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Ráfagas 23 (Morir o morir)
Cómo
un hambriento voraz,
el mar se los traga
y da buena cuenta de sus cuerpos
muertos, pobres muertos,
pobres náufragos de la vida
pobres suicidas forzosos
sin nombre ni identidad.
Magrebís, negros.
Carne maloliente de segunda,
hinchada por el agua y la pobreza,
desahuciada por la esclavitud
por la guerra y por el hambre,
por el tráfico humano y la inmundicia,
por la enfermedad...
Carne con ojos cuyo destino era la muerte
en el mar, o en su propio hogar.
Se estiman en mil trescientos los ahogados
¿y qué?
Mil trescientos menos o mil trescientos más.
en términos de esperanzas, serán menos,
para mil trescientas familias
que las tenían depositadas en ellos
para salir de su suerte negra, miserable y mortecina.
Para nosotros, mil trescientos perecidos más
apenas unos suicidas sin nombre
que arribaban en pateras y los devoró el mar.
Aguas profundas que no piden papeles
a quienes se van a tragar.
Mil trescientos candidatos menos
que no engrosarán la fila de los parias
y de los ilegales,
ni suscitarán polémicas partidistas,
ni gravarán nuestra opulenta,
hipócrita y cocodrílica sociedad
de barrigas llenas y de almas vacías.
¡Qué tranquilidad para los gobiernos
que seguirán con sus discursos
de cooperación y de solidaridad!
Tendremos que soportar, seguramente,
los titulares sensacionalista de unos días,
y con toda probabilidad,
pertubarán nuestras comidas y cenas,
con alguna que otra noticia pasajera,
sobre todo, a aquellos a quienes
todavía tengan algún pedazo de consciencia
viva, despierta...
Para la mayoría, ¡qué más da!
Y, mientras se va engrosando la cifra
de ahogados, de suicidas,
escucharemos discursos de libertad y de progreso
hechos y dichos con palabras.
Falaces.
Huecas.
Negros, magrebís, hombres, mujeres, niñas, niños,
Quimeras de inframundos e infrahumanos.
¡La muerte de los pobres, es siempre tan silente, tan ajena!
LQS Hannah. Marzo de 2006
http://serrizomatico.blogia.com/
Ráfagas de Hannah
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