LQSomos. ¿Democracia?

“Los militares mantienen el ánimo firme y sereno sin atender absurdas provocaciones y cumplen calladamente con su deber porque quieren ser un ejemplo de unidad, honestidad, generosidad y valentía para la sociedad a la que sirven” No me gusta nada. Son palabras sospechosas dichas por una boca que parlotea en nombre de sospechosos con uniformes y que levanta pasiones enardecidas entre los amigos de su secta.
 
Año 2013 y continuo preguntándome qué tendrá ese color verde caqui que hace que los filofascistas se levanten de su sillón, hagan la ola y aplaudan como posesos. Algo de hipnótico y adictivo deben tener los discursos guiñolescos de los militares, que yo no percibo, porque cada año, en fechas planificadas, establecidas como emblemáticas por uno de los decretos invisibles que el poder cronifica, representa la dosis exactamente indicada en la posología del tratamiento para el mantenimiento de la “unidad de la una, grande y libre patria”. “Aplíquese con generosidad”, han debido leer en esta ocasión el señor Morenés, el (impuesto)soberano y los chicos del coro verde caqui en el prospecto del medicamento.
Ya que si no se protesta en masa y no se hace saber al PP que éste no es el camino, seguirán imponiendo sus medidas neoliberales. Y es que nos guste o no, esto sí que es una lucha de clases en toda regla, sólo que esta vez no la ha empezado la mayoría social.

España en la periferia de Europa…
 
“entre la violencia y la cobardía prefiero la violencia”  Ghandi
 
La tragedia de estos últimos años para millones de personas en el estado español y otros países de la periferia europea está siendo, lo que los expertos han dado en llamar crisis…, y es una tragedia porque está dejando a miles en la calle. Sin embargo dar por cierto la crisis por sí sola empuja a millones a la miseria estaríamos faltando a la realidad y estaríamos dando una “verdad a medias” ya que no es sólo la crisis. Quien está dejando en la calle a miles de ciudadanos además de la crisis, es principalmente el gobierno que con la excusa de la “crisis” ha impuesto, entre otras cosas, una reforma laboral que permite a las empresas, despedir cuando quieran y como quieran al trabajador.
El capitalismo de Estado tiene dos caras y un único destino manifiesto: que sus rehenes acepten la dominación y la explotación como si fuera un fenómeno natural. Su alma política se sustenta sobre la ficción del ejercicio pleno del “derecho a decidir” por parte de sus víctimas, cuando son los dirigentes quienes lo monopolizan en exclusiva. Su alma económica, por el contrario, se basa en el supuesto de una omnímoda “libertad de elegir”, mediante la presunción de que la población puede satisfacer sus necesidades selectivamente, cuando en realidad es que se trata de un feudo de los adinerados en el que los pobres no cuentan. Pero esta soez estrategia se ha encontrado con un la horma de su zapato, no por cierto en la gravedad de la crisis desatada por los magnates financieros, sino en la respuesta radical y beligerante del 15-M, los sindicatos de base y los movimientos sociales. La movilización de la sociedad civil está logrando que los intentos de los partidos y sindicatos oficiales para regenerar el sistema se vuelvan contra ellos.
La capacidad para adjetivar las políticas de recortes antisociales y antidemocráticos no tiene límite. Tampoco el cinismo y la hipocresía con que actúa la clase política gobernante. Mariano Rajoy, presidente del gobierno; María Cospedal, pluriempleada, secretaria general del Partido Popular y presidenta de la Comunidad Autónoma de Castilla la Mancha, y Alberto Ruiz Gallardón, ministro de Justicia, se emplean a fondo. Hablan de dolor a la hora de aplicar las políticas de ajuste presupuestario. Para ejemplarizar cuál es su estado de ánimo, Gallardón ha puesto de moda una frase que está en boca de muchos ministros y de Rajoy: Gobernar consiste en repartir dolor. Pero en la repartición hay quienes lo infringen y administran y otros que lo reciben y padecen. En esta crisis las decisiones no afectan por igual a unos y otros. Torturador y torturado no son lo mismo. Pensar en el sufrimiento y el dolor ajeno para quienes se benefician del mismo no deja de ser un comportamiento rayano en la enfermedad patológica. Ellos sienten el dolor ajeno, aunque no hacen nada para remediarlo. Gracias a sus lumbreras, la vida cotidiana en España se llena de dolor. Veamos.
Acoso exterior y deserción interior. Estas son las condiciones necesarias para que un régimen colapse. Y ambas ya se han hecho presentes aquí. Una ha sido la protesta insurgente del 15M y otros colectivos sociales contra las políticas reaccionarias del bipartidismo dinástico turnante. La otra, la implosión en las entrañas del sistema de la deriva independentista de CiU, que rompe por el eje el pacto que fundó la transición. Ahora sólo cabe esperar la reacción de los poderes fácticos y, llegado el caso, que la ciudadanía responda con la legitimidad revolucionaria que la ocasión demanda. Veremos si 34 años de constitución han sido suficientes para fomentar en el seno del Ejército valores democráticos que sofoquen su ardor guerrero contra la soberanía popular.
“Si luchamos, puede que perdamos; si no luchamos perderos”
 (De una pancarta)
 
De exquisita basura podría calificarse el apareamiento que PP y PSOE practican con tanta saña como empecinamiento antisocial. El grito “PSOE-PP, la misma mierda es”, que suele acompañar a las manifestaciones del 15M es sólo una reflejo de tan triste realidad. No pasa día sin que la actualidad nos deje rastros y testimonios de esa extraña comunión entre la derecha real y la izquierda oficial que sirve para mantener enhiesto el tinglado de la farsa. Lo que pasa es que ellos mismos, las cúpulas de los partidos a diestra y siniestra, no son inmunes a la crisis y tienen que adoptar posturas agresivas que hacen aún más descarado el nivel de sus fechorías. PP y PSOE, tanto monta monta tanto, asisten a una implosión interna, y en su intento de nadar y guardar la ropa caen en una atropellada fuga hacia delante que desnuda sus más íntimas intenciones.
Samba Martine murió desatendida siendo el nº 3106 en el CIE de Madrid. A un año de su muerte se exige justicia para una migrante con nombre y apellido.
 
A sus 33 años, Samba Martine migró desde el Congo, con su hija, hacia el Estado español, buscando un futuro mejor. Al llegar fue detenida por su situación irregular. En los cuarenta días que estuvo privada de libertad acudió, al menos en diez ocasiones a los servicios médicos porque se sentía muy enferma. En ninguna de estas ocasiones se le practicó prueba diagnóstica alguna para averiguar la causa de su estado, ni un triste análisis de sangre, ni tampoco hubo traductor. A Samba Martine se la comió la infección sin que nadie hiciera nada por impedirlo.
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