marxismo; es algo observable.
Y eso, los que mejor lo saben, son los empresarios cuando negocian
un convenio colectivo. Comienza entonces una larga historia, en la
cual el nuevo poder dominante, la burguesía, produce nuevas
técnicas de defender el poder. Por ejemplo practica, a lo largo
del XIX, la prohibición de que el antagonista se organice.
Prohibe que el movimiento obrero monte sindicatos, partidos y diarios
propios. Una prohibición que llega hasta que ha cobrado tal
envergadura que es preferible que los tengan y sean propios, para
poder integrarlos dentro de un sistema de permisividad y tolerancia
liberal.
Nacen entonces una serie de expectativas. La
revolución social, el internacionalismo... Los diagnosticadores
de la cuestión Capital-Trabajo se dan cuenta de que, sobre
todo para el análisis del imperialismo, el juego ya no puede
ser nacional. Y cuando la revolución soviética estalla,
los planteamientos iniciales de Lenin y Trotski son internacionalistas.
La prueba es que montan una "Internacional", y fracasa,
como fracasa la Internacional Espartaquista. Eso provoca que la revolución
soviética se va cerrando en las tesis estalinistas de "Patria
y Socialismo": hace falta defender la patria como un bastión
fundamental. Eso crea una serie de metafísicas negativas. Por
ejemplo: Estado de clase, Partido único. Y, sobre todo, la
desaparición de la pluralidad interna. A la larga, la imposibilidad
de exportar la revolución genera un ensimismamiento del hecho
revolucionario.
Hoy asistimos a una descripción de la
historia que es surrealista. La capacidad de crueldad del capilalismo
reprimiendo el movimiento obrero, fuera del signo que fuera, anarquista,
socialista, bolchevique, sobre todo después del estallido de
la Revolución de Octubre, fue acojonante. Era un mal ejemplo
histórico, con una capacidad de contagio internacional. Y le
colocaron bloques. No hablemos ya de la Guerra Civil en la propia
URSS. ¿Quién gobierna en Alemania cuando le pegan un
culatazo a Rosa Luxemburgo y la matan? El presidente de gobierno,
¿quién es? Ebert, un socialdemócrata. Y además
el que ha dado nombre a una fundación que ha ayudado mucho
a la constitución del PSOE. La lucha de clases internacional,
a partir de la aparición de la Unión Soviética,
existe.
Pero toda la riqueza creativa, ideológica,
que la Revolución de Octubre lleva en sí misma, la bloquea
la defensa del Sistema: el Estalinismo. A veces me ha dejado perplejo
cómo hay un decreto de Unificación Estética del
Estalinismo, cuando suprime las asociaciones de arquitectos, de escritores,
y las unifica. El Estalinismo decreta la desaparición, no ya
de la pluralidad liberal, sino de la pluralidad bolchevique. De ahí
nace una malformación. Hay una malformación socialista:
la malformación estalinista soviética.
Tampoco hay que ignorar la presión externa.
Toda la economía soviética se orienta hacia la producción
de una tecnología de guerra. Que luego resulte que a un bloque
de poder le interese esa coartada para perpetuarse como tal, y no
abrir el Estado, es una cuestión que se puede debatir. Pero
que me digan ahora que eso es un fracaso total del socialismo, y que
significa que el capitalismo es el único sistema posible, eso
sí que no lo acepto.
ÓSCAR FONTRODONA: Los
dirigentes bolcheviques de primera hora, Lunacharski, Kolontái,
Bujarin, el propio Trotski... conforman un buen plantel de intelectuales.
Luego se degenera en una especie de partidos de acción institucional,
que tú has llamado el "idiota orgánico colectivo".
VÁZQUEZ MONTALBÁN:
Sí, pensando en el PSUC y en el PCE. Esa
primera hornada de intelectuales bolcheviques es deslumbrante. Hay
un momento en que le preguntan a Trotski: "¿Dónde
está el Goethe de la revolución?". Y él
contesta: "En el Comité Ejecutivo". Y no se equivocaba.
Cuando llega la segundu hornada, se cargan a la primera, porque piensan
que es pequeño-burguesa.
HARO TECGLEN: Inevitablemente.
VÁZQUEZ MONTALBÁN:
Inevitablemente, o no. Si la lucha entre Trotski,
Bujarin y Stalin, la hubiera ganado por ejemplo un elemento equilibrador,
Bujarin, ¿qué habría pasado?
HARO TECGLEN: Es
que no podía pasar. Intentaron anegar a esos inlelectuales,
por la ambigüedad que entrañaban, que es la lógica
en una revolución que empieza, pero que es contraproducente
para una situación en la que empieza a proclamarse elcomunismo
de guerra civil, que ya no tiene nada que ver con el comunismo de
Marx.
VÁZQUEZ MONTALBÁN:
Empieza a funcionar entonces lo que yo llamo
una torpeza metafísica. El propio Trotski llega un momento
en que se plantea la cuestión de la pluralidad. Y él
dice: es imposible pensar, ni siquiera en una sociedad de dictadura
de clase, sin pluralidad. En cambio, el estalinismo significa, para
él, la liquidación de la pluralidad.
La revolución se autolegitima porque
emancipa a clases populares. Pero lo que viene después es la
constitución de una nueva clase. Y ahí es donde empieza
a fastidiarse el invento, que termina en Yeltsin y Gorbachov, el yuppismo
revolucionario. Entonces, te planteas: ¿Cómo puede defenderse
una revolución de su propia capacidad de anquilosamiento?
HARO TECGLEN: Las
revoluciones son así. La Revolución Francesa termina
en Mitterrand. La mexicana, en la dictadura del PRI.
VÁZQUEZ MONTALBÁN: Con
estas cosas, me dejas fuera de juego. Porque cuando Mitterrand estaba
acompañado de Régis Debray, pensaba, bueno, mira. Pero
cuando hace viajes acompañado de Bernard-Henry Lévy,
eso ya me parece la Revolución Francesa bonsai. Lo que tenemos
que admitir es que los avances históricos son avances diluidos,
no totales. Nos han educado en una aspiración de urgencia de
resultados condenada al fracaso; en una especie de paraísos
terrestres o celestes inexistentes. Hemos de asumir que los ritmos
históricos son lentísimos, dispersos, contradictorios,
con flujos y reflujos. Aceptarlo implica casi volver a empezar de
nuevo.
1- NUEVO ORDEN SOLIDARIO O CANIBALISMO
ÓSCAR FONTRODONA: La
actual expansión universal del mercado capitalista no sólo
se ensaña con la crueldad habitual en el expolio del "Tercer
Mundo", sino que incluso dentro de las democracias industrializadas
es incapaz de asegurar la subsistencia de parte de la población.
¿Nos sirve Marx para luchar contra esta injusticia palpable?
VÁZQUEZ MONTALBÁN:
Marx y el marxismo son dos cosas diferentes.
Marx no es un profeta. Es un constatador. Constata una situación
determinada, y le pone un lenguaje de su contemporaneidad. Al parecer
la izquierda tiene que pedir perdón por seguir constatando
que existe la lucha de clases. Marx no decretó cómo
debía resolverse. Marx constata el desorden en el siglo XIX.
Y nuestra obligación es constatarlo en el siglo XX, a punto
de ser siglo XXI. El desorden, ¿cómo se constata? Marx
tampoco parte de una superestructura mental. Parte de hechos reales:
huelgas concretas, la lucha contra el maquinismo, o el papel de la
relación precio-salario-ganancia. El desorden hoy, desde una
perspectiva no marxista, ¿cómo puede constatarse? Un
ecologista, ¿cómo lo constata? Contempla un río,
y ve que está sucio.¿Quién lo ha hecho? Una empresa
que está aquí arriba. El ecologista que no tiene una
visión universalista de la cuestión, dice: "Voy
a negociar con el tío de la fábrica, y le voy a decir,
oiga, ha puesto el río perdido". "No; ya pago las
multas que me manda el gobierno por ensuciar el río".
"Es que es un problema que no es de usted; es cósmico".
"Mire usted. O cierro la fábrica, o contamino el río".
Entonces, ya te planteas que aquí hay un problema superior.
Un modelo de crecimiento y conservación de la naturaleza. Un
modelo de crecimiento y supervivencia. Luego no hay que volver a Marx
para darte cuenta de que hay una irracionalidad de un sistema de acumulación
que conduce a la destrucción. ¿Cómo construyes
esto ideológicamente? Pues retomas un discurso marxista de
crítica del capitalismo, o si eso no está de moda, nos
inventaremos otro lenguaje para llamar a las cosas por su nombre.
Pero sigue respondiendo al mismo desorden: una relación de
dominación que conduce a una irracionalidad acumulativa, que
no tiene elementos correctivos suficientes para convertirse en racionalidad.
Al contrario: cuanto más tiempo se instala en la irracionalidad,
más acumula. Ni se plantea siquiera la supervivencia de sus
hijos, de sus nietos. Nada.
Si lo planteas desde una perspectiva de desarrollo
desigual, que es un término marxista que ahora se llama relaciones
Norte-Sur, o centro-periferia. ¿Por qué los marroquíes
atraviesan el estrecho en esta dirección, y no nosotros en
dirección a Marruecos? Aquí pasa algo. ¿Cómo
se soluciona? ¿Con la Guardia Civil? ¿Con una Batalla
de Lepanto, como la Guerra del Golfo, cada cinco años? Ese
es un lujo que Europa, evidentemente, no puede permitirse. Porque
a los bárbaros, cuando les planteas una guerra directa, los
puedes parar. En cuanto la guerra es por supervivencia económica,
los bárbaros acaban metiéndose en tu territorio. Por
tanto, este problema requiere un nuevo equilibrio internacional. Un
nuevo orden económico y político mundial. ¿Cómo
se resuelve sin pérdida de la capacidad de acumulación
del sistema capitalista, del Norte en relación con el Sur?
¿Qué formación política va a plantear
eso de una manera descarada? ¿Van a llegar los socialistas
y van a decir: "Para que ustedes no se horroricen cada noche
cuando conectan el noticiario y ven los niños de Somalia muriéndose
de hambre, aprétense más el cinturón: no por
la reconversión industrial, sino porque hay que repartir la
capacidad de producción, de consumo y de acumulación"?
Estamos ante una situación de cinismo
colectivo internacional. Que no es peor que el anterior. Porque antes
funcionaba una doble-doble verdad. La doble verdad del Sistema, y
la doble verdad del Socialismo Real. La URSS había llegado
a un grado de parálisis interior tan tremendo que no servía
para nada como punto de referencia emancipatorio. Lo más que
servía era para parar los pies, de vez en cuando, al capitalismo,
pero cada vez en condiciones peores, en la medida en que aumentaba
el cerco y la presión armamentista. Cuando llegó la
caída del Muro de Berlín, quizá cometí
la ingenuidad de saludar la caída como un hecho positivo. Sigo
considerando que lo es. Lo que ocurre es que luego ha habido una invasión
de mensajes de una desfachatez neo-liberal impresionante. Y en el
caso de España, además, avalada por la formación
política de izquierda dominante. El principal pregonero del
triunfo del capitalismo ha sido Felipe González. Nadie ha hecho
más por la inculcación de que el capitalismo es inevitable
que él. El PSOE ha jugado una carta que se volverá contra
ellos como un boomerang. Han pensado: "Han caído los comunistas.
Es nuestra hora de hegemonía". ¿Pero qué
presentáis como hegemonía?" Si tenéis una
II lnternacional que es un hospicio de gente impresentable, y no tenéis
ninguna ideología de cambio. Os habéis organizado en
función de la Guerra Fría. No tenéis siquiera
una estrategia universalista de emancipación. Lo más
que hacíais es, con lo que les sobraba a los suecos, montar
grupos de resistencia en Nicaragua. Eso es pura beneficencia histórica.
El gran problema está en que la izquierda actual no tiene instrumentos
de respuesta para reorganizar su conciencia en función de las
consecuencias, insisto, estimulantes, de la caída del Muro
de Berlín.
ÓSCAR FONTRODONA: ¿Qué
coartada política le queda a la socialdemocracia ahora que
estalla la larvada crisis del Estado del Bienestar?
VÁZQUEZ MONTALBÁN: No
le queda ninguna. A mí me parece cómico que resuciten
la momia Popper a estas alturas. Que la beatifiquen. Que beatifiquen
a Popper y a Samaranch en la misma hornada. Existe toda una corriente
de pensamiento crítico de lo que ha significado la Escuela
de Chicago, el reaganismo, el thatcherismo, que se da cuenta de que
eso sólo ha servido para acentuar la división dentro
del propio Norte, y la división Norte-Sur. Una de dos: o de
una manera ya drástica, el Norte se convierte en un Imperio
hegemónico, armado hasta los dientes, construye una línea
Maginot en torno a las costas, dispuesto a masacrar al Sur en cuanto
se mueva... Al lado de las otras, la sociedad española aún
tiene una memoria histórica de resistencia. Por eso de vez
en cuando funciona la campaña contra la OTAN, o la huelga del
14 de diciembre. Pero en sociedades democráticas cansadas,
como la italiana o la francesa... En Italia ya se impone el cinismo
del Norte contra el Sur como una ideología descarada. Las Ligas
Lombardas, ¿qué son? racismo económico. El Norte
rico frente al Sur pobre.
O esto, o se da un paso adelante en la construcción
de una cultura solidaria, de izquierda, difícil, condenada
a perder electoralmente, y condenada a imponer una racionalidad de
la supervivencia. Que Europa se plantee ser solidaria con el norte
de África y con el África negra no es beneficencia.
Es que ahí ya va la propia vida. ¿Qué quiere
decir nuevo orden internacional? Repartir, en una nueva división
del trabajo. Crear riqueza donde no la hay. Bajar niveles de acumulación
donde los hay.
HARO TECGLEN: Pero
es que eso es imposible.
VÁZQUEZ MONTALBÁN:
Es imposible pero llegará un momento en
que no habrá más narices.
HARO TECGLEN: ¿Cómo?
VÁZQUEZ MONTALBÁN:
Si es imposible moriremos matando. Para defender
mi televisor tendré que ponerme delante de la puerta de mi
casa matando marroquíes.
HARO TECGLEN: ¿No
lo has visto en Los Ángeles? Esas escenas delante de la tienda
de televisores. Con la pistola en la mano, defendiendo el televisor.
VÁZQUEZ MONTALBÁN: Llegará
el diagnóstico de que el mundo necesita una racionalidad universal,
basada en la supervivencia ecológica, en un equilibrio económico
y la lucha contra una desigualdad que conduce al canibalismo social.
Pero aquí funciona una maldición que no es marxista,
sino de Lewis Carroll: las palabras tienen dueño. De la palabra
comunismo se ha apoderado el Estalinismo. ¿Quién sale
ahora con esa palabra a la calle?
ÓSCAR FONTRODONA: Se
ha hecho el triple salto: no hay que volver a Marx. Luego certificamos
la muerte del marxismo. Luego no hay lugar para un pensamiento crítico.
VÁZQUEZ MONTALBÁN:
Ha sido así. Pero Eduardo, que constate
la desfachatez de la ofensiva neo-liberal. Salen diciendo: "Hemos
ganado al equipo colorado", como en la canción navarra.
Pero, ¿dónde están las bazas del triunfo de la
sociedad "abierta", capitalista?
HARO TECGLEN: En
este momento se está agotando ese conservadurismo. Bush ha
perdido. Thatcher ha caído. Mitterrand se agota. En España
el conservadurismo del gobierno está perdiendo enteros. Pero
creo que no hay respuesta posible. Clinton es lo mismo que Bush porque
no va a cambiar la realidad. Podrá haber una mayor libertad
de costumbres. El otro día colectivos gays y de lesbianas decían:
"Hombre, con Clinton, esto no va a estar perseguido". Pues
sí, pues muy bien. Y probablemente habrá una mejora
de la situación racial, a partir de ahora. Pero es igual. El
problema de consunción de esa sociedad está en marcha.
Aquí no sé que alternativa hay. ¿Un gobierno
de derechas en Francia, más "liberal" en el sentido
clásico que Mitterand? En Inglaterra puede haber un renacimiento
del laborismo. Vuelvo a decir que en realidad va a dar lo mismo. Aquí
no veo alternativa ninguna.
2- LOS PACTOS DE LA TRANSICIÓN: PSOE
Y PCE HAN ARRASADO LA CULTURA Y LA CONCIENCIA
JOSÉ RIBAS: ¿Por
qué crees que se ha quemado la alternativa aquí?
HARO TECGLEN: Aquí
la izquierda ha girado siempre, casi exclusivamente, en torno a la
idea del partido comunista. Un partido que se quemó en España
mucho antes que en la Unión Soviética. A partir de los
Pactos de la Moncloa, donde Carrillo y el partido legitiman un régimen
que no era legitimable, y dejan de estar en la oposición. Como
luego se ha encontrado con un gobierno aparentemente de izquierdas,
una parte de la izquierda se ha acumulado a ese poder, se ha instalado
y convertido en su aparato. Y defiende su televisor con una pistola
en la mano, con la guardia civil o la policía. En Algeciras
o en Ensidesa. Ahora los mineros. ¿Por qué mantener
una industria en pérdidas? En pérdidas, porque este
sistema se ha venido abajo en Europa. Y porque defendemos una Comunidad
Económica Europea, que empezó siendo curiosamente la
Comunidad del Carbón y del Acero, y que está destruyendo
el carbón y el acero. Ahora al Capital no les interesa ese
tipo de economía y les da igual perder cincuenta mil puestos
de trabajo.
VÁZQUEZ MONTALBÁN:
La política que ha desempeñado
el PSOE no es evidentemente una política de izquierdas. A mí
me sorprende muchísimo una declaración como la de Felipe
González en la plaza de Las Ventas, cuando dice que un gobierno
socialista tiene que distinguir entre lo que quiere y lo que puede
hacer. Pero si la izquierda parte, para su ejecutoria histórica,
de la creación de cultura, que fundamentalmente es creación
de conciencia, ese principio...
HARO TECGLEN: Es
lo que se llamaba en el antiguo régimen el "arte de lo
posible".
VÁZQUEZ MONTALBÁN:
Es que ni siquiera responde al principio weberiano
de lo posible y lo imposible. Porque Weber aún llega a insinuar,
en el 17 o 18, que para conseguir lo posible hay que pedir lo imposible.
Aquí hay una crisis cultural tremenda. Porque, de hecho, el
socialismo democrático se construyó en función
de la Guerra Fría. Desaparece ésta, al menos como hecho
evidente, han pasado unos cuantos años, y no ha habido una
sustitución de cultura socialista.
HARO TECGLEN: Al
revés.
VÁZQUEZ MONTALBÁN:
Al revés. No saben qué hacer políticamente
con el sistema. Se dedican a una política aglutinante, de arrasamiento
no sólo de los tópicos de la izquierda, sino de los
valores culturales de izquierdas. No han dejado ni uno vivo. Y luego
aún se quejan de la incapacidad de reacción crítica
de la sociedad española.
La izquierda real debe dedicarse a reconstruir
una conciencia crítica internacionalista y solidaria. A dar
más papel a los movimientos sociales que a las formaciones
políticas convencionales. O al menos darles el papel de agentes
activos de la vanguardia social crítica en relación
con las instituciones. Se ha demostrado que las instituciones de la
democracia formal, o se activan por la presión del movimiento
social, o como elementos transformadores no sirven para nada. Ya no
estamos hablando de juegos con capitalismo de carácter nacional.
Estamos hablando de multinacionales. La idea del internacionalismo,
que ya estaba clara en el primer momento de la construcción
del movimiento obrero, es una idea cada vez más urgente. Y
además ya no es movimiento obrero la palabra que hay que utilizar.
Nos falta una palabra nueva, que necesita agentes políticos
inexistentes hoy día.
ÓSCAR FONTRODONA: En el descabezamiento
y aniquilación de los movimientos de acción social jugó
un papel destacado el partido comunista.
VÁZQUEZ MONTALBÁN: Total.
A partir de los Pactos de la Moncloa.
ÓSCAR FONTRODONA: Haro
apuntaba el problema de la Transición como fracaso de la izquierda.
¿Era necesario llegar tan lejos en esos Pactos? ¿Por
qué no se hizo un seguimiento de las mejoras sociales comprometidas,
que luego no se produjeron? De las dos vías de acción
social, partidos parlamentarios y movimientos sociales, ¿cómo
se optó únicamente por la primera y se hizo desaparecer
la segunda?
HARO TECGLEN: Había
un error fundamental de información en el partido comunista.
Carrillo ya me decía en París, en el año 53:
"El año que viene estamos en Madrid". "Santiago,
me parece que yo sí, pero tú, desde luego, no vas a
estar en Madrid". Y me contestó: "Tú no tienes
la información que tenemos nosotros". Progresivamente
fueron apartados los elementos que dudaban, algunos porque habían
estado en Gijón, como Jorge [Semprún] y Fernando [Claudín],
que estaban en mi casa el famoso día de la Huelga que no ocurrió.
Yo desperté a Fernando por la mañana y le dije: "Fernando,
¿oyes esos golpes? Son los obreros trabajando". Y llegó
un momento en que, en las vísperas larguísimas, infinitas,
de la muerte de Franco, la dirección del partido de verdad
creía que aquí iba a haber un levantamiento popular.
Se lo he oído decir en Madrid a personajes que vivían
aquí. ¿Cómo es posible que pueda creerse nadie
eso? No pasó, evidentemente. Entonces, Santiago y la dirección
del partido decidieron de verdad que se había perdido todo,
y que entonces ya no había más que el Pacto. No entendieron
que debieron ser un núcleo de oposición. Sino que ya
habían perdido.
VÁZQUEZ MONTALBÁN:
Partían de un complejo histórico.
Asumieron el papel de los malos de la historia: "Hemos de demostrar
que somos personas civilizadas y que podemos ser aceptados en los
mejores salones". Pero la gente que nos habíamos hecho
comunistas aquí dentro era otro rollo. Nos metíamos
en el partido porque los demás eran impresentables. Los socialistas
no existían. Los demócrata-cristianos eran cuatro y
pactistas con el gobierno. La famosa derecha democrática que
ahora está reivindicando que siempre fue antifranquista, porque
pobre gente, no pudo hacer nada... El único partido que estaba
manteniendo sistemáticamente una oposición organizada
de infiltración social eran los comunistas.
O si no, la vía ácrata. Un día,
Manuel Sacristán, en una época en que yo pensaba que
me estaba promocionando, y en realidad me estaba observando ideológicamente,
me habló de la muerte del maqui libertario Quico Sabater. Quico
Sabater llegó un momento en que se encontró tan solo
que pidió ayuda al partido comunista para poder cruzar la frontera.
Cuando estaban negociando si se le ayudaba o no, le mató el
somatén.
Pero uno venía a decir: desde la época
de Seguí, el noi del sucre, estamos padeciendo que esta gente
tan cojonuda no acabe de entrar en la racionalidad de la historia
y tal y cual. Pero, ¿qué ibas a hacer? ¿Te ponías
a pegar cuatro tiros de vez en cuando a un Guardia Civil, como los
grupos de acción directa de los anarquistas? En aquel momento
no existía siquiera una alternativa nacionalista agresiva;
de aquellos nacionalistas catalanes más vale no hablar de qué
hacían. Cuando en la Universidad decían: "Mira,
aquél es el nacionalista"... Ese era el panorama.
Si jugamos la carta del partido comunista en
aquella época fue porque era un instrumento de acción
contra la Dictadura. Y eso significa más la construcción
de un frente político y cultural plural, que la construcción
de un partido. Entonces te encontrabas con lo que explicaba Haro.
Recuerdo que en una reunión, en las afueras de Hospitalet,
me viene una camarada del exterior a pedirme colaboraciones en Radio
España Independiente (yo tenía veintiún años,
o veintidós). Y me dice: "¿Cómo está
la situación aquí dentro?". Le digo: "Muy
mal. Acabamos de convocar una huelga de tranvías y nunca he
visto tanta gente en un tranvía". "Camarada -me responde-.
No te das cuenta de la realidad que te está rodeando. Tenemos
tanta gente que podemos colocar Barcelona en estado de sitio".
De pronto me vino una imagen: Barcelona, en estado de sitio. Y le
dije: "Bueno y después ¿qué?". Porque
por el contexto era impensable que pudiera ocurrir. Y en segundo lugar,
las consecuencias políticas, ¿adónde iban? Esta
subjetividad ha funcionado como elemento de análisis de la
principal fuerza de oposición al franquismo. Por eso no me
extraña nada todos los errores que han cometido.
Pero la gente piensa: si los comunistas hubieran
querido, no habría existido la Transición. Pues no es
verdad. El partido comunista hubiera podido jugar una carta de oposición
testimonial, dura, de crecimiento dentro de la resistencia, durante
un período determinado. Pero no tenía efectivos para
la ruptura. Esos efectivos los había falsificado el propio
Carrillo, la propia dirección. Hubo un momento en que la consigna
era: "Reconciliación nacional". Y de repente, llega
un comunicado de Carrillo en una reunión de célula (porque
se había enterado que Ridruejo había ido a la embajada
americana a pactar una salida sin comunistas) donde nos dice: "Como
la burguesía pacte con el Régimen a espaldas de los
comunistas, volveremos a la guerrilla". Y yo empecé a
mirar a mis compañeros de célula, y a pensar: "¿Quién
coño se va a ir a la guerrilla?". Esa subjetividad ha
operado. De ella nacen errores de análisis que son, para un
partido que teóricamente significa el grado sumo de la adquisición
de la racionalidad histórica, gravísimos.
ÓSCAR FONTRODONA:
Pero este partido comunista, que durante la primera mitad de los setenta
se quiere de frente amplio y culturalmente diverso, ¿por qué
en un momento dado adopta una posición lineal, y acepta las
condiciones impuestas por el aparato del franquismo e incluso las
maquilla?
VAZQUEZ MONTALBÁN:
Hay lo que se llama "el proceso de homogeneización",
que es un eufemismo en el que insiste Carrillo. Él quería
un 30% como el PC italiano. Un partido de contrapunto histórico,
con un partido de derecha hegemónico. Recuerdo una reunión
de la Conferencia Nacional en Pamplona, que es la primera elección
que pierde Carrillo desde que tenía catorce años. Irritado
por haber perdido, dice: "No podemos esperar diez años
a tener un 30%". Imagínate; y entonces tenía un
doce. A esta idea de partida, sacrifica absolutamente toda la estrategia
del partido en los años posteriores. Llega incluso a pactar
con UCD a espaldas del PSOE. Y mientras tanto, está luchando
por una homogeneización en cuatro o cinco bandos. En el PSUC,
al que detesta por una mentalidad centralista y porque el PSUC ha
sacado un 18% y él sólo un doce, juega la carta de la
división, basándose en los euro-comunistas. En Madrid,
él sabe que los euro-comunistas le prestan una imagen social
presentable, pero que no puede prescindir de Ignacio Gallego y todo
ese sector, y juega a la ambigüedad. Y de pronto, decide que
ha de homogeneizar el partido. Para conseguir dar una batalla por
la mayoría social, en función del euro-comunismo. Y
fijáos que Carrillo, la única vez en su vida que se
ha encerrado para teorizar, sale después con un estudio sobre
el euro-comunismo. Que ahora forma parte de la historia de la obsolescencia.
Es una ruina contemporánea ideológica. Él tiene
el esquema italiano. Piensa: saldremos a la sociedad, y les diremos:
"Ya no somos leninistas". Y la sociedad dirá: ¡Qué
bien! "La bandera ya no es la republicana. Es la de la monarquía".
¡Cojonudo! "Me presenta en un acto público, en el
Club Siglo XXI, Fraga Iribarne". ¡Hombre, por fin eres
una persona! Etcétera. Piensa que eso lo normaliza socialmente.
Pero no es así. Simplemente, la lógica del comportamiento
electoral y político va por otro lado. Y una sociedad como
la española está dominada por una nueva mesocracia,
para-democrática, para-neoliberal, mayoritaria. E incluso sectores
que han jugado la carta de la ultra-izquierda, procedentes del sector
social dominante, hacen el viaje de vuelta. Si en este país
escribiéramos la historia de los hijos de la burguesía
que han sido marxistas y leninistas, y que han vuelto a la casa del
padre, apoderándose del lenguaje del antagonista, y convirtiéndose
en socios de la Patronal, terminamos un libro maravilloso. Carrillo
no registra la realidad. Hay una frase de un poeta catalán,
Gabriel Ferrater, aplicada a un marxista, que dice: "Aquest,
no registra en realitat". Lo cual, para un partido comunista
es lo más dramático que le puede ocurrir: perder la
capacidad de metabolizar la realidad. Porque en teoría, la
función de estos partidos era aprender realidad, metabolizarla
y emitir un análisis de cambio con respecto a esta realidad.
Como intelectual orgánico, se produce el fracaso y aparece
el "idiota orgánico colectivo".
HARO TECGLEN:
A mí lo que más me preocupa es que con este partido
desaparece una izquierda. Yo me acuerdo de una conversación
contigo en Barcelona, hace muchísimos años, cuando el
problema de Triunfo y de La Calle. Yo te pedí que te quedaras
con nosotros. En medio de esa conversación te dije: "Y
tú, ¿por qué sigues siendo comunista?".
Y me contestaste: "Por el militante de base". A mí
esto me conmovió, y sobre todo me demostró tu bondad
natural. Pero hoy ya no hay militante de base.
VÁZQUEZ MONTALBÁN:
Hoy ya sólo queda un militante de base al que le pegarías
una serie de patadas en los huevos que no lo dejarías vivo.
Ya es el puro inaguantable, el terco, los esencialistas.
3- REBELIÓN DE LOS VOTANTES
Y CRISIS DE MODELO
HARO TECGLEN: Con
el militante ha desaparecido la idea del redentorismo, que tanto cultivamos.
Todo ese pensamiento de izquierdas se ha aglutinudo en torno al partido
comunista simplemente porque era lo que nos parecía más
eficaz. O tú, porque creías en el marxismo como ciencia.
VÁZQUEZ MONTALBÁN:
No. Yo creía en el marxismo como un diagnóstico histórico.
La perspectiva del materialismo dialéctico nunca la tuve clara.
La del materialismo histórico, sí. Pero la cuestión
hoy es otra. Cuando quieres reconstruir un colectivo humano capaz
de actuar socialmente, no hay más cera que la que arde. En
un mundo prolífico como el actual, que se mueve por imágenes,
por publicidad y propaganda, una acción de la izquierda necesita
gente dispuesta a regalar tiempo. A reunirse, a ser activista. ¿Cuánta
gente queda de ésta? Pues casi toda yo la encuentro todavía
entre los comunistas. O entre los colectivos de la nueva izquierda,
ecologistas, feministas, etcétera. Los colectivcos de izquierda
generosa, dispuesta a jugar todavía una parte de su tiempo,
y convertirlo en un tiempo no productivo. Las culturas radicales de
la izquierda son la base sobre la cual se puede reconstruir algo.
JOSÉ RIBAS:
Entonces, Izquierda Unida ¿crees que no tiene nada que hacer?
VÁZQUEZ MONTALBÁN:
Tiene un claro problema original, que ya puse por escrito en
Bandera. Les utilicé la metáfora de Robinson. Robinson
naufraga, llega a la playa y se encuentra con que el barco ha quedado
destrozado en un peñasco cercano. Empieza a sacar tablones
y se construye una barraca. Y sobrevive. Una Izquierda Unida que sea
recoger los restos del naufragio y hacerse una barraca, para mí
no tiene ningún interés. Ahora, si Izquierda Unida realmente
entiende lo que significa reconstruir una reacción de izquierda,
con la cera que arde, y se amplía suficientemente... Por desgracia
descubres que en su comportamiento funcionan los tics culturales de
partido con voluntad hegemónica, de relaciones mayorías-minorías,
que responden a antiguas pautas culturales de partido comunista. O
superan eso, o es la autodestrucción.
JOSÉ RIBAS: ¿Y cómo
crees que Izquierda Unida puede jugar el papel de esa nueva izquierda,
o crear esa conciencia que la haga posible?
VÁZQUEZ MONTALBÁN:
Con más gente nueva. Más izquierda nueva, sin una memoria
histórica maleada, y en cambio con gran claridad de ideas sobre
la cultura del desorden contemporáneo. Y que desbordasen todos
los restos de vieja cultura de aparato. Esa es la clave para que sea
realmente una formación política de nueva base.
JOSÉ RIBAS: O sea, más
un movimiento de agitación social.
VÁZQUEZ MONTALBÁN: Forzosamente.
El juego de partidos de gobierno y partidos de combate sigue siendo
un juego válido. Nos movemos dentro de unos marcos de democracia
formal que no se pueden desperdiciar, pero que tampoco se pueden tener
por exclusivos. Una formación política de izquierda
ha de luchar por movimientos sociales que presionen una transformación.
En el simple juego de las instituciones democráticas, la transformación
no está garantizada. Y el ritmo de la transformación
va ralentizado por un filibusterismo político constante. La
presión social es un instrumento histórico legitimado.
Una de dos, o caes en la presión agitatoria, revolucionaria,
desesperada, que a veces genera más sufrimiento del que soluciona,
o llegas a un cálculo: tienes que practicar una doble política,
una acción institucional y una acción social conectada.
ÓSCAR FONTRODONA: Puede
ser útil, paradójicamente, como revulsivo, más
allá de la retórica propagandística del triunfo
del capitalismo, la caída del otro modelo de dominio, del referente
soviético. Sin la coartada del enemigo, y con un solo tipo
de dominio, el triunfante, ya estamos en condiciones de hacer la crítica
de nuestro sistema político. En los últimos meses ha
estallado una primera rebelión de los votantes contra los partidos
de masas hegemónicos. Se vuelven palpables los límites
de nuestra democracia: soberanía popular retórica, ceremonia
del voto, partitocracia, regla de la mayoría (que en realidad
es una minoría). Sobre la mesa se plantea la cuestión
de la legitimidad y alcance de nuestra democracia.
VÁZQUEZ MONTALBÁN:
El hundimiento del modelo soviético significa que queda como
vencedor, aparentemente, el otro modelo. Pero curiosamente aparece
la crisis interna, cultural y material, del nuestro. Un modelo basado
en una economía de guerra, de agresión al otro sistema,
que en estos momentos no saben como reconvertir. ¿Qué
hacen con toda una organización tecnológica e industrial
ligada a una presión a la Unión Soviética? ¿Cómo
lo reconvierten sin crear un grave trastorno de carácter laboral
y económico? ¿Van a plantearse cínicamente guerras
regionales para poder dar salida a ese tipo de producción y
renovar el utillaje y la investigación tecnológica ligada
a una industria de guerra? De hecho, la Guerra del Golfo estaba anunciada
por el Pentágono desde hace cuatro o cinco años. No
hacía falta leer revistas comunistas. Bastaba leer Le Monde
Diplomatique. Desaparecido el antagonista, desaparecen elementos de
aglutinamiento de carácter estratégico y cultural. Empiezan
a producirse unas quiebras en el sistema. La ruptura del equilibrio
europeo (la Unión Soviética coge a sus huérfanos,
los deja en la puerta del orfelinato de la Europa de los Doce, y a
ver qué hacen con ellos) provoca unos trastornos tremendos.
Y el sistema que se plantea como una panacea de solución de
los problemas universales empieza a enseñar su verdadero rostro:
solución para un 60% de la población de los países
estables. A costa de una marginalidad con distintos grados de gravedad
del 40% restante. Se impone una sociedad de los dos tercios. Pero,
¿dónde es eso? En un pedacito del mundo. El resto es
sistema capitalista también, condenados a régimen de
monocultivo. ¿Dónde les fijan el precio?
HARO TECGLEN: El resto es el que
subvenciona el sistema capitalista.
VÁZQUEZ MONTALBÁN:
Cuando quieren saltarse ese régimen de monocultivo y entrar
en una batalla por una división del trabajo diferente, no tienen
sitio. Incluso cuando el propio sistema detecta que lo que ha sido
la base de su riqueza, la industria siderúrgica, o la minería,
ya no es rentable, se la lleva al Tercer Mundo. A base de una reconversión
industrial dentro del propio sistema, que no está en condiciones
de poder absorber esa mano de obra sobrante. Supuestamente, la racionalidad
del mercado lo que destruye por un lado, lo construye por otro. Eso
es mentira. Es el argumento que utiliza Aranzadi estos días
para decir: "Que no vengan a molestar con marchas sobre Madrid".
En Asturias, toda la operación de desertización industrial
y minera tiene como única alternativa el montaje de una fábrica
de la Thyssen, en la cual caben cuarenta trabajadores. Cada vez más,
en cuanto ha desaparecido la coartada del antagonista, todo eso aparece
con toda su crudeza. Lo que queda en primer plano es algo que no me
esperaba. Una reacción de intelectuales orgánicos al
servicio del sistema, que en nombre del daño que ha hecho al
mundo el mesianismo marxista, condenan todo tipo de propuestas que
propongan utopías o que recuperen la memoria. Cuando ellos
están actuando desde el más absoluto mesianismo. Porque
nos están condenando a la dictadura del presente, a la destrucción
de lo que significa la memoria y un proyecto alternativo. Y esta ofensiva
la estamos viendo en España a través de todos los medios
de comunicación.
JOSÉ RIBAS: Hablemos del
papel de estos Medios. La opinión pública adquiere su
conocimiento a través de medios de domesticación de
masas.
HARO TECGLEN: Forman parte del
sistema. Luego meten a personas como yo, un hombre excéntrico,
para ilustrar que no es eso.
VÁZQUEZ MONTALBÁN:
El sistema busca un referente social privilegiado, al que yo llamaría
el "Gran Hermano". Una vez que ha desaparecido el "Gran
Hermano" de Orwell, el referente privilegiado es el supuesto
ciudadano céntrico, centrista y centrado. En el nombre del
cual se ofrece todo: programas electorales mayoritarios, líneas
editoriales de medios de comunicación, las rebajas de El Corte
Inglés... Es el mismo gran consumidor. Todo lo demás
son ruidos sociales, flecos de gente que no se encuentra conectada
con la mayoría por problemas de muy diversa índole.
Muchas veces no es gente que esté en la indigencia; al contrario.
Se trata de un cálculo: una sociedad puede perfectamente legitimarse
mientras funcione la alianza entre los dos tercios dominantes, instalados
y emergentes. Y los sumergidos, como no hay ninguna posibilidad de
vertebración, ni de que se sientan integrados dentro de un
movimiento de réplica y de alternativa, esta sociedad los puede
digerir perfectamente.
El problema de esta sociedad surge cuando se plantean, por ejemplo,
las relaciones Norte-Sur, de religiones, en proximidades geográficas
como las de Estados Unidos con México, o Europa con Marruecos.
O cuando empiece a haber problemas de competencia por los mercados
entre bloques. Porque ahora quedan enfrentados tres bloques capitalistas
con voluntad de hegemonía, y un cuarto que se está gestando.
Porque cuando la CEI, o como se llame, acabe siendo un bloque capitalista,
a ver qué le van a dar. Va a parecerse a los pobres alemanes
cuando construyen el Imperio a final del siglo XIX, que no les toca
reparto, y que tienen que armar tres guerras para buscar un sitio
en el mundo: la prusiana del 70, la del 14 y la del 39. Ante eso,
la izquierda tiene una obligación de encontrar un discurso
propio y una genuina estrategia internacionalista. Y el partido socialista,
que es el que está mejor instalado, para mi sorpresa, después
del Muro de Berlín, sigue encerrado en un discurso ensimismado.
4- DE LA DENUNCIA DEL DESORDEN A LA DESINTOXICACIÓN
ANARQUISTA
JOSÉ RIBAS:
¿Cómo veis el resurgir de los nacionalismos?
HARO TECGLEN: Yo
he sido siempre de formación antinacionalista. No lo puedo
ver de otra manera. No siento el nacionalismo español. Me parece
un error.
VÁZQUEZ MONTALBÁN:
Yo, como Lenin, distingo entre dos tipos de nacionalisimo: el oprimido
y el opresor. En estos momentos la propuesta del nacionalismo, ligada
a la nueva propuesta de religiosidad, parte de la crisis de ideas
internacionalistas, a la cual están jugando las jerarquías
religiosas, que tienen muy claro el discurso. A ellas los Estados
no les interesan. Es una superestructura que no les ha beneficiado,
salvo que hayan llegado a pactos con ella. Las naciones, en cambio,
están ligadas a una vivencia natural, placentaria. Al nacionalista
la Iglesia le dice: "Es verdad. Tu patria es tu universo inmediato,
tu memoria, tu lengua. Y no te preocupes de lo que es universalista,
porque yo tengo la solución". Toda la religión
aparece con ese discurso ecuménico. Por lo tanto, no me extraña
nada que detrás de operaciones de carácter nacionalista
radical aparezca la Iglesia. Es un discurso que recoge la herencia
de la destrucción del Estado. Yo también estoy en contra
del Estado jacobino, para lo que ha servido. No ha resuelto el problema
supremo de la eticidad, la aplicación de la razón a
las normas de la conducta social. Ha revelado constantemente su condición
de Estado de clase. Pero, una vez cuestionado ese papel del Estado,
la racionalidad conduce a un retorno ilustrado, a una visión
universalista. Si los nacionalismos pierden de vista esta perspectiva,
se convierten rápidamente en un discurso reaccionario.
ÓSCAR FONTRODONA: ¿Qué
es ser de izquierdas hoy? Tú, Haro, te reconoces como resistente,
formando parte de una especie de cultura de la negación.
HARO TECGLEN: Como rojo, sí.
Yo soy hijo del Frente Popular, la agrupación del 36 de las
izquierdas, de librepensadores, republicanos históricos, y
de una situación de guerra civil. Hoy, ¿qué puedo
hacer? No tener la fe de Manolo, evidentemente, que defiende las posiciones
de ese pueblo por venir. Yo no puedo ya tenerla. Yo soy inconsistente.
En esta inconsistencia, y en mi edad avanzada, lo único que
creo que yo puedo hacer es denunciar qué es este gobierno,
desmontar ciertas cosas para que se vean de alguna forma. Explico
que esto no vale. Y que entonces habría que buscar otra cosa.
¿Qué otra cosa? Pues esto lo dejo para los más
jóvenes.
VÁZQUEZ MONTALBÁN:
Pero, ¿de qué fe estás hablando? Me parece que
he intentado hacer lo mismo. Partíamos de ideas absolutas,
de paraísos imaginarios o referenciales. Y hemos de volver
a la comprobación del desorden a partir de lo más inmediato.
Yo llamo desorden a lo que ellos llaman orden. Por ejemplo, las realidades
macroeconómicas. Hay que desertizar Asturias para que en estos
momentos funcione la macroeconomía española. Pues eso
no es lógico. ¿Qué hay que hacer? ¿Despoblar
a esa región? La han condenado a no poder vivir: la leche no
es competitiva, la minería tampoco; ni la siderurgia. ¿Qué
van a hacer los asturianos? Esta gente sólo tiene la salida
de la emigración. O una asistencia social vejatoria, que va
a crear unas condiciones culturales que no se parecen en nada a las
raíces tradicionales. Denunciar eso, que es algo que está
al lado, significa llegar a la causa última. Es espléndido
que Eduardo, a partir de su sección de televisión, del
análisis de lo que más aliena, lo pueda convertir en
un elemento de desorientación. Descodifica el código
del antagonista. Y la gente no está acostumbrada a descodificarlo.
Una asignatura obligatoria para los niños sería aprender
a leer televisión. Y lo primero que tienen que aprender es
quién es el dueño. Que ahora es casi imposible. Porque,
por la noche, mientras estás dormido, te ha comprado un banquero
diferente.
ÓSCAR FONTRODONA: Esos medios
de formación de masas, constituyentes de consenso social en
la Guerra del Golfo se evidencian brutalmente como lo que son: puros
aparatos de propaganda. Una encuesta en Francia, realizada después
de la Guerra, puso de relieve que muy pocos franceses seguían
otorgando credibilidad a la televisión. Por otra parte, ¿qué
adhesión del "pueblo soberano" tienen los partidos
que siguen copando parlamentos? Si contamos la abstención,
el PSOE lleva ya varios años con menos del 5% de votantes entre
los jóvenes de Madrid. La sociedad más dinámica
les da la espalda, por lo cual orientan su propaganda hacia los sectores
culturalmente más empobrecidos, con tebeos. El descontento
social existe, pero está disgregado. ¿Qué hacer?
VÁZQUEZ MONTALBÁN:
Yo a esta disgregación le tengo mucho miedo, porque no hay
ninguna izquierda que esté en condiciones de reconducirla.
Al contrario. Lo que está apareciendo en Europa son elementos
que se aprovechan de la disgregación y del descrédito
de la función política para crear una nueva derecha.
Me da pavor, porque el sistema tiene una inteligencia que le ha permitido
históricamente períodos de extinción que le han
servido para recuperar la hegemonía. Cuando se da cuenta de
que por los caminos habituales de la democracia formal no la puede
garantizar, no vacila en recurrir al fascismo, al nazismo. Ahora no
puede volver a inventarse eso, porque es invendible como producto
político, pero se inventará otras cosas. Las Ligas Lombardas,
donde en principio había elementos incluso positivos (crítica
de un Estado corrupto, de la doble verdad) acaban siendo de hecho
la conformación de una ideología de Norte contra Sur.
HARO TECGLEN: No
hay quien domine lo que va a pasar. Está fuera de las manos
de los gobiernos, o los estados o los super-estados. Pero que esto
es inestable lo ves paseando por este país, o viajando. En
todas partes te das cuenta de que la situación es insostenible.
VÁZQUEZ MONTALBÁN: Por
eso siento la necesidad de una articulación y de una cierta
coordinación de lo que podríamos llamar la vanguardia
crítica de la sociedad civil, a través de movimientos
sociales. De hecho, la única garantía que nos puede
quedar en un momento concreto de defensa ante una tentación
involucionista (en un sentido que ya no es el de Tejero), un involucionismo
profundo, es que la vanguardia de una sociedad civil tuviera instrumentos
de propiciar una reacción de carácter social. Y en eso
estamos desnudos. Porque, con todos sus defectos, los únicos
movimientos sociales que han tenido una reacción han sido los
sindicatos; con toda la ganga que lleva eso. Imaginemos este país
en este período, sin la acción de UGT y Comisiones Obreras.
HARO TECGLEN: Sería igual.
VÁZQUEZ MONTALBÁN: ¿Igual?
HARO TECGLEN: Ves que la burguesía,
en Madrid, por la calle, aplaudían a los mineros. Y no sólo
los estudiantes. La gente les aplaudía. Entonces les pregunto:
"Si no son sus intereses, ¿por qué les aplauden?".
Y me contestan: "No han roto nada. Han venido avanzando a su
paso. No han amenazado a nadie. No levantan los puños. No gritan
más que porque quieren su trabajo". Pactan y dialogan
y el ministro como-se-llame dice que va a hablar con la Comunidad,
y a lo mejor arregla un poco las cosas de trabajo. Tengo esa imagen
con relación a otras imágenes. Cada cual lleva un imaginario
dentro.
VÁZQUEZ MONTALBÁN:
Como podéis observar, Eduardo es casi un anarquista.
HARO TECGLEN: No me lo digas con
un sentido despectivo.
VÁZQUEZ MONTALBÁN:
Al contrario. He comentado con Luis Racionero esta mañana que
quizá teníamos la obligación de pasar por una
larguísima etapa de descompresión anarquista. Hay que
cuestionar creencias excesivas, tentaciones de absoluto, paradisíacas.
Un período de descompresión anarquista me parece viable
y utilísimo. Una revisión crítica del poder,
del sistema. Pero lo que el anarquismo no ha generado es una capacidad
de organizar luego eso. Lo cual no sé si sería el principio
del fin. Empiezas a organizar, e igual la escoñas. Pero pasar
por un período largo de duda sistemática, después
de esta intoxicación histórica de soluciones totales,
vengan del capitalismo o del marxismo, no estoy negado a eso.
JOSÉ RIBAS: Lo que genera
el sistema en sí mismo parece una autodestrucción.
VÁZQUEZ MONTALBÁN: Pero
antes había alguien que esperaba heredar los restos. La lectura
socialdemócrata en el fondo es esperar los restos del sistema.
Metámonos dentro del sistema, esperemos que se rompa, y luego
saldremos nosotros... Ya se ha visto que no. Que cuando aceptas el
cargo de realquilado del Estado acabas no pudiendo cambiar ni un tabique.
Ni una cortina. Puedes cambiar el color de las cortinas, eso sí.
Pero los tabiques fundamentales del Estado y del Poder no los cambias.
Al revés. Es el Poder el que te cambia a ti.
JOSÉ RIBAS: La gente que
tiene conciencia de este problema debe hacer una labor que contrarreste
a los medios de comunicación. Alentar a la gente a que te puedes
organizar en movimientos sociales, de base, de lo que quieras. Que
la gente tenga esperanza; no nihilismo.
VÁZQUEZ MONTALBÁN:
En eso estoy bastante de acuerdo. Pero hace tiempo había una
cultura de la generosidad, de la solidaridad, incluso para perder
el tiempo en muchas reuniones, en mucha estupidez. Hoy, para encontrar
un tío que te aguante una reunión de fin de semana para
discutir un problema vecinal, tienes que ir como Diógenes con
una linterna buscando.
JOSÉ RIBAS: Pero esto vuelve.
ÓSCAR FONTRODONA: ¿Por
qué crees que el modelo de expansión universal del capitalismo
tiene asegurada la supervivencia?
HARO TECGLEN: Sobrevive siempre,
desde el principio de los siglos.
ÓSCAR FONTRODONA: Se monta
una guerra contra Irak, entre otras muchas rentabilidades, para que
el conductor pueda seguir llenando el depósito de gasolina
al precio habitual; satisfecho, como dice Galbraith. Pero a lo mejor
la crisis económica en la que estamos desde hace veinte años
va a explotar y el individuo céntrico-centrado no va a poder
seguir consumiendo masivamente.
VÁZQUEZ MONTALBÁN:
Eso es parte del discurso de Clinton. Van a inventarse factores externos
de culpabilidad: la competencia de la industria japonesa, la falta
de credibilidad en el sueño americano. No es el sistema el
que fracasa. Es el antagonista, el enemigo exterior.
HARO TECGLEN: Si los Estados Unidos
se hunden, a mí me da igual que sea Estados Unidos o Japón
o China los que emitan el mensaje capitalista.
VÁZQUEZ MONTALBÁN:
Admitir que es una quiebra del sistema obligaría a tomar conciencia.
El problema de los Estados Unidos es que, siendo el centro de desarrollo
del capitalismo, es el que tiene los mecanismos de autoengaño
y de alienación más fuertes.
HARO TECGLEN: Y el que ha producido
más pobreza.
VÁZQUEZ MONTALBÁN:
Admitir eso significa alcanzar un grado de conciencia imposible. Es
como reconocer que eres alcohólico para poderte curar. Lo último
que reconocerá el norteamericano es que es unimperialista.
El sistema sobrevive en función de irse adaptando a una nueva
realidad, creando nuevos tipos de crueldad, nuevas relaciones de dominación,
nuevas divisiones del trabajo. Si llega un momento en que le es más
barato, y puede acumular más, trasladará la industria
textil de Europa al Sudeste Asiático; con la siderurgia lo
mismo.
HARO TECGLEN: Y ahora entra en
un terreno inmenso, el de China y la ex-Unión Soviética,
nuevo para el capitalismo, que puede usar maravillosamente.
VÁZQUEZ MONTALBÁN:
Sí, pero eso está creando factores incontrolables.
Porque el sistema, o se basa en un control de la relación oferta-demanda
(y los Mercados Comunes se construyen para eso), o llega un momento
en que se entra en la más pura irracionalidad. De hecho ya
hay acuerdos internacionales para impedir agresiones entre bloques,
entre Japón, Estados Unidos y Europa. Un cuarto bloque puede
ser la CEI. Pero imagínate un mundo futuro en que China se
convierte en una potencia capitalista exportadora, en lucha por los
mercados. ¿Qué va a pasar?
HARO TECGLEN: Otra guerra. Yo lo
que imagino es que los Estados Unidos se van a China. Quiero decir
que los americanos se quedan allí, pero el sistema capitalista
entero se traslada a China y a la Unión Soviética.
ÓSCAR FONTRODONA: En Occidente,
las diferentes variantes del mito del Progreso cada vez cuestan más
de vender. En los referenda de la "construcción europea",
ha costado Dios y ayuda obtener unos porcentajes de adhesión
raquíticos, a pesar de apoyarse en todo el establishment, como
en Dinamarca.
VÁZQUEZ MONTALBÁN:
La idea de progreso ya hace tiempo que está en crisis. La idea
de crecimiento continuo, tanto de los bienes materiales como del espíritu,
es una idea en regresión. La prueba es, en el terreno del espíritu,
la crisis de lo que se considera vanguardia. Y en el de lo material,
ha llegado un momento en que se ha comprobado que crecer puede equivaler
a morir. Y que cualquier modelo de crecimiento material se ha de condicionar
a lo que puede soportar la naturaleza. Y eso, que es un principio
obvio, ni siquiera está asumido por un 0,001% del establishment.
Tenemos un establishment criminal, que sigue jugando a un desarrollismo
sin contar con los resultados de destrucción del ecosistema.
ÓSCAR FONTRODONA:
Hasta ahora había funcionado bien ideológicamente la
ecuación: crecimiento material igual a vivir mejor. Para las
generaciones más jóvenes quizá ya no esté
tan claro. Surge la pregunta: ¿Qué quiere decir "vivir
mejor"?
VÁZQUEZ MONTALBÁN:
La reproducción del modelo de los padres en los hijos, basado
en un crecimiento continuo (el padre ha llegado al SEAT Toledo, y
la obligación de un hijo es aspirar al coche de importación)
a lo mejor se ha roto. Sólo podrán acceder a eso una
escasísima minoría social, muy instalada, y con una
capacidad de acumulación y un montón de bienes incontrolable.
El discurso electoral de Clinton me dejó muy impresionado.
Se basa ya en el pesimismo de la capacidad de crecimiento continuo
del sistema. Él vende ahí que eso es culpa de los otros.
Pero es culpa del propio sistema. ¿Qué política
económica va a aplicar él que corrija el sistema hasta
el punto de garantizar el sueño americano del crecimiento continuo?
Eso ya no lo soluciona nadie.
HARO TECGLEN: Pero él es
posterior al sueño americano. Y no fue a la Guerra del Vietnam,
y lo dice.
VÁZQUEZ MONTALBÁN: Es
necesaria una batalla cultural, condenada quizá al fracaso,
pero que es lo único que vale la pena: la reconstrucción
de esa racionalidad universal basada en una idea cualitativa de lo
que es crecimiento y progreso. De lo contrario estamos condenados
al canibalismo y a una civilización de Mad Max, que creo que
puede instalarse perfectamente en nuestra sociedad. Corrígeme.
HARO TECGLEN: No. Me parece muy
bien. Lo que pasa es que tenemos dos funciones distintas. Yo voy explicando
lo mal que está todo, y tú vas construyendo el mundo
futuro.
VÁZQUEZ MONTALBÁN: Yo coincido contigo en que
me baso más en lo mal que está todo. Lo que pasa es
que perdiste la guerra civil mucho antes que yo, y no lo has superado.
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