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Año V. /

 

Huellas de la memoria
La memoria de Günter Grass

La reciente aparición en castellano y catalán de Pelando la cebolla, el último libro de Günter Grass, proporciona una buena ocasión para reavivar la controversia en torno a su pasado y reflexionar acerca del uso que el octogenario escritor ha hecho de sus recuerdos. El autor alemán más galardonado: Premios Nobel y Principe de Asturias entre otros, nos ofrece un relato autobiográfico peculiar, una confesión literaria donde reconoce y explica su pertenencia a las Wafen-SS cuando contaba 17 años y el Tercer Reich agonizaba. El pasado nazi de Grass, autor de novelas tan notables como: Eltambor de hojalata (1959) o Años de perro (1963) y de ensayos como Es cuento largo (1995) o Mi siglo (1999), suscitó en la presentación alemana del libro un sonoro escándalo promovido por un titular en primera plana del Frankfurter Allgemeine sobre el asunto.

 El historiador Joachim Fest afirmó, al conocer la noticia, que “no le compraría un coche usado”; numerosas voces clamaron por que fuera desposeído de títulos y honores, pese a que Klaus Wagenbach, su ex editor, afirmó que no era la primera vez que éste confesaba su juvenil actividad. Efectivamente, el escritor le contó en el verano de 1963 sus avatares en un regimiento de blindados de las SS entre enero y abril de 1945. Grass se defiende hoy, un tanto desmoralizado, pero a cara de perro:“Para disculpar al joven y por lo tanto a mí, no se puede decir siquiera: ‘¡Es que nos sedujeron!’. No, nos dejamos, me dejé seducir”. Pero los hechos son tozudos y este joven de origen humilde, influido por una educación primaria y secundaria muy castrenses no tardó en apuntarse a las Juventudes Hitlerianas y al nazismo. “Creyente hasta el fin” confiesa: “veía a la Patria amenazada, al estar rodeada de enemigos”; convencido por la propaganda antipolaca en su Danzing natal (hoy Gdansk), “todas las acciones alemanas me parecieron legítimas como represalias”. Recuerda los noticiarios
de actualidad de su adolescencia en los que: “… nuestra Legión Cóndor ayudaba a España, con las armas más modernas, a librarse del Peligro Rojo. En el patio del recreo, escribe, jugábamos al ‘Alcázar de Toledo’. “Mis compañeros de colegio (…) como yo, querían vivir en peligro…”

Así, pues, no hace falta recurrir al capitulo “de cómo aprendí a conocer el miedo” donde en una de las capas de su memoria-cebolla Grass se interroga sobre su relación con las SS. La pregunta no fue la más adecuada, reconoce hoy a toro muy pasado: ¿Me asustó lo que en aquella oficina de reclutamiento no se podía pasar por alto, lo mismo que todavía hoy, después de 60 años, me resulta horrible esa doble S …?” . Y se responde:
“En la piel de la cebolla no hay nada grabado que me permita leer signos de susto, ni mucho menos de espanto…”, “La doble runa de mi uniforme no me resultaba chocante (…) en una guerra defensiva que, según decían salvaría a Occidente de la oleada bolchevique”. El arrepentimiento posterior de Grass parece tan evidente como su talento literario.

 Seguramente –no debo ser malpensado- el joven Grass, a sus 17 años, ignoraba que las SS controlaban las fuerzas de policía, los campos de concentración y la política racial a las ordenes directas de Himmler y el propio Hitler. Eso sería.

LQSomos. José Antonio Vidal Castaño. Julio de 2007
”El Punt del País Valenciá”

Gunter Grass
Berlín, abril de 1945
/Agencias
Una ceremonia patética

Hitler, condecora a miembros de las Juventudes Hitlerianas, donde Grass había militado, que fueron incapaces de responder, en medio del cañoneo, a sus palabras.