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Ya vendrán los antropólogos
En tanto la lluvia no aflojara los nocturnos del bar seguirían la
charla. Y cuando el Profe de historia se subió al tren discursivo
dispuesto a contar la muerte de Mariano Moreno en alta mar y ‘fue
necesario tanta agua para apagar tanto fuego', el matricero Vladimiro le
ganó con otro asunto.
- Por el año ‘78, y aprovechando la distracción del Mundial de Fútbol, -
encabezó y siguió que por entonces las fábricas cerraban sus puertas a
destajo ‘porque liquidar la industria argentina ya había empezado y un
sábado de lluvia sollozo buenosaires', - el Vladi solía florearse- contó
que él retocaría dos matrices en una forja que ese mediodía dejaría
veinte tipos sin laburo, y aprovechando la oportunidad llevó su cámara
de fotos. Agregó que por ser un último jornal ese mediodía los
laburantes cobrarían doble y se despedirían del galpón según
corresponde: comiendo un asadazo con ritual pródigo en vino y réquiem
para un lechón.
Ahí Vladimiro se mostró algo serio al decir ‘volver a una fotografía de
hace veinticinco años a veces resulta simpático', y alguien lo sacudió
‘¿y te olvidaste de la matanza que nos hicieron en esos días del '78?',
y él siguió.
- El matricero Vladimir llegó a la hora de morfar – lo saludó el negro
Albornoz. Algunos ya andaban como extrañados por los rincones del
galpón, lavándose en los piletones y sin apuro, acomodando su ropa para
llevarse a casa.y diciendo pocas palabras. .
En el boliche conocían ese relato pero esa noche, con tanta agua y frío
en la calle…..
- ¿Y Albornoz, cuándo salís de vacaciones? – siguió contando el matricero
. - En marzo, Vladi. Los bacanes como yo veraneamos en marzo, con Frank
Sinatra y otra gente amiga.
Ahí Vladimiro discurseó si la resignación de un operario al cocinarse
frente a un horno de mil doscientos grados no sería algo humillante;
aunque más grave sería si el tipo no supiera reírse.
- Todos esperamos que el lechón estuviera a punto y luego aquel ámbito
guardaría los últimos rumores. Pero antes de reinar el atroz silencio de
fábrica vacía, como si actuara una representación final, a pura pinza y
mano de obra exquisita, sí señores, Albornoz martineteó un recorte de
acero al rojo como si amasara un bollo de pizza. Y en diez minutos
entregó para sortear entre nosotros un perfecto gancho de acomodar las
brasas; oficio, artesanía, como se llame… Y dale Albornoz, - aclaró
Vladi que ahí disparó una foto- que en tres mil años te descubrirán los
antropólogos. Sí, y al estudiar tu obra de artesano diestro y el tótem
que modelaste con un cacho de acero a más de mil grados, esos tipos
explicarán tus hábitos y quizá, hasta cierta religión que nunca
practicaste, Albornoz. Por supuesto, varón, también habrá antropólogos
chantas que dirán ‘los metalúrgicos del siglo veinte practicaban una
Dinámica Transicional Coordinada y Proyecciones Globales Totalizadas', o
trabalenguas de ‘Asumida Logística' y demás versos. Esos que inventan
los Licenciados en Animación Productiva y otras pelotudeces, pero sí
Albornoz, los antropólogos pueden ser así, ¿no lo sabías?. Y si hoy
llegaran no se asombrarían de nada, - les guiñó a todos- pero en treinta
siglos esos estudiosos serán ‘deslumbrados por esta civilización y
multitudes de científicos rendirían su merecido homenaje al mejor
forjador en caliente que pisara este planeta'. Escribirán tu nombre,
Albornoz, seguramente dirán ‘laborioso y abnegado padre de familia que
ni el sábado se ponía en pedo'. No te olvides, registrarán infinitos
párrafos y hermosas frases sobre vos, pero el lunes bien temprano,
Albornoz, comprá el diario y salí a buscar laburo antes de morirte de
hambre. Que algún día llegarán los antropólogos, vas a ver...
LQSomos. Eduardo Pérsico Julio de 2007
Narrador y ensayista, nació en Banfield y vive en Lanús, Buenos Aires, Argentina. |