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Manifiesto del Surrealismo (1) Arte no es lo mismo que Poesía. Los poetas, pintores, músicos, teatristas, vídeo astas, intelectuales, bailarines no son más dueños ni más hacedores de Cultura que los obreros, los panaderos, los electricistas... La idea de creación Cultural restringida a inteligentes o genios reproduce la separación clasista de la sociedad y la fetichiza. Los talentos individuales, que son innegables, deben explicar históricamente a qué intereses sirven. Estamos sometidos a un modo de producción Cultural oligarca y burocrática porque estamos desorganizados. Hay vicios no poco esnobistas en muchos productores de Cultura envenenados de vanidad que impiden su autoconciencia de trabajadores necesitados de una organización política para una lucha emancipatoria. Se trata de una soberbia indvidualista paralizante y repelente a la crítica y la autocrítica. ¿Podrá cambiarse? Nuestras armas no son distintas a las armas comunes en función revolucionaria. Es decir, el arma no es una representación simbólica de lo que la lucha y el mundo son, sino herramienta de destrucción-construcción bajo la brújula de un programa revolucionario. Tatuado en las armas. Con la poética engendrada por la revolución toda arma es además relato de la gesta gracias a necesidades conscientes y a una imaginación colectiva no alienada. No son panfletos, no son pose y falacia. Las armas de la poesía revolucionaria son relato de una teoría y práctica transformadoras que recuerdan siempre sus objetivos como un reloj histórico que apunta, con sus manecillas, la hora del triunfo. Nuestra revolución poética es violenta e intransigente, de ruptura, de grandes y aguerridos gritos que pronuncian un "no" un "ya basta" un "que se vallan todos" un "proletarios del mundo uníos". Nuestra beligerancia surrealista es vanguardia del espíritu, de la sensibilidad, de la poesía. Comunismo, comuna pues, para congregarse, unirse, participar, comunicarse es insurrección, revolución, revolver, perturbar y sobre todo construir. Revolución permanente. Esta idea de revolución unida a la poesía
no es otra cosa que la poesía al servicio de la revolución.
En el corazón de la revolución reposa el amor, la poesía,
lo maravilloso. La vida no es un fluir lineal predestinado, fluye
en estallidos hacia fuera gracias al amor con su erotismo, por eso
los modos más elevados de comunicación deben ser acción
y reflexión en el pensamiento poético revolucionario.
La revolución, el acto de amor y el acto de poesía no
son incompatibles. La comprensión de esta premisa complementa
toda nuestra táctica y estrategia
mostrar al amor como
una ceremonia (un lenguaje) que no se realiza a espaldas de la sociedad
y que es una necesidad primordial para una vida que se dignifique
en y con la lucha. Lucha en primera y última instancia con
amor revolucionario en un mundo en transición hacia un amor
revolucionario permanente. El amor es en nuestra definición
guerrera, reconocimiento de la revolución en la persona amada,
es la libertad, es ceremonia, purificación y piedra de fundación:
el misterio de la persona libre. La poesía se hace en el lecho
como el amor. Sus sábanas deshechas son la aurora de las cosas.
La poesía se hace en los bosques y en las fábricas,
en las escuelas y en los límites. Debe tener todo el espacio
que necesite. Se hace pasar por poesía la basura decorativa
de artistas dedicados a disfrazar estéticamente la miseria,
y cuyo contacto con la realidad social, se reduce a mover la cola
y hacen gracejetas al patrón que compra obra. Unos hacen monerías
para ganarse becas o presupuestos y otros las hacen porque no les
queda más re,medio, algunos viven amargados por la humillación.
Se hace pasar por poesía el idealismo solipsista más
enfurecidamente nihilista y la obscenidad más impunemente disfrazada
de arte. Se hace pasar por poéticas las farándulas de
los comerciantes mass mediáticos. La burguesía no produce
su "poesía" por ocio. Nadie financia producciones
poéticas inocentemente. La poesía burguesa es parte
de un arsenal de guerra ideológica, puesto a fabricar jabones
para lavar la sangre derramada por una civilización (globalización)
que no encuentra dónde esconder los muertos que ha producido.
No la tienen ni en un santuario sideral extraterrestre
ni en una secta mística desde donde son iluminados. No es táctica
inútil la convocatoria por consignas, tareas y anhelos. En
si la idea de poesía revolucionaria contiene un programa permanente
que debe ser hecho por todos. La poesía misma. Hay que sembrar
un debate donde sea posible interrogar que tan poesía es eso
que, en plena barbarie imperial, conocemos como poesía en los
momentos en la conocemos. Y si en última instancia probara
ser la poesía del atraso convendrá impugnarla y preguntar
por su desarrollo hombro a hombro con las luchas revolucionarias.
Una poesía revolucionaria debe elevarse exponencialmente
sobre el nivel de vida actual, de la cultura media y del tiempo libertado
para asociarse a la construcción del comunismo. Esto incluye
a la burguesía y a lo que de ella quede. Elevarse no significa
desprenderse de la realidad social, enajenarse, ni olvidarse. Implica
la comprensión de una humanidad nueva, de las leyes de su desarrollo,
y la comprensión de todas las antinomias y contradicciones
de la sociedad clasista y de la división social del trabajo.
Implica poner toda capacidad de abstracción al servicio dialéctico
de la concreción y viceversa. "No veo, en realidad, muy
que les pese a algunos revolucionarios de espíritu limitado,
por qué es que habríamos de abstenernos de levantar,
siempre que los encaremos desde el mismo punto de vista que ellos
encaran la Revolución - y nosotros también -, los problemas
del amor, del sueño, de la locura, del arte y de la religión.[...]
nuestro [destino] es dar, como damos, totalmente, sin reservas, nuestra
adhesión al principio del materialismo histórico
"
En cualquier caso las diferencias tienen un polo de atracción importantísimo que pide en el hacer político una sensibilidad de artista y en el hacer poético disciplina militante. Nuestra voz bien puede ser la voz del otro que cohabita bajo el techo doméstico de la miseria desaforada. Nuestra voz bien puede tener armonía distinta, para que se oiga entre el bramido de las bestias, para que sobre ella se balanceen las esperanzas más fértiles y nuevas. No hay, pues, poesía sin ideología como no hay clase social sin producción cultural. Y estamos en guerra. La poesía es expresión del grado de desarrollo social y particular, material y espiritual, de sus productores... su clase. Y es el marco teórico con su práctica lo que fija, para el concepto poesía, como para todo concepto, sus definiciones. No existe la poesía por la poesía misma. Importa mucho hacer y pensar la poesía como
práctica... acción revolucionaria, trabajo, expresión
de la lucha de clases y también como arma. La poesía
contra la barbarie. Se acepte o no. Logremos un acuerdo sobre las condiciones que, desde un punto de vista revolucionario poético faculte al arte, a la ciencia a la poesía toda, a participar en la lucha emancipadora, permaneciendo enteramente libres, en su dominio específico. Sin que libertad implique indiferencia, sin que libertad suponga falta de solidaridad con la lucha obrera y campesina. Acordemos luchar contra quienes consienten que el arte, la ciencia y el pensamiento todo, sean sometidos a disciplinas incompatibles con sus medios, ratifiquemos nuestra voluntad deliberada de atenernos a la fórmula: toda la libertad en arte. Coincidamos en que bajo las condiciones actuales de genocidio, en todas sus formas, la tarea suprema del arte, la ciencia y el pensamiento es participar conciente y activamente en la preparación de la revolución. Acordemos que ni científicos, ni intelectuales, ni aristas pueden servir a la lucha emancipadora a no ser que estén subjetivamente penetrados por la necesidad revolucionaria organizada, social e individual, que traduzca el sentido y drama de la revolución en sus nervios para que procure libremente dar una encarnación artística, científica etc. a su mundo interior y exterior. Coincidamos en no someternos a burocracia o secta alguna . En no aceptar la felicidad por etapas o en un solo país. No esperemos de la burguesía y del estalinismo nada que no sea execrable. Coincidamos en que es necesario organizarnos, que si la organización es, en lo posible, expresión de avance, nuestra situación es francamente atrasada, poco inteligente y acaso miserable. Aunque nos cueste a muchos será necesario someter a crítica atenta ciertos pensamientos nuestros que nos impiden luchar juntos. ¿Queremos, podremos? Seremos capaces de encontrar la poesía Revolucionaria si trabamos un conflicto universal contra la lógica de la miseria. Si nos oponemos a cuanto reduce La poesía revolucionaria a un marco literario o decorativo. Si reunimos fuerzas de sobra para dar fin a toda farsa siniestra, a esta pulsión burguesa delirante y enloquecida que nos explota, a este circo de bestias asesinas. Todo está aún por hacer, lo estará siempre. No hay obra acabada. No se admiten compromisos dubitativos. La historia de la humanidad renacerá de la noche bajo el pico de una cigüeña tartamuda. Es nuestra realidad. Ataremos el viento a los cabellos de la poesía revolucionaria y al plan de los obreros en una batalla de arco-iris extremo donde se apoye todo pie para montar estrellas. Batalla arco-iris en las entrañas del cielo que tomaremos por asalto con el engranaje perfecto de pétalos a caballo galopando la risa de Marx, de Lenin, de Lón y de Federico. Esa será, pues, la dirección flexible del corazón lámpara en el pecho melodioso de la historia que viaja ondulante para vestirnos de cielo sin desmayo y con las llamas de poesía que ilumine la bóveda aeronauta. Quizá para eso debamos podar nuestras pretensiones hasta el límite de las posibilidades actuales, y sea necesario afinar métodos, hacia una producción poética dispuesta a admitir su provisionalidad, aventura y problematicidad contemporáneas. Poesía conciente de sus determinaciones histórico, culturales. Es decir una poesía revolucionaria como luz que busca el ojo hasta que lo encuentra, como balbuceo que busca su lengua astronómica y la encuentra, como luz de idioma magnético. La poesía revolucionaria pastará ensimismada sobre las voces obreras nuevas. Algún día, lo sabremos sin secretos, saldrá un arco-iris como un tranvía, haciendo el amor y del amor saldrá una selva, una flecha, una liebre, una cinta, una catarata, una mirada nueva hoy escondida al fondo del ojo. Cuantos se impongan la misión de construir una pensar y hacer poesía revolucionaria lucharán contra los sacerdotes de la "inteligencia" burguesa, y apuntarán, contra todas las miserias, las armas del marxismo de largo alcance. "Combatimos contra la indiferencia poética, la limitación del arte, la investigación erudita y la especulación pura, bajo todas sus formas, y no queremos tener nada en común con los que pretenden debilitar el espíritu, sean de poca o de mucha importancia". A excepción de raros individuos (...) todos convivimos tranquilamente con nuestras múltiples ignorancias (...) Hasta que alguna necesidad concreta no nos obliga a profundizar en nuestros conocimientos, dejamos tranquilamente que las cosas sigan tal como están. A eso se opone la poesía revolucionaria. A esta hora la poesía revolucionaria construye la dictadura de su luz. Y nos urge organizarnos. Es necesario que se sepa, es necesario que alguien lo diga con voz de mariposa milenaria, profeta de constelaciones, mientras bailamos sobre el azar de la vida y empezamos los años y los siglos nuevos como cascada épica sobre el cielo. Después de tantos siglos y más siglos andará por la tierra la poesía revolucionaria con miríadas de frases proféticas que se convertirán en constelaciones. Como una ruta hacia el horizonte de la revolución ahora luciérnaga-volcán del futuro donde los astros crujirán las entrañas y el cielo cruzará la garganta del poeta que lo toma por asalto. Esta es una lucha de los inconscientes (también). La razón de los inconscientes. Desafiaremos al silencio incluso con blasfemias y gritos hasta que caiga el rayo ansiado de esa alquimia de poesía revolucionaria que nos llevará al otro lado de la periferia consciente e inconsciente Sonora como el fuego de una orquesta de sirenas. Como cuna de todas las lenguas nuevas de donde salga una flecha contra la barbarie higiénica, limpia, entre ruinas de humanos en los mercados plantados de preceptos. Poesía revolucionaria para escuchar la elocuencia de las estrellas y la oratoria del árbol, del alma y la luna almendra. Poesía protesta en gritos oceánicos y araño al destino de los miserables. El eco de voz que hace tronar el caos. Mientras los astros y las olas tengan algo que decir será por boca de la poesía revolucionaria que hablará a los hombres como procesión de instintos que asciende en pos de la verdad a la hora de vivir la libertad como instinto contagioso de campanas con pies de arroyo. Lo posible, mientras tanto sigue siendo extenso y desafiante. También lo imposible. A estas horas el sol tantea el último rincón donde se guarda la poesía revolucionaria. Y nace una selva mágica y sube un canto de mil barcos que llegan. Es hora de despertar en todas partes un sueño que saca al hombre de la tierra para que tome el cielo por asalto. Y lance pájaros con esperanza al amanecer de la bóveda como amor y paciencia de la poesía revolucionaria con que nos frotamos las manos y reímos, nos lavamos los ojos y jugamos. Cada tiempo tendrá insinuación distinta. Todo es posible en este mirar sencillo los subterráneos de la vida, nada será lo mismo. Esta poesía revolucionaria teje ya las noches y las mañanas para que el paisaje se llene de locuras frescas y el trigo vaya y venga de la tierra al cielo, del cielo al mar, buscando las cosquillas de las espigas. Se trata del estado superior de las imágenes... su "álgebra profunda". Su realización purificada y purificante... la alquimia materialista del ser dialéctico. Por causa de heridas que nos atan las alas, la magia poética lima los barrotes y hurta la llave de los sueños encerrados bajo una certeza de raíces en cielo rebelde que no huye de nuestros mares íntimos. La poesía como estrategia de la vida, producción humana monumental que escampa horizontes, revela territorios, expande el deseo. Podemos creerlo, la poesía revolucionaria tiene el mismo poder que los ojos de la amada. Hace pensar en el comienzo del mundo que sigue su órbita concienzudamente. Los verdaderos poemas revolucionarios son incendios cósmicos como el amanecer. Se propagan e iluminan sus consumaciones con estremecimientos de placer o de agonía. Huyen de lo sublime externo. Hablan una lengua de corazones bajo las leyes del sol entre nubes comunicantes y colchones de neblina intermitente. Las llamas de la poesía revolucionaria ven las montañas, los ríos, las selvas, el mar, los barcos, las flores y los caracoles. La noche y el día, eje en que se juntan el gran poeta y su caballo, que come alpiste, calientan su garganta con claros de luna. Por cada gota de poesía revolucionaria la montaña hará suspiros que conocen los secretos de la noche, los martillos y los monederos falsos. Aquél que bebe el vaso caliente de la poesía revolucionaria conoce la ruta de la fatiga, la estela hirviente que dejan los almacenes de recuerdos. La poesía revolucionaria es semejante a una red parpadeante de aerolitos sin testigo, se levanta en el corazón y baja los párpados para hacerse la noche del reposo agrícola. Es cazadora de pájaros sin corazón. Está quizá al extremo de la canción próxima y será como cascada en libertad y rica como línea ecuatorial. Todas las cobardías, las abdicaciones, las traiciones que quepa imaginar no lograrán impedir la erupción descomunal de la poesía revolucionaria . Por eso la fidelidad inquebrantable a las obligaciones que impone exige interés por el riesgo. La poesía revolucionaria vivirá incluso cuando no quede ni uno de aquellos que fueron los primeros en percatarse de sus promesas. Es demasiado tarde ya para que la semilla no germine infinitamente en el campo humano, pese al miedo y a las restantes variedades de hierbas de insensatez que aspiran a dominarlo todo. Si deseamos librarnos de la apatía ante la miseria hay que encuadrar la experiencia de la poesía revolucionaria en todos los frentes donde se libre una lucha real contra la ignorancia. Cada época padece de un mal concreto y la época actual padece de un imperialismo agudo. La dictadura del espíritu. No hay tiempo que perder, para hablar de la poesía revolucionaria como un agricultor que sale de los cruzamientos de la espera, urge una sinceridad nueva contra la miseria . No hay tiempo que perder, todo esto como la letra cae al medio de pájaros anónimos que cantan como el rubí en el cerebro de las mariposas. No hay tiempo que perder, el buque tiene los días contados, se abren las estrellas con sus banderas que estallan de semillas y alguien aprieta los pedales del viento, pasa el rebaño de estrellas en olas nuevas de materia desnuda. La revolución no viene de tan lejos a pesar del odio petrificado como un sombrero. No hay tiempo que perder, nos hablan los horizontes aun imprecisos con su boca de selva montaña y noche. La lengua traza arpegios sobre el camino. Darse prisa, darse prisa. Están listas las semillas y esperan una orden para florecer por su escalera proletaria antes del viaje al cielo. La poesía revolucionaria hace temblar a la licantropía con sus garras viento. No hay tiempo que perder, conocemos el camino sin límites obediente al instinto de los sentidos. En el tapiz del cielo se juega nuestra suerte y urge tomarlo por asalto Un cortejo de horas golpea el futuro, se juega el alma, la suerte vuela todas las mañanas con los ojos llenos de fusiles refugio del cielo. La poesía revolucionaria tiene los pies atados a su estrella propia que plantará continentes sobre los mares. Lo aprovechable sólo lo aprovechable para la vida que preparan los obreros con sus astros sonrientes color mundo y carne. Catarata libertad y río lleno de corazón sobre la tierra pájaro celeste tras los barcos magnéticos de las palabras que tienen sombra de astros. Poemas que tengan fuego de rayos e incendien donde caigan, que no se congelen en la lengua, poesía con imanes para el alma de luz y cascadas lujosas. La poesía revolucionaria será música de espíritu cítara, plantada en el cuerpo que estallará en luminarias dentro del sueño. Poesía revolucionaria mojada en mares no nacidos como un combate de estrellas y veleros que parten a distribuir el alma rebelde por el mundo . Verdaderamente no se puede jugar con la poesía. La función de la poesía revolucionaria consiste en organizar de manera diferente ideas e intuiciones que tenemos medio esbozadas, hacernos ver mejor, hacernos ver "a través de", ponernos en sintonía con nosotros mismos, y con todo lo que nos rodea para organizarnos mejor, luchar mejor, buscar lo mejor en cada acción humana. Las anotaciones personales y los subrayados desde el primer momento deben tener una proyección hacia el futuro, de cara a la revolución. Cuanto más importante es el problema y más densa la problemática de clase, tanto más necesaria la poesía revolucionaria. Hay que trabajar sobre la poesía con la poesía para la revolución en caliente, desde una concepción de clase. El meteoro de la militancia cruza por el cielo como
aviador de estrellas cuidado por la aurora como aeronauta y estrella
errante que los ojos han visto entre los pájaros. Ante la guerra
sin cuartel, debajo de las luces y las ropas colgadas, la tierra y
su cielo cantan en las ramas del cerebro la clave del campo inexplorado.
Hay un espacio despoblado que es preciso poblar con poesía
revolucionaria, con semillas abiertas, juegos y aerolitos de violín
que nos traen el recuerdo del horizonte nuestro. Todos los lenguajes son un instrumento, no un fin.
Sin poesía puede suceder que, si sólo sabemos los lenguajes,
nada tengamos que decir. Hay que estudiar los lenguajes todos mientras
se estudian otras cosas, no en lugar de estudiar. La poesía
revolucionaria se baña en algún piano donde brotan las
palabras como recuerdo de música en el silencio. Nadie impedirá
que La poesía revolucionaria se clave en la eternidad para
alumbramos con fuego la suerte. Y con nuestra carne florezca donde
el aliento se corta para hinchar las campanas de todas las estrellas
sobre los ríos desbordados como hoguera imperativa con olor
de pasión que invadirá al orbe del futuro. La poesía revolucionaria tiene un mirar de
vértigos. Alborada que borda certezas sobre el cielo que tomará
por asalto y del que todos tomaremos tinta sin nombre. Poesía
lengua de obra y lucha que hablaremos para siempre vertiginosos. Belleza
convulsiva que abrirá para siempre esta caja de mil fondos
llamada humanidad. Démonos la unidad, no uniforme,
como flor de manos en acción y muchedumbres de aullidos rebeldes.
Para que los mundos galopen en órbitas sin angustia. Para que
se rompan los candados del cerebro y un huracán de poesía
arrastre la podredumbre. Para que resuene otro violín gutural
acompañando al piano de la revolución. Para que otra
voz embrujadora traiga su gramática olorosa y triunfal como
tempestad ardiente en nuestros cráneos. La poesía revolucionaria está aquí ¿Se escucha? Está detrás del ruido siniestro en los pechos cerrados. Abrirá la puerta del alma con un suspiro de huracán. ¿Acudiremos? No se aceptan sectarios. Estrictamente prohibida la entrada a todo sectarismo. Y la tarea primera sigue siendo contribuir, sin dogmas, con la organización revolucionaria como un telescopio que apunta la cola de un cometa infatigable. No hay puerta de salida sin la revolución y sin su poesía . La unidad producirá grietas al fondo del infortunio, del tiempo y de nosotros mismos por ahí se filtrará, a través de todos los espacios y todas las edades, el viento de la revolución que se enredará en la voz contra esta noche fría de gruta en huesos de miseria. ¿Eso es poco? Desorganizados somos como un barco que se hunde y apaga sus luces en las aguas de la impotencia, mientras, los perros burócratas ladran a las horas que se nos mueren. Acordemos la unidad porque muchos siguen haciendo pasar por "poesía" una impostura decorativa de "artistas" dedicados a disfrazar, estéticamente, la miseria. Mueven la cola, hacen gracejetas al patrón que saca cheques para comprarles, rentarles, exhibirles obra. Siguen haciendo pasar por "poesía" el idealismo solipsista, más enfurecidamente nihilista. Coincidamos en unirnos en un Frente Mundial revolucionario con lugar para disentir y construir. Frente que sea frente y no espaldas de algo o alguien. Frente que no nos diluya, que no nos corporativice. Frente para no dejar de ser lo que pensamos y somos y para dejar de serlo sólo si lo deseamos y acordamos. Frente para ganar, no para que nos ganen. Frente para acompañar la revolución obrera y campesina, no para ilustrarla ni usufructuarla. Frente para la unidad no para la uniformidad. Frente confiable, no rentable. Coincidamos, porque es posible, para lo inmediato y lo mediato. Para lo de hoy y lo de siempre. Por lo legal y por lo legítimo. Por la esperanza y por la panza. Por la dignidad y por la espontaneidad. Por el humor y por el amor. Por el salario y por el ideario. El caso es que una buen día quizá cuando el cansancio y la rabia nos antesalen a la noche, antes de caer dormidos, percibiremos nítidamente articulada, hasta el punto de que resulte imposible cambiar ni un solo elemento, la imagen de una revolución plena, no ajena al sonido de nuestra voz, de cualquier voz, como una frase nueva que llegará hasta nosotros sin llevar en sí el menor rastro de distancia y que, según ciertas revelaciones de la conciencia, nos ocupara el resto de la vida. Esa frase, la frase revolucionaria, parecerá, en un insistente, casi atrevida como el cristal. Aparecerá como un lenguaje nuevo de guerra poética, que no podrá entenderse más que hundiendo sus raíces en el humus revolucionario de los obreros y los campesinos para nacer como una planta nueva siempre. Grabemos rápidamente tal frase en la memoria, y, cuando nos dispongamos a pasar a otro asunto, el carácter orgánico de la frase retendrá nuestra atención. Y entonces poblaremos su vientre con una militancia nueva que se prolongara en la sangre a que responderemos sobre el surco de un arado de luz y ojos enaltecidos. En el examen de la historia no sólo hay que saber, sino que hay que saber de una cierta manera poética. Tiemblen farsantes, uno conoce muy bien sus estrategias. Estamos en pie de guerra con nuestro cielo lleno de estrellas que esperan convertirse en poesía revolucionaria, con salpicaduras de astro que sopla sobre el pecho montañas a altura de los deseos. El entusiasmo intacto. Vivitos y coleando. Nos daremos la vida, desde esta muerte que nos dan y contra ella, si juntamos todas las frases revolucionarias, si las organizamos, aquí y allá, para tomar el cielo por asalto, hoy cercado con balas. "No será el miedo a la locura
lo que nos obligue a bajar las banderas de la imaginación"
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