El Palabro
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Año V. /

 

 

El señor LABORDETA SUBÍAS:

Señora presidenta,señor presidente, hemos oído esta tarde muchos argumentos en contra de la guerra, que compartimos desde Chunta Aragonesista. Han dicho no a la guerra el Parlamento Europeo y los gobiernos francés y alemán;UNICEF y Médicos sin Fronteras nos recuerdan las dramáticas circunstancias de la posguerra; el Ayuntamientode Zaragoza y las Cortes de Aragón aprueban rechazar el uso de la base aérea para el ataque a Iraq; elmundo del cine, recuperando, por fin, el compromiso social que siempre debería tener la cultura, se lo ha recordado; y se lo han recordado los ciudadanos que están ahí, fuera de este hemiciclo, y los que se han manifestado ya en Oslo, Nueva York o Porto Alegre, así como los que piensan hacerlo el día 15 de febrero o los ciudadanos anónimos que recogen firmas usando elcorreo electrónico por todo el mundo.

También se está globalizando el rechazo de la guerra, y no sólo de la economía. Usted, señor presidente, parece olvidarlos; los ignora. Como usted es amante de la poesía, voy a leer unos fragmentos de un poema escrito por un gran poeta español en los años 50,

Cuando también los clarines de la guerra anunciaban ya el nuevo desastre:
Mataros/Pero dejad tranquilo a ese niño que duerme en una cuna.
// Invadid con vuestro traqueteo/ Los talleres, los navíos, las universidades / Las oficinas espectrales,donde tanta gente languidece. / Triturad toda rosa, hollad al noble pensativo./ Preparad las bombas de fósforoy las nupcias del agua con la / muerte…
// Inundad los periódicos, las radios, los cines, las tribunas, /Pero dejad tranquilo al obrero que fumando un pitillo / Ríe con los amigos en aquel bar de la esquina.
// Asesinaos si así lo deseáis,/ Exterminaos vosotros: los teorizantesde ambas cercas / Que jamás asiréis un fusil de bravura./ Asesinaos pero vosotros, / Los inquisitoriales azuzadoresde la matanza…
// Pero dejad tranquilo a ese niño que duerme en una cuna, / Al campesino que nos suda la harina y el aceite, / Al joven estudiante con su llave de oro, /Al obrero en su ocio ganado fumándose un pitillo / Y al hombre gris que coge los tranvías / Con su gabán roído, a las seis de la tarde.
// Esperan otra cosa. / Los parieron sus madres para vivir con todos / Y entre todos aspiran a vivir- tan solo esto.
// Y de ellos ha de crecer/ Si surge / Una raza de hombres y mujeres con puñales de amor inverosímil hacia otras aventuras más hermosas.

Muchas gracias, señora presidenta. (Prolongados aplausos.)

La señora PRESIDENTA: Muchas gracias, Señor Labordeta.