LQSomos. Arte o Desarte

Un equipo internacional de científicos, a través de la datación por series de uranio, ha demostrado que las pinturas paleolíticas de la cueva cántabra de El Castillu tienen más de 40.000 años, lo que aumenta significativamente la antigüedad que se daba a las pinturas rupestres del Cantábrico, que pasan a ser las más antiguas de Europa.

Los investigadores analizaron 50 muestras de 11 cuevas de la Región Cantábrica, entre las que destacan las cuevas de Altamira (Santillana), El Castillu (Viesgu) y Tito Bustillo (Ribadesella).

Según los resultados de ese proyecto, financiado por el Consejo de Investigación Natural y Medioambiental de Reino Unido (NERC) y que ha sido portada en la revista Science, el arte rupestre paleolítico comienza en Europa 10.000 años antes de lo que hasta ahora se había pensado. Por tanto, Altamira, El Castillu y Tito Bustillo pudieron ser realizadas por los primeros humanos modernos que llegaron al continente europeo, o incluso podrían atribuirse a los neandertales.

"Los resultados muestran que el arte rupestre en la Península Ibérica no se limita al último Paleolítico superior, hace 20.000 años, sino que se remontaría por lo menos al primer Paleolítico superior, hace 35.000 años. La mayor datación, obtenida en el disco de El Castillu, en el que se ha estudiado la calcita superior que permite hablar de un mínimo de 40.800 años, a comienzos del Paleolítico Superior (periodo auriñaciense), si bien podrían datar realimente de hace 45.000 ó 50.000 años, abre la posibilidad de que este arte surgiera en las sociedades neandertales, o como producto de las interacciones entre neandertales y humanos modernos durante el periodo en el que estuvieron en contacto en Europa", explica Yoão Zilhão, investigador del Instituto Catalán de Investigación y Estudios Avanzados (ICREA) y de la Universidad de Barcelona que también participa en el estudio.

Esta muestra forma parte del proyecto general Archivo FX: De economía cero que el artista Pedro G. Romero ha creado para el museo.Un recorrido por diferentes obras de Picasso y artistas como Duchamp ponen de manifiesto la desmaterialización del arte durante el siglo XX

El Museu Picasso reúne algunas de las obras del pintor malacitano en Economía: Picasso, una muestra que trata sobre la desmaterialización de las artes. Ésta suele presentarse a menudo como dos estirpes claramente diferenciadas, aunque llenas de espacios de intersección. Sin embargo, el camino iniciado por el trabajo artístico de Pablo Picasso, así como sus consecuencias materiales, no sólo constituye el ‘elemento configurador’ de la economía artística presente, sino que el olvido en que ha caído su propia traza genealógica apenas nos permite encarar con realismo el paisaje actual de las artes.

Dividido en siete ámbitos diferentes, el recorrido expositivo se inicia con una carta manuscrita del pintor a su amigo Bas en la que le describe sus impresiones después de visitar, por primera vez, el Museo del Prado, y termina con la revista Nueva España, editada por el Comité para la Defensa de la República Española en abril del 1938.

La obra de algunos artistas ha surgido de la intuición y la sensibilidad, pero en otros casos la acción creadora se ha gestado en la reflexión teórica, contrastando praxis y pensamiento. 

Leonardo da Vinci, Van Gogh o Kandinsky nos han legado importantes escritos sobre arte y creación, abordando aspectos técnicos y conceptuales. Sin embargo, la meditación sobre el arte no es un complemento de la actividad artística, sino una rama de la filosofía. La estética o ciencia de lo bello no se constituye como disciplina hasta el siglo XVIII. El filósofo alemán A. G. Baumgarten es el primero en conferirle una dimensión autónoma en sus Reflexiones filosóficas acerca de la poesía (1735). Esto no significa que la estética no existiera con anterioridad, pero hasta entonces no se había definido como un saber independiente, con un objeto propio. En la Crítica del juicio (1790), Kant llama “juicios estéticos” a los juicios de gusto que “se refieren a lo bello y lo sublime de la naturaleza o el arte”. Baumgarten y Kant conservan la etimología griega, que vincula la estética (áisthesis) al conocimiento sensorial. De hecho, Kant utiliza en la Crítica de la Razón pura (1781) la expresión “estética trascendental” para titular la sección que estudia las formas a priori de la intuición sensible: el espacio y el tiempo.

Hasta el siglo XIX, no se consolidará la estética como saber específico. Sólo al independizarse el arte de los intereses políticos y religiosos surgirá el concepto de Bellas Artes, que unifica todos los géneros en un impulso común hacia la belleza. Este fenómeno está asociado al ascenso de la burguesía. Su influencia será determinante en la creación de museos orientados a reunir y conservar obras de todas las épocas y géneros, sin otro criterio que su mérito artístico. En sus orígenes, los museos se mostraron reacios a las innovaciones formales, pero el éxito de las vanguardias en el siglo XX abrirá sus puertas al riesgo y la experimentación. Es posible que esta apertura no se hubiera producido sin dos acontecimientos que evidenciaron la miopía del academicismo y el prejuicio. En 1874, un grupo de pintores franceses, que no conseguían exponer su obra en el Salón oficial, crearon una cooperativa para realizar una exposición conjunta en un local de París cedido por Nadar, un famoso fotógrafo. El crítico L. Leroy se burló de las obras expuestas, mostrándose especialmente sarcástico con una marina de Monet titulada Impresión, sol naciente. Leroy se inspiró en esta tela para llamarles “impresionistas”, pero los aludidos despojaron al término de su carga despectiva y lo transformaron en el nombre de su escuela.

La figura del artista surge en Grecia. Hacia el siglo VI a.C. comienza a utilizarse el término techné para referirse a determinadas actividades que exigen cierta habilidad. Era un concepto tan amplio y difuso que incluía la medicina, la poesía, la música, la danza, la pintura, la arquitectura, la escultura y cualquier forma de artesanía.

Se consideraba que todas estas actividades eran artes de la representación (techné mimetiké), basadas en el principio de imitación o mimesis. El médico era un artista, pues se esforzaba en restituir el equilibrio natural en el cuerpo enfermo. Dicho de otra manera, imitaba la perfecta armonía de la naturaleza. Esta concepción del arte no igualaba a todos los artistas.

Se consideraba que la poesía o la pintura eran superiores a la escultura, la arquitectura o cualquier otro género que implicara una actividad manual. De hecho, Arquímedes, que no era un artista, sino un científico, estimaba que sus inventos (máquinas de guerra, ingenios hidráulicos, poleas, palancas) eran inferiores a sus investigaciones matemáticas, donde sólo intervenían conceptos. Sabemos que Pericles apreciaba a Fidias, pero Platón expulsó a los poetas de su utopía política, pues consideraba que Homero y Hesíodo habían ultrajado a los dioses al atribuirles sentimientos como la ambición, el odio o la venganza.

La poesía puede manipular las emociones y pone en peligro en peligro la estabilidad política. Por eso, sólo deberían tolerarse la poesía y el teatro didácticos, que fomentan las obligaciones de ciudadanía. Afortunadamente, sus teorías no se convirtieron en leyes. Sólo las dictaduras han asimilado sus enseñanzas, justificando las acusaciones de Karl Popper, que sitúa a Platón en los orígenes del pensamiento totalitario (La sociedad abierta y sus enemigos, 1945).

Organizada por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), Exilio Republicano, es un ejemplo gráfico de las vivencias de los republicanos españoles durante los turbulentos años de guerra, en primer lugar contra el fascismo español y más tarde contra el nazismo alemán, con dramáticas consecuencias humanas.

El director del Museo de Historia de Cataluña, en Barcelona, abrió la exposición dedicada al exilio republicano y lo ubicó en estas fechas, de 1939 a 1945, al final de una guerra y el inicio de otra, la Segunda Guerra Mundial. Un periodo de lucha y también de esperanza porque se soñaba con una victoria frente al fascismo que llegaría a Madrid. Pero eso no pasó y habló de vencidos vencedores y de vencedores vencidos con referencia a el exilio que perdió una guerra y ganó otra, sin obtener nada a cambio.

El compañero Enrique Urraca, en representación de su Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, Exilio Republicano, artífice de esta exposición, explicó que el exilio fue más amplio de lo que ofrece la muestra, pero que el francés fue una muestra de la dura situación que tuvieron que pasar los 500.000 antifascistas que cruzaron por diferentes pasos la frontera francesa. Invitó a ver esta recopilación de fotografías, algunas ya conocidas y otras inéditas, algunas personales como las de su tío, que pasó por el campo de exterminio de Mauthausen. También introdujo un filme del Instituto Jean Vigo sobre el paso de exiliados por Le Perthus, documento impresionante que os aconsejamos.

La prensa internacional se ha hecho eco del precio record alcanzado en subasta por “El Grito” del pintor noruego Edvard Munch. No es para menos, si tenemos en cuenta que ya desconciertan las cifras barajadas tratándose de piezas únicas e irrepetibles, Con mayor motivo habrá de serlo cuando la obra en cuestión tiene otras tres hermanas gemelas: Una expuesta en la Galería Nacional y las otras dos en el Museo Munch, todas en Oslo Capital.

Hoy no es el momento ni el lugar para indagar sobre la diferencia entre el precio y el valor del Arte cuyo escándalo curiosamente provoca más pasión y enfrentamiento entre los expertos que el que cabe darse en el mercado de fichajes entre los comentaristas deportivos donde nadie parece necesitar distinguir entre las cifras indecentes que se pagan por tocar las pelotas 90 minutos y el valor laboral del esfuerzo realizado fuera del campo de fútbol que a lo mejor no da ni para cubrir una jornada a pie de obra de peón. No es el lugar, porque la mayoría de ustedes entienden más de lo uno que de lo otro, no siendo cuestión de enfrentarse a los elementos que los hay muy brutos. Y no es el momento, porque inflándose como se está inflando la burbuja del mercado del Arte, seguro estoy que la marca alcanzada por “El Grito” de Munch, pronto será superada por cualquier otra obra al capricho del comprador u ocasión del vendedor. En cambio, no creo que gocemos de mejor instante que el presente para contemplar cómo un solo cuadro puede canalizar los efluvios catárticos de toda una sociedad para erguirse en un icono referencial de una entera Época como la actual, por lo cual, sería un desperdicio hablar de lo de siempre cuando bien podemos asistir a una sorprendente serendipia que retrata la sobrecogedora coincidencia entre la Pompa y Circunstancia del despilfarro especulador de las élites financieras y la miseria humana de los pueblos.

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