Escrito por Víctor Flores Olea*. LQSomos. Mayo 2012
Hacía mucho tiempo que no leía un libro de análisis político tan cuidadoso, tan bien escrito, en muchos aspectos tan apasionante, que encierra un largo trabajo de investigación, y una reflexión a fondo sobre las implicaciones políticas y culturales a corto y largo de la elección presidencial de 2006. Este estudio de Díaz-Polanco sobre el fraude electoral de entonces, lo lleva a penetrar en algunos aspectos claves de la política en México y a presentarlos como inevitable aspecto de nuestro semblante político, aunque no guste a muchos. En cambio para otros, que quisiéramos vernos sin disimulos, el libro de Díaz-Polanco resulta fascinante, incluso porque muestra ese pragmatismo sórdido de nuestro tiempo (y de nuestros políticos) que, con todo cinismo, canjean valores morales y culturales por dinero y prebendas.
Un aspecto que contribuye a la calidad del libro es la de traer a juego y rescatar la presencia de ciertos “héroes” de las letras universales que iluminan lo dicho. Nada más faltaba que la sonrisa de telenovela de Peña Nieto fuera lo último que nos quedara en la elección de este año. Parece que vuelve Kafka (estuvo presente en el 2006, y estará en primera fila en el 2012) para presidir nuestro destino manifiesto en más de un aspecto.
Mencionemos en primer término, el carácter sacrosanto de la ley que los funcionarios e instituciones dicen respetar a toda costa y que, en verdad, en la historia del país, han convertido en sus contrarios: la justicia, la verdad, la elemental lógica, la voluntad popular, el destino de la nación…, son negados y traicionados y ante esto no hay recursos eficaces: ni siquiera el Tribunal (de la ley) porque este apenas le devuelve al ciudadano una “sonrisa obscena”. Además porque de las instituciones sólo podemos esperar “una cadena arrolladora y caótica de actos de corrupción” (nos dice el señor K, protagonista de El Proceso, de Kafka). Claro, parece que “hay la opción de no dirigirse al Tribunal en los mismos términos del desdichado K” –nos dice Díaz Polanco– y es a esto que apostó Andrés Manuel López Obrador en el 2006, con el resultado conocido.