Escrito por Julio Anguita González*. LQSomos. Febrero 2013
La oligarquía aguanta décadas y siglos, lo que cambia es el marketing.
A raíz de los últimos, por ahora, escándalos de corrupción protagonizados por dirigentes políticos, altos cargos institucionales, empresarios y la Casa Real, se han desatado las alarmas en titulares de medios de comunicación y en declaraciones de personalidades de la vida política española. El argumento es reiterativo; se dice que estos hechos “hacen daño a la democracia”. Pareciera como si por un lado existiera una Democracia y por otro determinadas y esporádicas fechorías hechas por personas ajenas al entramado jurídico-institucional. Es decir, se intenta voluntaria o involuntariamente, separar estas prácticas corruptas del entramado económico-político que constituye la columna vertebral del régimen surgido en la Transición. Invito a los lectores y lectoras que en aquellos años eran jóvenes o maduros a que se provean de unos folios, un bolígrafo y la memoria necesaria. Comiencen por los casinos de Cataluña, Penafreta, los créditos a partidos condonados, Filesa, Malesa, Times Export, fondos reservados, GAL, Javier de la Rosa, Mario Conde, Colón y Prado de Carvajal, Diputación de Castellón, Valencia, ERE´s en Andalucía, Jaume Matas, Presidentes de Comunidad de Navarra, jueces procesados por delitos económicos, empresarios amigos de lo ajeno, banqueros sobres, coimas, comisiones, chanchullos, amiguismo, Naseiro, Gürtel, Bárcenas, etc. etc. etc. Y todo ello de un tirón, sin acudir a archivos o anotaciones; un simple ejercicio de memoria y muy por encima.