Escrito por Francisco Cabanillas. LQSomos. Mayo 2008
El tiempo es un bien aún mucho más escaso que el dinero. El dinero puede ir y venir. El tiempo, en cambio, sólo va…
Walter Graciano
Las carnes, pollos o mariscos son marinados o frotados con una mezcla de especias, que pueden llegar a ser 30 o más, incluyendo ají habanero (un ají tan picante que el jalapeño parece suavecito), pimienta de Jamaica, nuez moscada, tomillo y cebollino. Todo se sirve acompañado de más salsa picante, arroz y guisantes, y un pan similar a las tortas de maíz fritas.
Cristina Juri Arencibia
De la zona del ALCA al Caribe. En 1993, desde el emporio miamense, cómplice, aunque parezca mentira, de un sueño viejo —¿el Miami de los Estefan y de Posada Carriles?— el vuelo a Cuba —sí, la misma que viste y calza socialismo o muerte— isla prohibida para los estadounidenses —aunque no, entre otros grupos, para los académicos— resultó, por muchas razones, memorable. Finalmente, después de muchos libros y películas, la visita a la Cuba revolucionaria se hacía realidad; ¿mejor tarde que nunca? Ahora vería con mis propios ojos lo que me habían dicho y lo que había leído. El momento de la verdad me esperaba a 90 millas de la Florida. ¿Se parecería Cuba a Fernando Ortiz, a Alejo Carpentier, a Wifredo Lam, a Nicolás Guillén, a Lezama Lima o a Irakere? ¿Se sentiría el espíritu del Che o el de Calibán? ¿Me cruzaría en alguna calle habanera con el Comandante vestido de verde?
Regreso a esa primera mitad de los noventa, una década —loca, según Joseph Stiglitz— tan lejana y a la vez tan próxima —¿le preguntamos a Menem o a Salinas de Gortari?— para rescatar, de esta conexión intercaribeña (Puerto Rico, Miami, Cuba, Jamaica), algunas relaciones de sumas y restas culturales, transacciones que, lo sabe bien Ana Lydia Vega, abren y cierran puertas del imaginario caribeño, un revolving door que funciona a muchos niveles. El relato de esta recuperación antillana está montado en dos secuencias. En la primera, un tanto vertiginosa, se da el salto inesperado —¿congruente o incongruente?— de Miami, bastión de la derecha, a Cuba, última guarida del león; en la segunda secuencia, más autocrítica, se da la transición de Cuba, zona del son, cultura del ron, a Jamaica, zona del reggae, cultura de la ganja y, para estos ojos boricuas, de una fruta roja. Drama de una caribeñidad en tensión: ensayo de sumas y restas, ¿cuántas veces se puede ganar y perder en una misma escritura?