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Republicanismo.

Esto es una hipótesis: A la España progresista le falta una pieza importante y, como cualquier motor donde falta una pieza importante, no funciona.

Ésta es mi opinión: La pieza que falta se llama republicanismo.

Esto es un hecho: Si falta una pieza, falta una pieza. Por mucho que se mejoren, cambien o afinen el resto de las piezas, sigue faltando una; por mucho que se junten o separen, sigue faltando una; por mucho que se miren y remiren, sigue faltando una y, por último, por mucho que algunas asuman el funcionamiento de la pieza que falta, no pueden ser la pieza que falta sin dejar de ser lo que son.

Esto es una obviedad: Tratándose de mecánica, un sueño no sustituye a una pieza. Lo primero que necesita una pieza es una estructura propia, al margen de lo que hagan el resto de las piezas y al margen de lo que sueñen.

Tal día como el martes 21, pero en el año 1793, fue decapitado en Paris Luis XVI de Francia. Sin embargo, acosado por los acontecimientos, este rey Borbón se había visto obligado a firmar la Constitución de 1791. Así que, mientras públicamente defendía a la Asamblea, conspiraba al mismo tiempo contra los revolucionarios para arrebatarles el poder perdido por el trono. Salvando las distancias del tiempo y del espacio, Luis XVI estaba inmerso en una especie de anticipo del 23-F borbónico de más abajo de los Pirineos.

Su amante, la cortesana María Antonieta, fue quien profirió la célebre frase que resume el elitismo aristócrata y la carencia absoluta de sensibilidad hacia el sufrimiento del pueblo llano. Llegados los “sans culottes” a las puertas de palacio, para comunicar que la gente se moría de hambre, Maria Antonieta dijo aquello de: “Si no tienen pan que coman galletas”. Su delicado cuello también pasó por la cuchilla de la guillotina.

Hoy son tiempos más morigerados y quizá menos radicales en las formas. En España, para recuperar la legalidad republicana, bastaría con barrer al Borbón y su familia, confiscarle todos los bienes e invitarle a no volver por aquí jamás.

Vemos como el declive de una de las dos instituciones más anacrónicas, costosas e innecesarias, la monarquía – la otra es la Iglesia Católica -  va paralela a la salud y prestigio de su jefe, el heredero del dictador Francisco Franco.  La monarquía y su jefe, Juan Carlos de Borbón y Borbón caudillo de España por la voluntad  del dictador genocida que le precedió está en caída libre, al menos debería estarlo por los escándalos de todo tipo que existen en torno a ella.  En cualquier otro lugar, con bastante menos motivos se hubiese mandado lejos, más allá de donde amargan los pepinos.  Las conductas poco ejemplares de absolutamente todos los miembros de la monarquía, por mucho que quieran desviar la atención hacía el “yerno golfo”, elegido y designado cabeza de turco por un sistema al que han pillado con las manos en la masa, como si fuese un “espabilado” que se ha colado de refilón en la institución, seducido a una “infanta tonta” –ahora se dice enamorada de su marido – llevándose los dineros públicos que otros corruptos miembros del Partido Podrido le han dado generosamente, llámense, Camps, Mata o periquillo de los palotes.

Rijoso y soliviantado es aquel país donde cada mañana es necesario fajarse para sentar las bases de lo más elemental. España es ese fatigado país que no ha depurado todavía sus aguas fecales políticas. Las instituciones del Estado, herederas directas de los viejos usos, abusos y ditirambos del franquismo, son un mal quiste. La cacareada Transición y sus protagonistas y figurones, siguen en sus trece de insultar de manera soez a la ciudadanía. Empezando por arriba. Mientras dice y repite el rey Borbón que “todos somos iguales ante la justicia” se urden un sin fin de evidentes maniobras orquestales, por parte de los mecanismos del poder afines al trono, para librar a Cristina Federica de Borbón y Grecia de sentarse en el banquillo de los reos; acusada de atentar contra la ley fiscal y con persistente avaricia.

Las maneras y las acciones de los pisaverdes, encomenderos o simplemente bufones reales bordan a menudo un escandaloso ridículo y contravienen sin empacho la más básica jurisprudencia. Y no digamos la prudencia democrática. Se retuercen fundamentos, se destilan argucias jurídicas moratorias, se atajan testimonios, se inventan trucos...Porque, en definitiva, todo es una cuestión de posibles; el dinero, dice la costumbre, allana las montañas del legajo acusatorio. El mayestático “caso Nóos” y su derivado “caso Aizoon” son un ejemplo. Están resultando más cansinos que un culebrón televisivo de infinitos capítulos. Sin embargo, sucede lo contrario cuando la maquinaria de la justicia la emprende con un ciudadano peatonal. El rigor y la presteza no sufren valladares ni disneas, cual es el ejemplo de los desahucios bancarios y otros muchos requerimientos de los tribunales.

El jueves se podía leer esta noticia en la prensa “La Casa del Rey hará marketing en los colegios” y da cuenta de un sitio en la red alojado en la página de la Casa Real dirigido a niños entre seis y catorce años con un apartado especial para profesores con un menú de actividades. Rafael Spottorno, jefe de la Casa del Rey, ha dicho que esta iniciativa responde a que "no hay un claro conocimiento de la Monarquía como institución entre los más jóvenes y si no la damos a conocer, dentro de poco nadie sabrá lo que significa”.

No es sencillo entender el sentido de este anuncio –más allá de las intenciones que explica Spottorno– y no hay más remedio que sospechar que el equipo de comunicación que trabaja al servicio de la monarquía, al igual que esta, ha perdido absolutamente el rumbo en la construcción del relato real.

A veces hacer algo es sencillamente no hacer nada y no por ello hay que caer en el modus operandi de Mariano Rajoy, paradigma de la acción congelada.

La monarquía o, mejor dicho, el rey Juan Carlos tiene tres momentos desde cada uno de los cuales se ha articulado un relato claro y tangible.

Frente a la Constitución monárquica de 1978,  reproducimos como homenaje a la Conocimiento y la Democracia, la Constitución de la II República del 9 de diciembre de 1931, que aunque ya sea historia, mantiene en muchos aspectos su carácter verdaderamente democrática y progresista, a pesar de los ochenta y dos años transcurridos.

Para dudas, remordimientos y flagelaciones varias podéis consultar (comparaciones No odiosas) la Constitución vigente del 78 (clic aquí).

El futuro republicano de los que reivindicamos la “Tercera”, la Constitución tendrá que ser fruto de un proyecto constituyente popular en la realidad presente de este siglo XXI y reconociendo el derecho de los Pueblos del Estado Español a decidir su futuro.

Eso si, primero traigamos la III Republica, no bastara con mirar al pasado, la República para hacerla futuro tendremos que llenarla de contenidos partiendo del presente, darle forma, moldearla, y combatir democráticamente, como siempre, con la fuerza de la razón.

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TMB es burla de les peticions de Stop Pujades

 

 

Fanfarria Taquikardia

 

Jueves, 14h30. Habla el Presidente del BCE, Mario Draghi. El Consejo ha dejado igual los tipos de interés. Dice Draghi que la perspectiva de una baja inflación está basada en una economía débil y que si hace falta, el BCE estaría de acuerdo en aplicar medidas no convencionales, la famosa compra de activos (estímulos monetarios) de los que veníamos hablando aquí..

 

LA VIÑETA

INFOGRAFÍA

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