Escrito por Pablo Vasco. LQSomos. Octubre 2012
El socialista que no es feminista carece de amplitud.
Quien es feminista y no es socialista carece de estrategia."
Louise Kneeland, socialista y feminista norteamericana, 1914.
Las clases dominantes justifican su explotación naturalizando y profundizando la división de clases: siempre hubo ricos y pobres, algunos logran progresar, existen capacidades diferentes… De un modo similar, también naturalizan el orden patriarcal, la supuesta inferioridad de la mujer, la maternidad como un mandato social ineludible y las tareas domésticas como su correlato.
Pero la diferencia biológica, por sí misma, no impone jerarquía ni prioridad alguna entre el hombre y la mujer. Es el propio sistema capitalista el que asigna roles fijos a unos y otras con el objetivo de asegurar el sostenimiento y la reproducción de sí mismo. En esa construcción impuesta, se espera que la mujer sea quien garantice el cuidado cotidiano y la continuidad futura de la mano de obra del sistema, y mucho mejor aún si a la vez cumple con ser compradora compulsiva y objeto sexual.
Las conductas machistas que ejercen muchos trabajadores y varones de sectores populares, y que tantas mujeres también aceptan como "normales", tienen su origen en la estructura económica e ideológica del sistema dominante.
La doble opresión que sufren las mujeres bajo el capitalismo tiene asimismo un lado más oscuro y doloroso que el plano social, ya que a veces también está presente en el hogar, en el barrio, en su relación íntima o de pareja con un hombre. Y se refleja en las altas cifras de mujeres golpeadas o maltratadas y en la cantidad de femicidios.