Alberto Mas*. LQSomos. Junio 2017

EEUU y el Destino Manifiesto

La actual intervención de los EE.UU. sobre América Latina y el Caribe no representa un nuevo proyecto imperial, es simplemente otra etapa de la aplicación del paradigma norteamericano del destino manifiesto, que el presidente James Monroe lanzara como principio de política exterior en 1823 ante el Congreso de la Unión: “América para los americanos”; su primer efecto, la apropiación de la mitad del territorio de México tras la guerra de 1847, para luego continuar en el siglo XX instrumentando la política del Big Stick (gran garrote), al lanzarse a la re-colonización del continente arrogándose el derecho de intervenir en los asuntos de otros países donde consideren que sus intereses, y los de las empresas norteamericanas, están siendo afectados, en especial en lo que definen como su “patio trasero”.

Sería largo analizar la historia del intervencionismo norteamericano en América Latina y el Caribe, en este siglo su gran jugada política era constituir el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas), desbaratada en 2005 en la ciudad de Mar del Plata, Argentina, con una actuación magistral de los nuevos líderes que surgían a la sombra de la resistencia de Cuba: Chávez, Lula, Kirchner, con el apoyo de los movimientos sociales latinoamericanos y las fuerzas que emergían en Ecuador y en Bolivia.

La ola progresista avanzaba con fuerza y a una incipiente integración regional, se sumaban Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, Fernando Lugo en Paraguay, Daniel Ortega en Nicaragua, Salvador Sánchez Cerén en El Salvador y los acuerdos del ALBA-TCP, CELAC, UNASUR. Eso no implicó una retirada norteamericana de la región, sino un trabajo de preparación de una ofensiva generalizada que se agazapaba, lista para dar el zarpazo y recuperar el terreno perdido.

En abril de 2013 el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, durante un discurso ofrecido ante el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes de su país afirmó “América Latina es nuestro patio trasero (…), tenemos que acercarnos de manera vigorosa (…), trataremos de hacer lo posible para tratar de cambiar la actitud de un número de naciones, donde obviamente hemos tenido una especie de ruptura en los últimos años”… y lo están haciendo.

No improvisan, cuentan con el desarrollo y práctica de numerosas organizaciones, ONG’s, los denominados “think Tanks” o tanques pensantes y con la tecnología apropiada. Un ejemplo de ello es el Albert Einstein Institution, a cargo de Gene Sharp, en la investigación y aplicación del denominado “manual para dar golpes de estado suaves”, que podemos sintetizar en cinco etapas (1).

La primera etapa es promover acciones no violentas para generar y promocionar un clima de malestar en la sociedad, destacando entre ellas denuncias de corrupción, promoción de intrigas o divulgación de falsos rumores.

La segunda etapa consiste en desarrollar intensas campañas en “defensa de la libertad de prensa y de los derechos humanos”, acompañadas de acusaciones de totalitarismo contra el Gobierno en el poder.

La tercera etapa se centra en la lucha activa por reivindicaciones políticas y sociales, desabastecimiento generalizado promoviendo saqueos y en la manipulación del colectivo desde los medios para impulsar manifestaciones y protestas violentas, amenazando las instituciones.

La cuarta etapa pasa por ejecutar operaciones de guerra psicológica y desestabilización del Gobierno, creando un clima de “ingobernabilidad”.

La quinta y última etapa tiene por objeto forzar la renuncia del Presidente de turno, mediante revueltas callejeras para controlar las instituciones, mientras se mantiene la presión en la calle. Paralelamente, se prepara el terreno para una intervención militar, mientras se desarrolla una guerra civil prolongada y se logra el aislamiento internacional del país.

Cuando el golpe de Estado fomentado por la CIA fracasa en Venezuela, en abril de 2002, el Departamento de Estado recurre al Albert Einstein Institution. Éste aconseja a los dueños de empresas durante la organización del referéndum revocatorio contra el presidente Hugo Chávez. Gene Sharp y su equipo guían a los dirigentes de “Súmate” durante las manifestaciones de agosto de 2004, y no se han retirado (2).

No es casualidad que en el golpe parlamentario a Fernando Lugo en Paraguay en el año 2012, la embajadora de los EE.UU de Norteamérica haya sido Liliana Ayalde, la misma que ocupa ese cargo en Brasil mientras se derroca a Dilma Rousseff. Tampoco lo es la campaña mediática que coordina la CNN apoyándose en las corporaciones de medios que monopolizan la información en el continente -guerra de cuarta generación la llaman-. Los cañones, fusiles y las balas son micrófonos, diarios y televisores blindando las posiciones de las derechas locales y atacando a las dirigencias populares. Excelente resultado les dio, bloquearon la reforma constitucional en Bolivia que hubiese permitido reelegir a Evo Morales, lograron el triunfo del neoliberalismo oligárquico-empresarial-multinacional en las elecciones de 2015 en Argentina y el impeachment brasilero del 2017.

Todos estos instrumentos hoy se coordinan en el ataque a la República Bolivariana de Venezuela, tras el triunfo electoral de Macri en Argentina y el golpe de Temer en Brasil. Consideran que Maduro sería el último gran escollo estratégico para que se produzca un efecto dominó en la América Latina y el Caribe, que con las dos grandes economías sudamericanas en caja, y apropiándose de las reservas petroleras de Venezuela, Cuba y los países del Alba y el Caricom serían presa fácil. El patio trasero estaría ordenado.

El ataque despiadado contra la Venezuela Bolivariana es un tiro directo sobre Cuba también, la nueva estrategia del presidente Donald Trump de enfriar las negociaciones en la normalización de las relaciones diplomáticas con la Mayor de la Antillas no es casual. La mayoría de los cañones apuntan hoy al Presidente Maduro y a la Revolución Chavista como prioridad, pero no alejan de su mira a la Cuba socialista.

La agresividad que muestra la oposición venezolana contra el chavismo en el gobierno, denunciada ampliamente por ser financiada desde organizaciones ligadas a la CIA y al Departamento de Estado Norteamericano, más las presiones impulsadas desde la Casa Blanca y el denominado “departamento de Colonias” en el que se ha convertido la Organización de Estados Americanos (OEA), con su Secretario General Luis Almagro, cuyos vínculos con la CIA han sido denunciados públicamente, demuestran y reafirman la política injerencista que está aplicando los EE.UU.

La utilización del manual de “golpes blandos” es un hecho, a la vista hasta para los que no lo quieren ver, acciones violentas para generar un clima de malestar en la sociedad, falsas campañas de defensa de los derechos humanos, manifestaciones y protestas violentas, guerra psicológica y mediática para generar un clima de ingobernabilidad, para pasar a la última fase: forzar la renuncia del Presidente Maduro o una intervención extranjera.

Nadie puede negar que detrás de este plan está Washington y el poder económico-militar de los Estados Unidos. No necesitaremos esperar a que desclasifiquen documentos después de 25 o 30 años de los hechos para ver lo que pasa hoy en Venezuela, tan similar como los hechos ocurridos en el Chile de 1973 contra el gobierno socialista de Salvador Allende, desabastecimiento y actos terroristas contra el gobierno financiados e impulsados desde los EE.UU para desalentar a las fuerzas populares y poner un títere en su reemplazo.

Impulsar la defensa del gobierno de Nicolás Maduro y la Revolución Bolivariana, es estratégico para la supervivencia de una América Latina independiente del imperio, que pueda plantearse una integración económica, política y social, que le permita desarrollar todo su potencial, logrando la definitiva liberación.

Un baño de sangre militante, como ya ocurriera en Colombia con la Unión Patriótica en la década de 1980, se avecina si cae la República Bolivariana de Venezuela en manos de la oposición entreguista y pro yanqui. La brutalidad que se aplicará en todo su territorio, no solo sobre las conquistas sociales logradas desde que el Comandante Hugo Chávez alcanzó el poder, sino sobre todo el pueblo que apoyó y apoya la construcción de una sociedad avanzando hacia el socialismo del siglo XXI, intentará ser ejemplificadora y aleccionadora para todos los pueblos del continente que impulsan políticas de cambio, progresistas, antiimperialistas, igualitarias.

No se debe caer en las falsedades ideológicas que el enemigo plantea permanentemente o en actitudes infantilistas, como hemos visto en las organizaciones trotskistas, partido obrero e izquierda socialista en Argentina o el partido socialismo y libertad en Venezuela, que hacen del anti-chavismo una bandera para –dicen- construir políticas a favor de los trabajadores (sic), son funcionales al enemigo. Si en una guerra se ataca la dirección propia, con cualquier excusa, se está del lado del bando opositor, y hoy en la Venezuela Bolivariana se está viviendo un estado de guerra, el pueblo se enfrenta al imperio y sus lacayos del interior, rémora de esa Cuarta República cipaya, vividora de las regalías petroleras y hambreadora del pueblo, desplazada del poder por las fuerzas populares bajo la dirección del Comandante Hugo Chávez. En esta situación o se apoya al gobierno del Presidente Nicolás Maduro o se está en la vereda del imperio norteamericano.

Las diferencias en el campo de la Revolución, que de seguro existen y hay mucho por corregir y modificar para continuar con el Legado de Bolívar y Chávez, se deben resolver en el debate político constructivo que plantea la Constituyente, un instrumento que debe transformarse en la herramienta de la consolidación del proyecto nacional, popular y revolucionario iniciado en 1989 con el Caracazo, continuó con la rebelión cívico-militar de 1992 y que se plasmó en 1999 con el triunfo electoral chavista, dando paso a una nueva etapa de lucha. Eso es algo que no debemos perder, sino profundizar, acabando definitivamente con las estructuras económicas y políticas que frenan las transformaciones necesarias, como dijo Fidel Castro en su definición de Revolución: Cambiar todo lo que deba ser cambiado.

Notas:
1.- Síntesis recopilada por Russia Today (RT)
2.- La Albert Einstein Institution: no violencia según la CIA
* Corresponsal de Cubainformación en Buenos Aires

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