Mikel Itulain*. LQSomos. Septiembre 2017

Con el tema del nacionalismo, como en tantas facetas humanas, nos enfrentamos a una contradicción entre lo que se muestra y opina, con lo que realmente se hace y ocurre. Así, si tú ya tienes una nación que defiende tu cultura y la historia de tu cultura, das por asumido que eso es lo normal, que de algún modo de esa forma tiene que ser. No teniendo en cuenta que aunque las cosas sean efectivamente así, podían haber sido de otra forma. Les pongo un ejemplo inesquivable en este caso para el nacionalismo español, el de Portugal. Porque de no haber podido responder con la fuerza militar suficiente a la invasión castellana, hoy los libros de historia y los de escuelas, institutos y universidades nos hablarían de cómo una unidad geográfica, la península ibérica, conducía inevitablemente a una unidad política y linguística. Sin embargo, vemos que la realidad es más compleja y ellos no tienen un rey español, no tienen rey, y hablan portugués. Lo mismo podía haber sido y puede ser para otra cultura de este espacio geográfico.

En la mentalidad de los españoles está muy enraizada la creencia de que algunos nacionalismos, como el vasco o el catalán, son insolidarios, que no buscan la unidad, sino el egoísmo y la separación; sin pararse a pensar que seguramente no sea así, y que lo que quieren sea respeto a su cultura y lengua, sin pedir permiso para usarlas y sin estar continuamente luchando por su pervivencia, pues son diferentes a la que vino de Castilla, y tal vez así decidir ellos su futuro sin que se lo obliguen y dicten otros.

España no ha sido ni es un marco donde abunden las libertades políticas y tampoco la bonanza económica, que se ve en su desastrosa desigualdad social y la pobreza tan extendida y tan históricamente presente. En esa situación y sin expectativas de futuro, seamos sinceros, cualquiera tomaría rumbo propio.
Como comenta Carlos Taibo, que llevó a cabo una recopilación multidisciplinar de numerosos expertos sobre diferentes aspectos del nacionalismo español,1 estos nacionalistas, que no reconocen que lo son, se sienten cómodos porque lo tienen todo preparado a su disposición, pareciendo su postura una neutra y equilibrada, cuando en verdad no lo es.

“…los nacionalismos de Estado, cómodamente instalados en maquinarias oficiales que se hallan a su servicio. Aunque la presencia de estos últimos nacionalismos es ubicua y evidente -ahí están, para testimoniarlo, el sistema educativo, las instituciones políticas, las fuerzas armadas o los lugares de memoria-, resulta muy común que, dado que su efecto es a menudo inconsciente, se niegue su existencia. El discurso que emiten políticos y medios parece sobreentender que el nacionalismo, un fenómenosiempre retratado en clave negativa, tiene por fuerza que corresponder a los otros. Nosotros somos, en cambio, en el mejor de los casos, pulidos patriotas que defendemos la democracia y la pluralidad. No preciso agregar, creo, que eso es un cuento de hadas” (2)

Es esto, su hipocresía y egoísmo, lo que no quiere reconocer este nacionalista que tiene estado. Es como el rico que dice que la alimentación y la vivienda son cosas materiales y superficiales. Claro, cuando las tienes dadas no las valoras, cuando te faltan ves su capital importancia. El desprecio hacia los que no tienen y quieren, evidencia esa carencia de justicia y empatía, agravando la situación y acrecentando el distanciamiento, lo que ocurre en España. Ese cuento de hadas ahora se torna pesadilla.

Por supuesto, ustedes dirán que en el espectro político de la rojigualda, bandera que no estaría presente sino por la imposición de la insurrección militar violenta de 1936, no todo es igual, y efectivamente así es. Hay diferencias notorias en el modo de comportarse, pero hay un fondo común de barreras infranqueables en sus mentes. Para ellos es indiscutible la unidad nacional. Desde Calvo Sotelo diciendo antes roja que rota, a Juan Negrín, del PSOE y Presidente de la II República en el exilio:

“No estoy haciendo la guerra contra Franco para que nos retoñe en Barcelona un separatismo estúpido y pueblerino. De ninguna manera. Estoy haciendo la guerra por España y para España. Por su grandeza y para su grandeza. Se equivocan los que otra cosa supongan. No hay mas que una nación: ¡España! Antes que consentir campañas nacionalistas que nos llevan a desmembraciones, que de ningún modo admito, cedería el paso a Franco sin otra condición que la de que se desprendiese de alemanes e italianos” (1)

Azaña pensaba de similar forma, y hoy en día el común denominador de la santificada y artificial indivisibilidad continúa a diestra y siniestra.

“…siendo el nacionalismo que hoy preconiza el PP el más vistoso, incurriríamos en un grave error si no apreciásemos la huella, a menudo poderosísima e irritante, del nacionalismo español en muchas de las posiciones del PSOE y, con frecuencia,también en las de IU” (2)

Con el tema vasco, algo más complejo que lo que ocurre en Cataluña, vemos como una adulteración de los términos ha conducido a una deformación de la realidad. Pueden constatar como en cualquier medio, y por consiguiente en la calle, se equipará al País Vasco con Euskadi, olvidando que Navarra ha sido y es parte central y miembro de siempre de este. Y la misma Navarra, dividida en dos estados y transpirenaica, tema tabú del que se desea su olvido.
Esto nos recuerdan los sabios del pasado, tal que Pío Baroja:

“Cuatro son las provincias que comprende el País Vasco español: Alava, Guipúzcoa, Navarra y Vizcaya. Tres son las provincias que forman el País Vasco francés: Labourd, Baja Navarra y Soule. El interés y la sugestión que ejerce sobre el visitante la tierra vasca, tanto en su parte española como en la francesa, son debidos principalmente a la originalidad de los rasgos típicos que la unifican y diferencian de los demás países” (3)

Que los vascos y dentro de ellos los navarros hayan estado separados por una frontera, lo que los forzó al contrabando dentro de su país, no se puede conjugar muy bien, creo que entenderán si se ponen en su lugar, en nuestro lugar, con el vivir en paz y libertad.
Que se dé por asumido que el castellano tiene más derechos que las lenguas originariamente propias de Cataluña o del País Vasco, y que los españoles que vayan allí no tengan ningún interés en aprenderlas donde son mayoritarias, y lo que es peor, que les moleste su presencia, denota y demuestra un notorio desprecio y una falta de respeto, que hacen imposible la convivencia. (4)

PS:
Verán, lo pueden ver ya, como buena parte de la izquierda española sale a hacer el trabajo sucio de defensa de su inconfesado pero profundo e innegable nacionalismo español. No son capaces de hacer nada por su país y piden que otros se queden en esa penuria.
Atacarán a este artículo porque menciono a Carlos Taibo, que como casi todas las figuras “alternativas” ha seguido la ola de desinformación sobre las agresiones a Libia o Siria. El tema internacional desde luego no es su fuerte, pero, en cambio, tratando del asunto sobre el que les hablo es una voz necesaria que ha sabido escuchar tanto a expertos como a su propio sentido común, y a las gentes que sufren las supremacías nacionales.

Referencias-Notas:
1. VV.AA. Nacionalismo español. Esencias, memoria e instituciones. Catarata. 2007.
2. Es difícil ser nacionalista español y tener un proyecto de izquierdas. Entrevista a Carlos Taibo en Diagonal, 27.12.2007.
3. Pío Baroja. El País Vasco. Txalaparta, edición del 2006.
4. El nacionalismo español es el más excluyente. Entrevista a Juan Carlos Moreno Cabrera en El Periódico, 1.08.2008.

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