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La lucha continúa... y los republicanos seguimos al pie del cañón

El cojitranco regio, el caderas de titanio, el lisiado perpetuo vía caza mayor, el presunto líder mundial del grupo financiero y conseguidor con sede en La Zarzuela, el, presuntamente también, jefe de Nóos, la organización de alto estánding con muchísimo, pero que muchísimo, ánimo de lucro, "el señor" (de los anillos y de las pulseras corinnáceas) según el yernísimo Urdanga, el presunto novio (o noviete, o pareja estable, o compañero de amoríos, o inseminador natural, o partenaire de juegos bipersonales... o lo que sea) de la "amiga entrañable" germano/danesa, el padre (esta vez sin lo de "presunto" que no quiero insultar a nadie con estas cosas) de la infantita de marras que vivía (y todavía vive) como la jequesa de Abu Dabi pero sin enterarse de nada, el superligón (a buenas horas nos llega la noticia, mangas verdes) que se ha trajinado, según fuentes periodísticas extranjeras que acaban de salir a la luz, entre mil y mil quinientas señoras o señoritas de buen ver en poco más de treinta años de dedicación exclusiva (si esto es verdad, este hombre es un auténtico "pene con patas"), el único jefe de Estado occidental (y no occidental, pues hasta los dictadores caribeños cosechan más votos para acceder a sus poltronas) que fue catapultado hasta la bicoca institucional que todavía usufructúa por un solo voto (no de diferencia sino en total)... tal como está, enfermo, acabado, deprimido, sin dar la cara por miedo a que se la partan, acosado por sus propios súbditos y cada día que pasa más cerca de su final histórico, va y sin encomendarse a Dios, ni al diablo, ni al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, ni tan siquiera al inefable presidente del Gobierno de la nueva miseria española, señor Rajoy, suelta por vía judicial el esperado zarpazo de fiera herida, acorralada, asustada, contra el profesional que suscribe, contra el mensajero de su enrevesada ignominia. Eso sí, con la pérfida colaboración del "ulceroso Honrubia", del antiguo TOP franquista, como punta de lanza.
Dinastía despótica, golpista y corrupta iniciada con Felipe V, para conseguir el trono entrega Gibraltar y Menorca a Inglaterra, así como los fueros a las Provincias Vascongadas, Navarra y Valle de Arán, nacido en Versalles pretendiente a la corona francesa, abdica en su hijo Luis I por si fallecía Luis XV de Francia, si hijo fallece y de nuevo toma el poder al perder el derecho sucesorio en Francia.

Al morir le sucede Fernando VI “el demente”, sin comentarios, muere sin descendencia.

Le sucede Carlos III, tercer hijo de Felipe V en manos del clero y la nobleza.

Le sigue su hijo Carlos IV “el cazador”, destronado por su hijo Fernando VII, el más abyecto, vil, sin escrúpulos, vengativo y traicionero de los borbones. Derogó la Constitución de Cádiz y tras seis años de guerra deja el país en bancarrota, con la llamada Década Ominosa ejerció una feroz represión de los entonces liberales, acompañada de una política absolutista sin moderación.

Le sucede Isabel II casada con su primo hermano “la paquita”, Francisco de Asís y Borbón, homosexual que sufría hipospadía, reina promiscua, tenía en Madrid la Quinta de Vista Alegre (calle General Ricardos nº 177-179, Carabanchel), baños con grifos en  forma de falo. El periodo isabelino tuvo 55 gobiernos diferentes, destronada al grito de ¡Abajo los Borbones!, ¡Viva España con honra!, clamas de la “Gloriosa” en 1868, su familia forzada al exilio. Se promulgó de libertad de asociación y de imprenta, el sufragio universal, conflicto con la iglesia por la libertad de cultos y la derogación del fuero eclesiástico por la monarquía de Amadeo de Saboya, este abdica y se proclama la 1ª República teniendo en contra los carlistas, alfonsinos, clero y ejército.
El debate en torno a la necesidad de abrir un proceso constituyente ya es un hecho.
 
Las críticas contra las insuficiencias de nuestro sistema político y las exigencias consecuentes de reforma de la Constitución no son una novedad. La discusión sobre el modelo territorial, zarandeado cada vez que se ha reabierto la cuestión de la financiación autonómica, forma parte de la historia de nuestra democracia y responde a las incertidumbres que dejó abiertas el título octavo del texto constitucional. Lo mismo cabe decir del incierto papel del Senado, inoperante por la indefinición de su papel a medio camino entre cámara de segunda lectura y de representación territorial. O del régimen electoral, reiteradamente denunciado por los partidos más castigados por el sistema de traducción de votos a escaños. Más recientemente se ha señalado el sesgo sexista que dispone la Constitución para la sucesión de la Corona.
 
Han sido, no obstante, debates circunscritos a círculos políticos y mediáticos, seguidos con bastante indiferencia por la ciudadanía. Pero en los últimos tiempos se han producido acontecimientos que han incorporado a la cuestión constitucional dimensiones inéditas, tanto en sus contenidos sustantivos como en su proyección pública.
Somos republicanos, porque queremos ser ciudadanos con todos los derechos y oportunidades públicas y sociales, porque no aceptamos ni “señores” por encima ni “aristócratas” desfasados por la historia rigiéndonos en las peores condiciones posibles.
 
Somos republicanos, porque nuestros abuelos dieron su vida y su modesta  hacienda por la II República, convirtiéndose en un pueblo en armas frente a ejércitos profesionales y sus aliados los nazis y fascistas italianos. Pagaron con su vida o el destierro forzoso la defensa de la legalidad con la que nos habíamos dotado en 1931 tras la huida del reyezuelo Alfonso XIII (el abuelo del borbón-franco), antaño autor intelectual y político de los desastres colonialistas en el norte de África que tanto sufrimiento trajo a  todas las familias  y aliado complaciente  de las dictaduras de Primo de Rivera y Berenguer.
 
Somos republicanos, porque el rey actual no no nos representa, fue una figura impuesta por el sanguinario dictador que acabó con las libertades del pueblo español.
 
Somos republicanos, porque creemos en el esfuerzo común, en la libertad, la justicia, la  cultura para todos, la solidaridad sin límites.
 
Somos republicanos y laicos,  porque estamos hartos de las injerencias de la Iglesia Católica en la política y en la vida de los españoles.
Esta fue la expresión que utilizó en 1930 Ortega y Gasset para denunciar el intento del Rey de saldar sin rendir cuentas los ignominiosos años de la dictadura de Primo de Rivera, utilizada por la monarquía como burladero, dando paso al gobierno Berenguer como si nada hubiera ocurrido. Ochenta y tres años después los Bórbones promovidos por otro dictador, Francisco Franco, parecen repetir la apuesta.
 
Como si el “escándalo Nóos” no fuera ya claramente el “caso Familia Real”, los herederos de aquella saga de predestinados, al amparo de una Constitución que les blinda con el autocrático privilegio de la impunidad, pretenden pasar de nuevo página y endosar a beneficio de inventario el presunto latrocinio practicado con una pericia propia de las organizaciones criminales. Sin embargo, ya no valen excusas tipo “lo siento, no volverá a ocurrir”. No estamos ante una cacería de elefantes. Son personas las afectadas, millones, seres humanos, aunque súbditos por mor de una transición infligida al pueblo llano por el consenso de las cúpulas partidistas, las mismas instituciones que han permitido que la crisis desatada por los poderes financieros se impute a los trabajadores. Hoy, aquí y ahora, aunque el silencio atronador de los medios de comunicación del sistema, la indigencia intelectual de nuestra rancia “intelligentsia”, el absentismo cómplice de los púlpitos y la declinación ética de los sindicatos mayoritarios lo solapen, el sufrido pueblo español empieza a clamar desde lo más sentido “delenda est monarchía”.
 
Al Borbón le han operado siete veces en la sanidad privada. Buen ejemplo, majestad. La sanidad pública le agradece su apoyo en estos volcánicos tiempos de supresiones, privatizaciones vampíricas y recortes salvajes. Estará de baja, en su curro como jefe del estado, entre dos y seis meses ¿No hay que poner un suplente en ese puesto hasta que le den el alta? A lo mejor nos acostumbraríamos a no verle más Pero ¿lo suyo es por enfermedad o por accidente? ¿Qué tiene en los huesos ?
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