Guadi Calvo*. LQSomos. Noviembre 2017

Con la certeza de cuál sería el resultado final, nadie podría haber creído que podría haber sido otro, desde el mismo día de la toma de la ciudad filipina de Marawi, el último 23 de mayo, por elementos vinculados al Daesh. En ese país del sudeste asiático hemos seguido con regularidad los detalles del sitio establecido de inmediato por el ejército filipino, con cerca de unos 15.000 hombres y con la ayuda de efectivos norteamericanos destinados a la base del Comando de Mindanao Occidental (Wesmincom) en la provincia de Zamboanga, vecina de Lanao del Sur y agentes no identificados de Australia, quien además facilitó aviones P-3 Orion. Estos ejecutaron misiones de vigilancia para recopilar información de inteligencia en torno a la ciudad de Marawi, en colaboración con Manila, contra la acérrima defensa de los hombres del Califa Ibrahim, dirigidos por el designado emir para la región Isnilon Hapilon, jefe de la organización wahabita. Abu-Sayyaf que junto a la capitaneada por los hermanos Abdullah y Omar Maute, conocida como Grupo Maute, planearon y ejecutaron la toma de la ciudad, con sigilo y absoluta precisión, da idea de la capacidad táctica de la banda fundamentalista, que pretendía establecer una wilayah (provincia ) del Califato.

Poco antes del estallido armado que desembocó con la toma, algunos partes de inteligencia informaron de la posible presencia de Isnilon Hapilon, en Marawi, quien estaría padeciendo un problema en su boca y visitaría a un dentista de esa ciudad. Eso obligó a las fuerzas de seguridad a extremar la vigilancia en la ciudad, por lo que nada hacía suponer los acontecimientos que sobrevinieron posteriormente.

Marawi es una ciudad de más de 200.000 habitantes, capital de la provincia de Lanao del Sur, donde se asienta gran parte de la comunidad musulmana de Filipinas, lo que sin duda obligaba a la inteligencia del país y algunas otras extranjeras fundamentalmente de los Estados Unidos y Australia que operan en el país, con el funcionamiento de los grupos vinculados al rigorismo armado tiene en esa región presencia desde por lo menos 1991.

Según fuentes oficiales y más allá de las bajas, que difícilmente se conocerán con absoluta certeza, unos 780 muyahidines fueron abatidos, sin que se hable ni de heridos y mucho menos de prisioneros ni las cuantiosas pérdidas económicas. El daño provocado en la infraestructura y edificios de la ciudad, son absolutos debidos a los bombardeos aéreos y de artillería, sumado a los destrozos producidos en las diferentes y encarnizadas batallas que se libraron en el interior de la ciudad, donde se combatió casa por casa, para lo que se sembraron infinidad de minas personales y diferentes trampas explosivas. Además se han debido desplazar a más de 600.000 habitantes de la ciudad y pueblos y aldeas cercanas, a quienes se debió asistir en diferentes campamentos y centros de evacuación levantados para la ocasión. Tampoco se conoce, ni se conocerá, el número de muertos y heridos entre las tropas oficiales y la población civil en estos cinco meses de combates.

Las reglas de combate de los wahabitas han sido un calco de sus acciones en Siria e Irak. Tras la toma de Marawi, fue incendiada la comisaría, la cárcel de la ciudad, liberando a los reclusos, quienes fueron obligados a combatir junto a los asaltantes, y que saquearon e incendiaron después la catedral de St. Mary y la universidad de Dansalam.

Los hombres de emir Hapilon también ejecutaron a varios funcionarios, entre los que se incluye el jefe de inteligencia, quien fue sorprendido en la ciudad, ignorado lo que estaba sucediendo. Los guerrilleros ocuparon diferentes propiedades privadas, locales comerciales, bancos y un largo etcétera. Como parte del márketing del terror el grupo también filmó ejecuciones de cristianos y convirtió a muchas de las prisioneras en esclavas sexuales, además de desoír desde un principio las quejas de importantes miembros de la comunidad musulmana, que en ningún momento avalaron los actos cometidos a riesgo de sus propias vidas.

Marawi no será la tumba del Daesh en la región

A pesar de que hasta el 23 de mayo el gobierno del presidente Rodrigo Duterte y las administraciones anteriores, habían negado sistemáticamente la presencia del Daesh en la isla de Mindanao, sus reflejos tras la noticia de la toma fueron más acertados que sus opiniones previas.

Duterte había sido sorprendido con la noticia de la toma, nada menos que en Moscú, donde estaba acordando una serie de acuerdos, que obviamente a Washington no le provocaban ninguna satisfacción… sumados a los que se habían pactado ya con China. Por ello la sorpresiva toma de Marawi, quizás haya sido fundamentalmente sorpresa para el presidente filipino, interesado en buscar políticas más independientes de los Estados Unidos, rompiendo una tradición que continúa sin alteraciones desde fines de la Segunda Guerra Mundial, cuando la insurgencia comunista local intentó establecer un frente en la creciente Guerra Fría.

Apenas conoció la toma de Marawi, desde Moscú Duterte declaró la Ley Marcial en toda la isla de Mindanao y puso al frente del operativo militar al secretario de Defensa Delfín Lorenzana, al jefe de las Fuerzas Armadas General Eduardo Ano y al jefe de Inteligencia General Santos, con un resultado positivo más allá de la larga y costosa batalla.

Este triunfo, del que no se podía esperar otro resultado, de ninguna manera podrá hacer que el presidente Duterte duerma tranquilo, ya que a lo largo de estos larguísimos cinco meses de combate y a pesar de haber descalabrado a los invasores, y cobrarse la vida de sus tres máximos jefes, Isnilon Hapilon y Omar Maute, muertos en combate el 16 de octubre, mientras Abdullah, lo había hecho unos meses antes. Son varias las organizaciones locales que prometieron lealtad a Abu Bakr al-Bagdadí o el Califa Ibrahim, jefe y fundador del Daesh, aunque todavía son muy confusas las opiniones acerca de su sobrevivencia tras los ataques de la aviación rusa en Siria.

Según algunos informes, estos grupos integristas se han desplegado en diferentes sectores de la isla de Mindanao, al tiempo que también se informa que en Sabah en Malasia y al este de Indonesia, se ha comenzado a activar ciertos focos, que por la larga presencia en esos lugares, que durante estos cinco meses había permanecido inactivos, sin duda a la espera del resultado de Marawi.

A pesar de estos informes, previsibles por otra parte, Duterte, fiel a su estilo, no perdió la oportunidad de arrogarse una victoria absoluta y declarar el pasado 17 de octubre: “Señoras y señores, por la presente declaro que la ciudad de Marawi ha sido liberada de la influencia terrorista, lo que marca el inicio de la rehabilitación”.

Sea cual sea el resultado final el ejército filipino ha aprendido una gran lección durante estos 150 días y comprobado en carne propia, los motivos de la demora en la reconquista de Marawi.
Fueron varias las razones del fracaso inicial de las tropas de Manila: En primer lugar el gobierno subestimó la presencia de sectores fundamentalistas en las comunidades musulmanes de Filipinas. En segundo término se desconocía la capacidad de combate de los muyahidines, particularmente en la utilización de francotiradores y trampas explosivas. En tercer lugar las condiciones geográficas del lugar donde se emplaza Marawi, muy boscoso y con ríos, lagunas y esteros que hacían muy difícil un acordonamiento efectivo… y por último las tropas filipinas están entrenadas para el combate contra la insurgencia, en terrenos boscosos y rurales, no en centros urbanos.

Se teme que centros urbanos como Iligan, Cagayan y Cotabato City o Lumbatan, Bayang, Tugaya y Madalum en Lanao del Sur, puedan volver a ser atacados.

Hay que tener en cuenta que Indonesia, el país con mayor población musulmán del mundo con más 215 millones de profesante,s puede convertirse, como ya lo ha hecho en varias oportunidades, en una importante fuente de voluntarios y recursos.

Para que esto no suceda, el gobierno australiano a través de la ministra de Defensa, Marise Payne, dijo que su país está dispuesto a dar entrenamiento práctico y apoyar a la fuerza de defensa de Filipinas con el fin de contrarrestar las operaciones terroristas, que a todas luces parecer ser esperadas por las autoridades de la región.

Más allá de su derrota en Siria e Irak, el Daesh o como quiera que se lo nomine, seguirá teniendo presencia a nivel internacional y su final avisado, volverá a ser proclamado muchas veces más antes que el verdadero alguna vez llegue.

* Escritor y periodista argentino. Publicado en Línea Internacional
Asia global – LoQueSomos

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