Escrito por Rafael Narbona*. LQSomos. Mayo 2012
La figura del artista surge en Grecia. Hacia el siglo VI a.C. comienza a utilizarse el término techné para referirse a determinadas actividades que exigen cierta habilidad. Era un concepto tan amplio y difuso que incluía la medicina, la poesía, la música, la danza, la pintura, la arquitectura, la escultura y cualquier forma de artesanía.
Se consideraba que todas estas actividades eran artes de la representación (techné mimetiké), basadas en el principio de imitación o mimesis. El médico era un artista, pues se esforzaba en restituir el equilibrio natural en el cuerpo enfermo. Dicho de otra manera, imitaba la perfecta armonía de la naturaleza. Esta concepción del arte no igualaba a todos los artistas.
Se consideraba que la poesía o la pintura eran superiores a la escultura, la arquitectura o cualquier otro género que implicara una actividad manual. De hecho, Arquímedes, que no era un artista, sino un científico, estimaba que sus inventos (máquinas de guerra, ingenios hidráulicos, poleas, palancas) eran inferiores a sus investigaciones matemáticas, donde sólo intervenían conceptos. Sabemos que Pericles apreciaba a Fidias, pero Platón expulsó a los poetas de su utopía política, pues consideraba que Homero y Hesíodo habían ultrajado a los dioses al atribuirles sentimientos como la ambición, el odio o la venganza.
La poesía puede manipular las emociones y pone en peligro en peligro la estabilidad política. Por eso, sólo deberían tolerarse la poesía y el teatro didácticos, que fomentan las obligaciones de ciudadanía. Afortunadamente, sus teorías no se convirtieron en leyes. Sólo las dictaduras han asimilado sus enseñanzas, justificando las acusaciones de Karl Popper, que sitúa a Platón en los orígenes del pensamiento totalitario (La sociedad abierta y sus enemigos, 1945).