El Palabro
Los especiales de LQSomos
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Año V. /

 

 

El preciso momento


Debo decir, señora, que ya es tiempo de cambiarnos el trato.

De rozarnos un poco más al saludarnos, digamos, más de cerca,

ausentes que sus hijos y los míos,

esos algo más que indiferentes,

no aprecien ni sospechen que me aferro a

su blusa al decir ‘hola',

y usted sonríe al callar que le ha gustado.



O que aguarda más que una caricia al paso,

al desgaire, ternura pasajera de algún desconocido,

sino un apriete más audaz y sustantivo que le brinde mi mano,

un toque anunciación,

no que le augure el reino de los cielos; ¿para qué tanto?

pero al menos le convoque tibieza debajo de su falda

en mitad del salón, y sin testigos.



Porque usted y yo, señora, en este instante,

defendemos la vida como pocos, al desprender

botones tras la piel intocada de su torso anhelante,

y sus caricias de camisa abierta al vello de mi pecho.



Sí, lo sabemos, somos grandes

si contamos los años y algún nieto,

pero los labios saben recorrer por donde

y diestros son los dedos contra mi cinturón y su corpiño.

Y el clima a desnudez, tan implacable y sin aviso,

ya nos tendió en la cama enteramente.



Si al fin, esto es lo cierto, nuestras bocas y manos comprendieron

que no existe el ‘demasiado tarde'

ni frases ya escuchadas de remontar pasados,

ni secretos perpetuos para siempre y por nada.

La verdad de la especie entró en nosotros,

en todos los sentidos a pleno y sudorosos,

a culminarnos juntos en el gemido mutuo

de este único cuerpo, que es el suyo y el mío

Y acaso sea el momento, mi amor, de empezar a tutearnos…




LQSomos. Eduardo Pérsico. Julio de 2007