LQSomos. Y nosotras ¿Qué?

¿Por qué son las mujeres quienes tienen que decir ¡NO! y ellos quienes pueden no escucharlo? parece una pregunta con respuesta obvia.

Traemos este trabajo sobre las agresiones sexuales,un Estudio cualitativo exploratorio realizado en la Comunidad Autónoma de Euskadi, que se puede extrapolar a los diferentes territorios.

Compartimos este trabajo tiene mucho que agradecer a las mujeres que participaron en los grupos de discusión. Para casi todas ellas fue la primera vez que pusieron nombre a una experiencia. Y fue difícil... pero importante. Lo más importante para quienes llevamos adelante esta tarea ha sido poder darles voz y confiar en que esa voz será escuchada.

¿Por qué son las mujeres quienes tienen que decir ¡NO! y ellos quienes pueden no escucharlo? parece una pregunta con respuesta obvia. De hecho, mientras realizábamos esta investigación, observa- mos expresiones de asombro y algunas respuestas automáticas: «hombres y mujeres somos víctimas del sistema patriarcal», «por la educación diferenciada», «porque hombres y mujeres tienen distin- tas necesidades sexuales, ellos más», «los medios de comunicación tienen mucha responsabilidad», «no hemos avanzado nada...», «agresiones aquí casi no se dan, son las chicas que se lían mucho y no saben controlar»...

En el barrio de Mtongani, del distrito de Kinondoni, en la ciudad de Dar es Salaam (Tanzania), una gran cantera forma la trastienda de un barrio humilde, y refleja la clase social de sus habitantes. Por un lado, están quienes viven en el corazón de la propia cantera y a diario parten roca al sol. La mayoría de ellas son mujeres. Por otro, están aquellos a quienes les ha ido mejor, y han podido comprar una parcela de la cantera al gobierno y emplear a sus propios partidores.

En Tanzania, la piedra no da mucho dinero, pero es un negocio seguro, ya que es una de las materias primas más usadas. Se utiliza para la construcción, y de eso hace falta mucho en Dar, una ciudad con importantes carencias en infraestructuras. Un cubo de piedra picada se vende por 350 chelines tanzanos, alrededor de 15 céntimos de euro. Un camión cargado de piedra cuesta 45.000 chelines, unos 25 euros.

Pese a los esfuerzos del gobierno dominicano por enfrentar la situación de adolescentes embarazadas y violadas, en ocasiones hasta por familiares cercanos, la realidad se escapa de las manos y toma linderos inimaginables.

Los casos se multiplican y la Fiscalía de esta capital recibe unas 15 denuncias cada mes de jóvenes en edades que oscilan entre los 11 y los 16 años. En la mayoría de los actos los padres no solo conocen, sino que reciben remuneración de los victimarios.

Una menor de 13 años, cuya vida peligra por presentar un embarazo de seis meses, nada menos que de trillizos, es atendida en la Maternidad Nuestra Señora de La Altagracia, ubicado en Santo Domingo, Distrito Nacional.

Según trascendió a los medios de prensa, la muchachita fue abusada por un hombre de 60 años "que le hacía regalos para convencerla y llevaba comida a sus padres, de quienes se considera amigo y les ayuda con múltiples ´favores´". La familia vive en extrema pobreza, en Los Corozos de San José de Ocoa, al suroeste del país.

“En las calles, las mujeres han seguido sufriendo acoso sexual. Además, el número de violaciones durante las protestas es aterrador. Las autoridades ni protegen a las mujeres ni condenan a los responsables de acoso, impunidad que ha ayudado a que más hombres sean participes de este fenómeno sin parangón”

La revolución egipcia que comenzó en Tahrir el 25 de enero de 2011, y que alcanzó su clímax el 11 de febrero del mismo año con el derrocamiento de Hosni Mubarak, supuso un soplo de esperanza entre la población egipcia.
 
Conquistaron sus miedos acrecentados por décadas de estricta dictadura, tomando las calles y llevando a cabo una revolución sin precedentes en la historia del país.
 
La plaza Tahrir, que en español significa “liberación”, se convirtió entonces en símbolo de libertad y lucha, consiguiendo unir a toda la población egipcia bajo una misma voz, informa el portal Miradas de Internacional.
 
Durante los 18 días entre el comienzo del levantamiento y el final del gobierno de Mubarak, jóvenes y mayores, musulmanes y cristianos, mujeres y hombres, sin diferencia, estuvieron presentes en la plaza Tahrir.

Durante la década de los setenta, emergió el movimiento chicano por los Derechos Civiles orgulloso de su origen mexicano emigrado hacia el Norte o nacido en los Estados Unidos. Con su conformación, no sólo había un interés por reivindicar la conquista de justicia social e igualdad sino también por concientizar a su comunidad en cuanto al racismo y a la discriminación. Por lo tanto, el chicano o “mexican o latin-american”, desde sus orígenes, presentó aristas diversas, complejas y dinámicas en relación al “anglo” que no es más que cualquier persona blanca de habla inglesa. Una buena parte de sus iniciativas consistía en establecer una variedad de objetivos relacionados a la educación: reducir la deserción escolar; mejorar los logros educativos; llevar a cabo programas bilingües y biculturales. Además, con tales iniciativas intentaban incrementar materias con temáticas propias en el plan de estudios, creación de cursos y programas de conocimientos chicanos junto con el aumento de profesores de ese origen. Por esa razón y muchas otras más, miles de estudiantas/es se movilizaron y formaron organizaciones que apuntaban a la reforma educativa, al activismo por la visibilidad como una intervención política en el ámbito público.

Un elemento de significativa trascendencia para el reconocimiento del movimiento en Estados Unidos, consistió en realzar el arte chicano en su diversidad de expresiones que fue floreciendo a pasos acrecentados. Asimismo, irrumpió en el campo universitario, en las organizaciones políticas y sindicales. En fin, todas estas apuestas partieron de una urgencia imperativa por parte de dicha comunidad en decir “acá estamos”.

Hay quienes ejercen la burla como deporte diario. Y si es contra los chavistas, les da caché. Esos dueños de la sapiencia más ancestral vienen de lejos. A Chávez le decían "mono", "macaco", "cerebro de verruga" y cualquier otra sandez. Chávez comenzó a usar el llamado "lenguaje de género", y se burlaron. Le decían bruto, bestia, animal. Decían que no "acaterían" dicha forma de hablar (García Arocha, 2009) , que era una falta del "verbo responsabilidad" (Machado 2012).

Hoy, la culta burla continúa. Siguen burlándose de la visibilización de la mujer a través del lenguaje. Se aferran a las normas de la Real Academia Española, con mayor fuerza incluso que muchos de los lingüistas que hacen vida en ella allá en Madrid. No pocos ridiculizan en lenguaje de género, incluso muchos nuestros suelen decir que es una exageración estar hablando en femenino y masculino para cada término.

En 2004, un título de una Universidad autónoma venezolana decía: Gabriela Blanco, Odontólogo. Hoy, dice Odontóloga. Cabe preguntarnos: ¿por qué históricamente nos acostumbramos a generalizar hacia el género masculino?

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