La Calle |
| Año V. / | |||||
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Juan Martín, una odisea republicana Para muchos jóvenes valencianos la Guerra Civil supuso un cambio decisivo en sus vidas. Buen número encontró la muerte antes de los veinte años. Juan Martín Minués sobrevivió para emular, sin pretenderlo, a Odiseo, el astuto héroe de Ítaca creado por Homero. El 27 de febrero de 1937 este joven, hijo de Juan y Maria, mecánico ajustador en Construcciones Devís con carné de la CNT solicitó, “creyendo reunir las condiciones necesarias”, ser admitido en un curso para pilotos convocado por el Gobierno de la República. Repaso el documento, una instancia primorosamente escrita a mano y en papel de barba donde, con lápiz de trazo grueso y color azul, alguien escribió: Piloto 259; 19 años, bien. Juan fue admitido viajando a Odessa, y desde allí a la Academia Militar de Kirovabad en la republica soviética de Azerbaiyán, donde, tras varios meses de preparación técnica y política obtuvo sus alas de “sargento piloto”. Su hija Maribel me muestra un cuadernillo con tapas duras de color rojo donde Juan Martín anotaba, hace 70 años, las características de vuelo de los biplanos rusos U-2 y R-5. Gracias a la tenacidad y valor de Isabel, su inseparable compañera, dispongo de unas viejas fotos y papeles que me han permitido reconstruir esta singular odisea. De vuelta a la guerra, Juan fue derribado el 15 de mayo de 1938. En junio, el mando comunicó a sus familiares la desaparición de su avión, pero no el paradero del piloto que se lanzó en paracaídas en territorio enemigo. Dos meses más tarde, considerado oficialmente “desaparecido en un servicio efectuado en el frente de Levante”, se le comunicó a la familia que efectuara los trámites para cobrar las 375 pesetas mensuales de la pensión. Amargo momento, pero, poco después un teniente piloto informó que estaba prisionero de los facciosos y en buen estado de salud. Finalmente, pudo ser canjeado y volver a casa días antes de terminar la guerra. Lo peor estaba por venir. En julio de 1939, “Año de la Victoria”, fue sometido a juicio sumarísimo acusado de “auxilio a la rebelión”, siendo condenado a la pena de 30 años que le fue conmutada por otra de ocho años. El sargento piloto Juan Martín fue sorteando escollos como Ulises: Prisión celular de Valencia; Prisión del Monasterio del Puig; nuevo juicio a cargo del Tribunal de Responsabilidades Políticas. La sentencia recogía negativamente su afiliación al Partido Comunista en 1937 y el haber realizado “un curso de pilotos rojos”; pero, por no denunciar “a personas de derechas” que había ocultado una hermana suya, fue condenado a pagar, tan solo, 7.500 pesetas de las de entonces. En abril de 1941 el Caudillo concedió, por ley, la libertad condicional a los sentenciados a penas inferiores a doce años y Juan retornó a casa, pero... en octubre, el Ayuntamiento de Valencia lo llamó a “quintas” para cumplir el Servicio Militar obligatorio. Dados sus antecedentes, Juan cumplió con “la mili” hasta diciembre de 1943 en el Batallón Disciplinario de Peñaranda de Bracamonte (Toledo) donde fue destinado a oficinas, y pudo recibir algunas visitas familiares. Recuperada cierta normalidad al ser licenciado, Juan Martín continuó, tal vez, soñando hasta el final, en volar, de nuevo, hacia la libertad perdida. LQSomos.José Antonio Vidal Castaño. Octubre de 2007
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