Escrito por Amadeo Martínez Inglés*. LQSomos. Enero 2013
De la mía, desde luego que sí, que me confieso iracundo en extremo, esperando y deseando que ese día ya cercano del próximo mes de Febrero lo estéis también la mayoría de vosotros, estimados amigos, compañeros, demócratas, republicanos y ciudadanos en general de este desgraciado país de la corrupción, el pelotazo, las preferentes, los EREs, el Bárcenas, los sobres fantasma, el Urdangarín, la Gürtel, los jubilatas sin Urgencias, los médicos privatizados, los seis millones de parados, los novecientos mil millones de euros de Deuda, los diez millones de pobres de solemnidad, los dos millones de familias en las que no entra un euro un mes tras otro… etc, etc.
Porque tiene tela, amigos, con la que está cayendo en este territorio plagado de sinvergüenzas de alto estanding que guardan sus rapiñas en Suiza y abandonado por Dios y hasta por la señora Merkel, tener que acudir, ese próximo día que les comento, a la Audiencia Nacional (un Tribunal, como todos ustedes saben, con el ADN del antiguo Tribunal de Orden Público franquista) a defenderme de una acusación de calumnias e injurias vertidas (según el Fiscal General del Estado que, como todos ustedes saben también, cumple órdenes del Gobierno) contra un impresentable señor, un obsoleto y desvergonzado monarca, un despreciable sujeto divino e inviolable que se pasa las leyes por el forro de su corona, un hombre acabado física y mentalmente por sus excesos que, desde hace treinta y siete años, “okupa” sin ninguna legitimidad (salvo la del militar rebelde y genocida que lo colocó ahí) la Jefatura del Estado español. Dedicándose en exclusiva todos estos años a pegarse la gran vida y a utilizar en provecho propio los recursos del Estado: caza de elefantes acompañado de su “asesora estratégica” de turno, francachelas sexuales pagadas con fondos reservados, pseudo golpes de Estado para asentar su tambaleante corona, colaboración de facto en los oscuros negocios de su señor yerno, amasamiento de una fortunita personal que medios solventes extranjeros (incluido el New York Times) cifran a día de hoy en 1.800 millones de euros… etc, etc. Presuntos delitos, vicios redomados y actuación impropia del alto cargo que ostenta y que le llevó, en abril del año pasado, en una patética intervención televisada, a pedir perdón a sus asombrados súbditos.