| Año V. / | |||||
|
Ya no hay más reyes como García Acaso no recordaremos qué palabra decidió no seguir viendo fútbol cada sábado y frente a la cancha nos apartamos del gentío. Decir que pronto se largaría la lluvia y señalar dos nubes lejanas, allá arriba, pudieron ser el pretexto. Así que con esa idea nos volvimos unas cuantas veredas sin hablarnos, como si aquel silencio le permitiera voltear una página a la historia. Y mientras ninguno preguntara por dónde ha pasado el tiempo, o hacia qué incertidumbre se irán las horas venideras, los tres nos evitamos otra duda más. Al vernos entrar de vuelta a la casa Hilda, tía de Luciano, dijo algo del arrepentimiento y puso agua a calentar. Ella anda por los cuarenta, es delgada, su cuerpo luce contundente en el buzo de gimnasia y la mirada se vuelve imbatible al recoger su pelo oscuro sobre la nuca. A todos nos trata igual que a buenos sobrinos y para evitar equívocos siempre afirma su condición. Comparte su vida con Sabrina, al menos quince años menor a ella y que cuando aparece, siempre nos distrae la mirada. Por mucho que disimule ser sencillamente hermosa, esa pendeja de verdad está rebuena… Pronto salieron a una marcha de lesbianas en Plaza de Mayo y nos sonrieron reponer lo que tomáramos de la heladera. Sin disimulos, a convicción y leyenda en sus remeras ‘es mi cuerpo y elijo’ o ‘Dios es gay’, enfrentan al decaído machismo santulón y tanguero. Al servimos el primer mate uno apuntó que desde la semana anterior se discutía la reunión entre presidentes sudamericanos en Chile, los discursos calientes pasando alguna factura y un ‘un Rey de verdad’ que por un rato se apropió de toda la escena ordenando a uno ¿por qué no te callas? No agregó más aunque ‘pudo ser un incidente menor pero había un Rey de por medio’, reprodujo algún escriba y entre nosotros, tomando mate, uno se disculpó que de reyes jamás hablaría sin saber quién los elige, donde viven y de qué trabajan. Y que además, en este barrio el único atorrante que se nombrara rey fue su bisabuelo, el loco García, que por 1948 y en la euforia del pleno empleo desbordando los bailes y corsos de carnaval, de puro macho él se ungió ‘Rey Europeo de las Pampas’. Un disfraz novedoso de chaquetón tricolor, largo bonete amarillo sujetado al cuello con unas cintas de tafeta brillosa, que le dieron también para forrar un tarugo de lapacho; bastón de mando; y se calzara unas alpargatas ‘iguales a las del papa’, ornadas con cuatro pompones violetas. Así ataviado y durante tres días y noches, el futuro bisabuelo García recorrió corsos, bailes y bodegones del pueblo creyéndose a cada rato más en serio su disfraz de ‘Rey Europeo de las Pampas’, hasta salir a las puteadas del almacén de Renato y prenderse a garrotazo limpio con el gordo Gómez, frente mismo a la iglesia San Jorge. En la familia se memoró siempre aquella pelea con el vigilante, donde los dos curdas se fajaron de lo lindo y a él lo encerraron sin quitarse el maquillaje ni el uniforme real hasta el miércoles a la tarde. Cuando el comisario del barrio, flor de turro, antes de soltarlo custodió al Rey de las Pampas más brilloso que nunca por la calle principal durante media hora, y en ese tiempo le hizo perder todas las glorias pasadas y futuras al bueno del loco García. Y como sucede con cualquier otro bicho que la juega de Rey sin saber quien lo eligió ni qué laburo digno hace para vivir, el barrio entró a tomarlo en joda. Se dice que sin faltarle el respeto, para qué, a mi futuro bisabuelo cualquiera le cuestionaba si era verdad eso de la sangre azul, por qué se creía esa forrada de ser llamado Su Majestad y si su cerebro le impedía trabajar en una fábrica como cualquier hijo de vecino. Y aunque por más locura que simulara el García no era un estúpido, antes de recalar en un loquero entró a reírse él mismo de sus fantasías delirantes. Como aquello de creerse un tipo superior que reina y manda por voluntad de Dios, más otras cien estupideces gigantes como cualquier palacio real. Donde se dice - no lo vimos- que los relojes hace siglos se detuvieron para siempre. A pesar a pesar de que el tiempo sigue andando y cada tanto nos deja algún aviso. LQSomos. Eduardo Pérsico. Diciembre de 2007 |