LQSomos. Y nosotras ¿Qué?

Ser mujer rural y no morir –literalmente- en el intento, es un reto al que cada día se enfrentan millones de mujeres en todo el mundo.

A partir de los años 60 con las promesas de la Revolución Verde, pero sobretodo en las dos últimas décadas al amparo de la globalización y la liberalización del mercado agrícola, la agricultura ha sufrido una transformación drástica a nivel mundial. Hemos pasado de cultivar de un modo natural, en consonancia con los ciclos de la naturaleza, con productos culturalmente adaptados y destinados al mercado local a deslocalizar las producciones, reducir las variedades existentes de cada producto para uniformizar gustos y consumo, emplear masivamente agroquímicos como fertilizantes y pesticidas, y conseguir que, de media, un alimento viaje mas de 2.500 Km. hasta llegar a nuestra mesa. El modelo de producción agrícola industrializada dominante está permitiendo que un puñado de multinacionales del sector agroalimentario se enriquezca gracias a las favorables normativas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y al uso de un petróleo aún barato. Pero este modelo productivo es también responsable de que el 70% de los casi 1.200 millones de personas que pasan hambre en este planeta sean, paradójicamente, población campesina.

Este escenario es obviamente duro para el pequeño campesinado tanto aquí como en el Sur global, sin embargo, esta situación no está afectando por igual a hombres y mujeres en el mundo rural. Vivimos en sociedades patriarcales y ninguna actividad humana es ajena a esta realidad. Desde la carencia de derechos laborales e independencia económica hasta el hambre y la pobreza pasando por diversos tipos de violencia, las mujeres campesinas son el colectivo más perjudicado por la introducción de la agricultura industrial y las políticas del comercio internacional.

La economía feminista, se erige como unacorriente de pensamiento que pone en tela de juicio algunos conceptos centrales de la teoría económica tradicional. La misma se distingue por sus propuestas en cuanto al pluralismo metodológico y la multiplicidad institucional, a la par que sostiene una concepción del hombre que trasciende el mero comportamiento racional.

El enfoque antes citado parte de la aceptación de que la economía convencional ha incorporado en su cuerpo teórico supuestos y conceptos que resultan restrictivos para el análisis de la realidad. Tal es el caso de actividades que si bien no responden a las reglas del mercado – como por ejemplo las actividades domésticas – tienen una fuerte incidencia sobre el bienestar. Es allí donde surge la economía feminista, que en décadas recientes se ha ocupado de reformular algunos conceptos centrales del análisis económico. Si bien los avances producidos han sido importantes, es preciso destacar que aún hoy están vigentes las palabras de Nelson, cuando al inicio de una destacada contribución al Journal of Economic Perspectives, expresaba:

El socialista que no es feminista carece de amplitud.

Quien es feminista y no es socialista carece de estrategia."

Louise Kneeland, socialista y feminista norteamericana, 1914.

Las clases dominantes justifican su explotación naturalizando y profundizando la división de clases: siempre hubo ricos y pobres, algunos logran progresar, existen capacidades diferentes… De un modo similar, también naturalizan el orden patriarcal, la supuesta inferioridad de la mujer, la maternidad como un mandato social ineludible y las tareas domésticas como su correlato.

Pero la diferencia biológica, por sí misma, no impone jerarquía ni prioridad alguna entre el hombre y la mujer. Es el propio sistema capitalista el que asigna roles fijos a unos y otras con el objetivo de asegurar el sostenimiento y la reproducción de sí mismo. En esa construcción impuesta, se espera que la mujer sea quien garantice el cuidado cotidiano y la continuidad futura de la mano de obra del sistema, y mucho mejor aún si a la vez cumple con ser compradora compulsiva y objeto sexual.

Las conductas machistas que ejercen muchos trabajadores y varones de sectores populares, y que tantas mujeres también aceptan como "normales", tienen su origen en la estructura económica e ideológica del sistema dominante.

La doble opresión que sufren las mujeres bajo el capitalismo tiene asimismo un lado más oscuro y doloroso que el plano social, ya que a veces también está presente en el hogar, en el barrio, en su relación íntima o de pareja con un hombre. Y se refleja en las altas cifras de mujeres golpeadas o maltratadas y en la cantidad de femicidios.

Marchamos por una vida digna y sostenible.

 

En estos tiempos sombríos de austeridad, constatamos con indignación el agravamiento de las condiciones de vida de las mujeres en nuestro continente, especialmente en el sur de Europa. En muchos países europeos la crisis económica fue usada para concentrar la riqueza y el poder en pocas manos, explotando al máximo la fuerza del trabajo, limitando prácticas democráticas, reprimiendo a los movimientos sociales y de ciudadanía y aumentando el odio y la división entre diferentes sectores de la población. 

 

La europa del capital está saqueando nuestras vidas y nuestros derechos, está llevando a nuestras sociedades a un estado de emergencia en el que somos las mujeres las principales afectadas tanto por los recortes como por las políticas conservadoras de los gobiernos liberales que pretenden imponer valores basados en la ‘vuelta al hogar’ y en el modelo de familia nuclear contra el que tanto hemos luchado las feministas. Nosotras mujeres, sufrimos de manera diferente los efectos de las crisis económicas y sociales porque nos encontramos diferentemente posicionadas en las jerarquías del poder económico, político, social, cultural y simbólico. La división del trabajo expresa la jerarquización  de tareas o de personas, bien como ideas o representaciones sociales acerca de las divisiones técnicas del proceso productivo y las relaciones sociales que intervienen en él y que distribuyen las y los trabajadores / as por distintas actividades.

Comienza un nuevo curso y como siempre son muchas las cuestiones que las familias tienen que resolver, pero este año la situación es más complicada, además de la dinámica diaria a la que hay que hacer frente, se plantean problemas añadidos que complicarán más la situación de muchas familias. Me refiero a la eliminación o reducción de becas para el comedor o para la compra de libros. La situación económica hace que sea complicado para muchas/os madres y/o padres hacer frente a los gastos que supone el comedor. De hecho ya se habla del curso del ‘tupper’. Tampoco podemos olvidar los recortes que la educación está sufriendo.

El debate sobre este tema está abierto y las implicaciones que va a tener son considerables. Pero de lo que hoy quiero hablar es de otra cuestión que también es de actualidad estos días y que os invito a debatir: el modelo de enseñanza que desde algunos ámbitos se está proponiendo: la educación segregada por sexos.

Lasentencia del Tribunal Supremo, que rechaza que los colegios que segregan por sexos reciban fondos públicos, ha reabierto la cuestión de si es conveniente o no que niñas y niñas se formen en aulas separadas. Sabemos que siempre ha habido colegios que han separado a niñas y niños, pero el debate que se plantea es si estos colegios, que en su mayoría dependen de instituciones religiosas, deben recibir o no subvenciones del Estado.

El pasado 28 de agosto murió Shulamith Firestone que, junto a Kate Millet, fue una de las principales fundadoras teóricas del feminismo radical con su obra "La dialéctica del sexo", publicada en 1970. Fue también fundadora de algunos de los colectivos de mujeres más activos en Nueva York en esa década. Firestone murió de muerte natural a los 67 años. Tras el enorme éxito de su primera obra, escrita con 25 años, se retiró de la actividad pública y desde entonces vivía prácticamente recluida en su apartamento.

Desde la perspectiva actual, "La dialéctica del sexo" destaca por su utopismo y un cierto determinismo biológico, pero su vehemencia y originalidad lo hacen una lectura todavía recomendable. La tesis principal de Firestone, en diálogo con Engels, Beauvoir y Marcuse, es que "existe una dialéctica más radical que la de la lucha de clases": la servidumbre biológica que se sitúa en la raíz de la opresión de las mujeres.

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