|
El Palabro
|
| Año V. / | |||||
|
Una mujer en Berlín "Buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar y darle espacio." Las Ciudades Invisibles, Italo Calvino Berlín tiene un sentido especial, muy importante para un servidor; por eso he leído de un tirón el libro aquí reseñado. Un día entero me ha bastado para quedarme helado y constatar que seguimos siendo unos brutos, unos energúmenos a pesar de vestir traje y corbata, cenar en restaurantes donde hay de todo menos alimentos, a la par que lucimos aparentes y superficiales "buenos modales", sin olvidar que podemos viajar en un Mercedes y navegar vertiginosamente por las procelosas y turbulentas aguas de Internet... No hay palabras para describir el alto grado de violencia permanente (soterrada o visible) que hay en el ser humano, independientemente de las circunstancias y las "culturas". No se puede esgrimir excusa alguna para justificar que la adversidad o la derrota pueda o deba ser el motor de una epidemia de maldad general. Si la cultura no nos hace realmente solidarios, reflexivos y creadores de redes de apoyo igualitarias y fraternales, es que realmente somos una plaga, unos seres aberrantes y destinados a la autodestrucción, a romper y manchar todo lo que tocamos, todo lo que vemos... Lo peor y realmente lamentable es constatar la enorme y permanente incapacidad para reconocer, con la debida humildad y contundencia, la existencia de un comportamiento mezquino y sistemático, respaldado de una forma clara y visible por la gran mayoría de todos los que nos llamamos humanos. "Una mujer en Berlín" es un inventario detallado, exacto y despiadado de la gran miseria y maldad calculada que hay, que vive en cualquier hombre, independientemente de ser adicto a las victorias o hijo de las derrotas. También es una lección extraordinaria del valor y dignidad de las mujeres, "abandonadas" por sus compañeros, novios, maridos, padres... Lo terrible y condenable es que gran parte de los alemanes siguen escondiendo y negando su responsabilidad intelectual y material en los nefastos y terribles hechos y en las causas que provocaron la II Guerra Mundial. El progreso tecnológico y el gran bienestar económico no puede ocultar la responsabilidad criminal de unos hombres, de todo el pueblo alemán que no hizo nada, absolutamente nada para detener y acabar con la barbarie en todas sus manifestaciones, en todas sus expresiones... Lo triste es que ahora pasa igual con otras cuestiones nada baladís y son muy pocos los que alzan su voz para denunciar la mentira, la injusticia... ¿Hablamos de la precariedad laboral, de la falta de equipamientos sociales, asistenciales, educativos, culturales, recreativos, lúdicos en muchos barrios de Valencia ciudad? Eso también es violencia. Eso también es terrorismo, pues evita que los ciudadanos puedan vivir bien, vivir con unos mínimos de dignidad. En España no se cumple la Constitución y el acceso a la vivienda sigue siendo un lujo al alcance de unos pocos privilegiados. Un 10 por ciento vive en la gloria, mientras el resto se tiene que arrastrar por el lodo o vivir atenazados por la ansiedad, el temor a terminar en la cola del paro... No se potencia ni promueven las viviendas de alquiler a precios razonables y ajustados a la realidad. No se crea empleo estable, pues el trabajo creado en los últimos años no deja de ser un espejismo (pan para hoy, hambre para mañana), dado que está sujeto a los vaivenes de un mercado tan temporal como es el de la construcción o el turismo de geriátrico que ya tenemos instalado en la costa española... Se ha vendido la ilusión falsa de que tener una hipoteca es ser "clase media", permaneciendo a salvo de la cutrez y de los problemas que concede la pobreza... Señoras y señores, por favor: ser un asalariado es igual que ser un obrero. Han cambiado aparentemente los "trabajos", han cambiado los nombres, pero seguimos sumergidos en las mismas servidumbres y miserias que los obreros de los años 60. Seguimos igual de explotados y engañados y no importa ser o no coetáneos de los obreros, amigos y compañeros de luchas de los pensadores y activistas Carlos Marx y Bakunin. Tenemos una clase política y unos ciudadanos sumidos y chapoteando, gozosa y placenteramente, en la más abyecta de las irresponsabilidades y estupideces. Tenemos una sociedad repleta de cínicos bien satisfechos y dispuestos a negar la realidad aunque la mierda les llegue al cuello. El hombre cobarde y miserable, el ciudadano autista y pusilánime descrito en "Una mujer en Berlín" es vecino y compañero nuestro. No lo dude nunca. Ese ser violento, brutal, cínico, dispuesto a ofrecer a su mujer, a su madre, a su hermana, a su hija a cualquier canalla a cambio de unas monedas es usted mismo. No lo dude nunca. Ese canalla toma todos los días café y trabaja a nuestro lado, aceptando y consintiendo todos los atropellos y mentiras que nos venden los intoxicadores, los "violadores" oficiales, esos que redactan leyes y venden acciones en sus amplios despachos... El monstruo y la estupidez viajan dentro de nosotros, en todo tiempo y lugar. Tenemos remedios paliativos de gran eficacia, pero hace falta dedicar tiempo y aprender a pensar, aprender a sentir, aceptando y reconociendo nuestras virtudes y defectos... LQSomos. Antonio Marín Segovia. Septiembre de 2007 |