Mar G. Orozco*. LQSomos. Agosto 2017

Al calor de la corrupción

Estamos en Pietrammare, un pequeño pueblo siciliano con vistas al mar. La vida transcurre llena de imperfecciones, como siempre ha sucedido durante los últimos años: socavones en el asfalto, tráfico constante por el centro, suciedad y basura que se acumula en las calles… Tampoco les falta un gran puerto sin barcos y una fábrica propia altamente contaminante.

El equipo municipal está dirigido desde hace quince años por Gaetano Patané, alcalde dado a los favores personales y las corruptelas. A las nuevas elecciones se presenta otro candidato, Pierpaolo Natali, que sale elegido alcalde y que recoge la protesta de los vecinos en un programa que promete combatir la ilegalidad con una transparencia absoluta. Es la hora del cambio, ya que el nuevo regidor está dispuesto a cumplir palabra por palabra, todas sus propuestas.

Las situaciones que se crearán, tras su victoria, plantearán si realmente los electores están preparados para asumir las consecuencias. La ruptura completa con las anteriores actitudes políticas y sociales resulta ser un experimento complicado y contradictorio que no deja títere con cabeza (el cura del pueblo, los funcionarios, los cuñados, la mafia y los propios vecinos).

Con mucho humor la película hace pensar en los elegidos, pero sobre todo en los electores, en nosotros mismos. Las circunstancias, a veces desternillantes por lo familiar, hacen pensar en qué papel tomaríamos cada uno de nosotros como ciudadanos, si somos capaces de ser honestos y coherentes, si estaríamos dispuestos a llegar hasta el final con nuestros principios más básicos (siquiera), soportando las molestas consecuencias. Si en un momento dado no caeríamos en la tentación de lo fácil. Pero sobre todo, en si vamos a seguir consintiendo que alguien meta mano a lo que es de todos.

No nos resulta extraña la corrupción que describe esta sátira, tanto en Italia como en España la tenemos muy presente. Y el humor bien llevado como vía de análisis y reflexión funciona a la perfección, refresca y mantiene cierta claridad en estos días convulsos y oscuros.

La honestidad como problema

La hora del cambio es la quinta película Ficarra y Picone como directores, con la que han decidido dar un giro sustancial a la temática a la que tienen acostumbrado a su público poniendo el objetivo en la política, concretamente en lo que ahora identificamos con ella: la corrupción. Con más atino, en quien la permite.

“La honestidad -comenta Picone- es una idea hermosa, pero puede convertirse en un problema, y el político que la defiende en ‘el malo’”. Aunque bromean afirmando que éste es “un film de ciencia ficción”, los cineastas han fotografiado la realidad para conformar el guión: “tenemos, por ejemplo -dice Ficarra-, al alcalde de Licata, que vive bajo protección policial por su lucha contra la construcción ilegal”. Ficarra y Picone no querían plasmar hechos concretos, pero, aseguran, “ha sido difícil porque la realidad superó a nuestra ficción en todo momento durante el rodaje”.

“Bebemos de la realidad que siempre hemos conocido -añaden-, y no de la realidad de la burbuja de la elegante periferia de Milán o el centro de Roma. Tenemos amigos que han perdido su trabajo y que tienen dificultades para vivir”.

“La idea de la película -cuentan los cómicos-, surgió de una cosa muy simple: cuando entras a un bar siempre vas a encontrar a un tipo leyendo el periódico que lamenta: ‘¡los políticos son todos unos ladrones!’. Y siempre hay otro que responde: ‘sí, vale, pero los que los hemos elegido también tenemos algo de responsabilidad’. De esta situación hicimos una película”.

La realidad de Pietrammare

Pietrammare es un pueblo ficticio que nace de la imaginación de Ficarra y Picone. Aunque la realidad que se vivía en la localización que le dio cobijo sirvió a los cómicos de gran inspiración. Termini Imerese es el nombre real de ese pequeño rincón costero de Palermo, que antes de que llegara el equipo de rodaje estaba sumido en una crisis. Apenas un par de meses antes del inicio del rodaje su alcalde dimitió. Le habían acusado de malversación, estafa agravada, falsificación y abuso de poder.

Se podría decir que Ficarra y Picone fueron el germen de la revolución o, al menos, los responsables de llevar a cabo un buen lavado de cara. El pueblo experimentó un cambio literal con su presencia: para empezar el equipo rehabilitó la plaza y construyó dos nuevas fuentes. Tras tres meses de rodaje se respiraba otro ambiente. Tanto es así que nombraron a los cómicos Ciudadanos de Honor en un acto en el que el alcalde -el nuevo-, les dedicó estas palabras:

“La realización de La hora del cambio ha supuesto una importantísima oportunidad para promover, a escala nacional, el municipio y su patrimonio artístico, y ha aportado importantes beneficios económicos a la ciudad de Termini Imerese, fruto de la actividad cinematográfica que ha dado trabajo a empresas y trabajadores locales”.

El agradecimiento fue mutuo, Ficarra y Picone confesaron que “Termini Imerese es una ciudad maravillosa que hemos redescubierto viviendo las calles del casco antiguo. Una ciudad hermosa, tal vez un poco ‘maltratada’ pero no por eso menos bella”.

* Miembro de la Asamblea de Redacción de LQSomos
En Twitter @LaMariadeO

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