El Palabro |
| Año V. / | |||||
Textos de de Rodrigo Verdugo Primer anuncio Nos descarna la noche y se nos pegan todos los vuelos Las manos han quedado abiertas para demostrar que los vientos han errado Oyes esa harapienta vibración, si es la nuestra y es mejor ignorarla Somos borrosos para los dioses tanto como ellos lo son para nosotros Vamos vestidos con agujas quemadas, agotamos el primer ojo Para que guardar memoria Si solo hay viento y agua operando en el brote de los seres inviolables Las memorias alzaron la luz como limite primitivo Habrán veces en que nos echen fuego o niebla encima para distinguirnos De eso que hubo entre el cielo y la copa del derrumbe. Nadie ha descubierto nuestra cofradía Porque hablamos un idioma en clave Entre la bruma accidentada y los lechos mancos Llevamos atada a la espalda la quimera investida de cera. Esta mañana se levanto el polvo, atisbo esa continuidad que se asoma al día Un tiempo accesible del que se sale con pies de silbidos Hacia las casas para entrar y salir de ellas Golpear las puertas mientras abren y no es nadie Mientras vuelven a golpear y de nuevo abren y de nuevo no es nadie Pero alguien hace cálculos, sumas y restas con esos golpes y comprueba Que el mensajero fue cubierto por constelaciones marinas y anillos venenosos Y llama a las líneas a advertir Que las manos del cielo se basan en las retenciones El con nosotros hace una sola cadena, esa sola cadena que hacemos Con los ángeles que crecen hacia abajo en retribución a la madera Con las animas genitales que marcan con oxido de zinc sus territorios en los Muros de las cavernas, ahora son distintos los umbrales, Como el agua que se desengaña Un renegado magnetismo nos enmascara, Bañamos las armas en el leproso centelleo El espacio que ocupamos dentro de la noche se vuelve niebla Niebla que codicia la fragmentación del cuerpo. Es mejor ignorar que nuestras raíces se abandonaron a cielos equivocados Que al nacer interrumpimos a esas serpientes Que son las herramientas de la tempestad Es mejor no guardar memoria, todos vivieron bajo una lámpara culpable Lo sumergible del mar primero fue hecho en el cielo Miramos hacia atrás y vemos al fulgor derribar una hilera de días. Es otra la mirada como la del hombre que se mira fijamente en la mujer Y descubre que ha convivido con el relámpago que encamina a la sangre Hacia un camino invisible Con la clave que castiga las piedras Para que la luz se quede a solas con la muerte Descubre que ha agitado pájaros y espejos para que el infierno envejezca Descubre que ha dejado cubierto de brisas El árbol sexual que releva a la muerte Descubre que dos temblores se quedaron para siempre frente a frente. Del libro inédito “Anuncio” CONTINUIDAD Nació de un retrato de niebla Olas inconfesables alumbraron esa voracidad. Los fundamentos del día pasaron a la sangre Las ciudades se quedaron blancas Velaron las mitades de un mismo cuerpo en distintos ataúdes. ENTRE LATITUDES. A Diana Camacho Briceño Se saca el día la envoltura del espacio Quedan encrucijadas, perfiles dibujados en las paredes Tu y yo y nuestro préstamo de cenizas Tu y yo que desentrañamos la noche. Alguien hablaba de nacer o morir Mientras dejábamos un solo murmullo en la formación de las agujas Le dábamos su totalidad al ángel que se quemo los ojos con opio y con semen Éramos los únicos que sabíamos que el centro de la tierra Solo aparece al contacto de una boca. A nuestro alrededor pasaban noches encargadas por las espinas Se daban inagotables los remolinos convidados a los miembros Una venganza de latidos aparentaban las olas. Ahora lo que guardo de ti es un soplo que sobrevive en las costas Siempre advienes con eso que le rapta la noche a la sangre Pero no es lo único La voz del cielo pasa por ti y sin volverse mineral Te deja caer para mis hilos mortales. ANOCHECE. En memoria de Stella Díaz Varin Nos tapamos el rostro con un escombro viudo Pero igual vemos el mar y el cielo: los mismos delirios enraizados Tampoco sabemos que hacer durante el día Salvo tocar la flauta para que se abra la matriz blasfema Donde tu estarás desaprobando ciertas sombras, ciertas llamas O bien perfumándote para que los salvajes Te conduzcan en medio de una tempestad de imanes. Mira como en ninguna casa nos reciben, como nos cierran sus puertas Le temen a tu cabellera porque tiene el designio De esos padres laberínticos que no tuvieron piedad de la luz E hicieron un lecho sobre aberraciones de sal. Vas engrandecida por cenizas lujosas, por armas de hielo Que te rodean en círculos hasta que ninguno de nosotros puede entrar Salvo que tu lo quieras, Salvo que le hagas la señal a la copa y el cielo enrojezca Mientras aquí nos aferramos al polvo jactancioso Nos quedamos fuera de todo linaje, mientras la piel atrapa al día Y una amenaza de cáscara se cierne sobre el mundo. Esos padres laberínticos te están vaciando los ojos Infringiendo lo conocido del agua Quedan escombros viudos al centro de la noche Donde tu estarás viendo a los pájaros alcanzar la angustia del fuego Mientras nosotros vemos que hombres y pájaros Se han quedado para siempre en ello. Te tapas el rostro con una roca cubierta de pelos y te despides La misma que te hace odiarnos, la misma que altera las restauraciones Le otorgas a las lámparas la locura de los cadáveres Pero se la quitas sin decir nada Y resta nada mas ver como son las alas Ahora que ningún abismo le falta a la luz. LQSomos. Rodrigo Verdugo Pizarro. Septiembre de 2007 Nacido en Santiago de Chile. El 9 de enero de 1977. Se inicio en el taller de Poesía "Isla Negra", dirigido por el poeta Edmundo Herrera, desde 1992 a |