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¿Ha estallado la paz? o del largo y arduo camino hacia la libertad
A lo largo de mi vida, he aprendido una cosa: cuando las ideas no pueden transformarse en palabras, se transforman en armas. Los pueblos tienen dos caminos para expresarse, el de la vida y el de la muerte. Cuando las ideas se expresan con palabras y son dichas y escuchadas en libertad, con tolerancia, con respeto y en igualdad, se está en el camino de la vida. Se está en el camino de la democracia, de la verdadera democracia, en el camino en el que los pueblos pueden expresarse y decidir juntos sus destinos aceptando que sus ideas sean votadas. Pero cuando la democracia es una falacia en la que hay “ideas buenas” e “ideas malas y tabú”, aparecen las rencillas y los odios y los pueblos sufren bajo el yugo de los fuertes y poderosos, bajo el yugo de verdades falaces establecidas con la fuerza del vencedor. Entonces vuelven a bramar las armas, “las malas armas”; y son respondidas por las “buenas armas”, las armas de la represión. Entonces aparecen las “víctimas”, las “buenas víctimas”, las víctimas del lado del vencedor; mientras las otras víctimas son silenciadas, negadas, condenadas… Yo no entiendo de etiquetas, pero si entiendo de vida, de muerte, de libertad y de represión.
Decía el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, ayer desde el Congreso de los diputados, que la democracia puede resolverlo todo, y tenía razón. Pero sólo la democracia, la real, puede resolverlo todo. Sólo la voz del pueblo, de todo el pueblo, en libertad, igualdad y fraternidad, y sin exclusiones ni de ideas ni de palabras, podrá resolverlo todo. De lo contrario, se alzarán los odios y bramarán las armas; las que sean, porque mientras brame un arma, estaremos en el camino de la muerte. ¿En que camino queremos estar en España? Tras el comunicado, todos sin excepción han mencionado el recuerdo de las víctimas; la salvaguarda de su dignidad... ¿De qué víctimas? ¿Sólo las que han muerto en la "democracia" por la "libertad"? ¿Sólo las que han sido asesinadas por los terroristas? ¿Qué terroristas? ¿ETA? A veces la libertad se me antoja que es una puta por rastrojos que todos se la trajinan, y nadie le hace justicia. Lo difícil es desentrañar el fondo del concepto "libertad" porque, de un modo u otro, todos han muerto por la libertad. Y la violencia, siempre engendra violencia más allá de quien la empieza; no hay una "buena" violencia y una "mala" violencia. Toda violencia es engendradora de violencia.
A mis ojos, ETA militar, debió hacer toda ella lo mismo que hizo la rama político militar de ETA, y desaparecer cómo organización armada cuando los "poli-milis" se decidieron y lo hicieron. Seguir luchando por las libertades sí, paso a paso, pero con la palabra. Pero no lo hizo. ¿Por qué? Lo desconozco, nunca he pertenecido a ETA ni ninguno de sus miembros me ha comunicado sus planes; pero tampoco soy extraterrestre, pronto haré cincuenta y siete años, y desde luego nunca he cerrado los ojos a las cruentas realidades por las que ha pasado este país; compartí la lucha clandestina desde la izquierda, en mis años de universidad, de modo que algo sé:
Segunda mitad de los años cincuenta, en plena dictadura y represión franquista. Los perdedores de este país llamado a la fuerza “España, una grande y libre”, esto es “los malísimos diablos republicanos rojos”, continúan siendo sacados de sus casas, de sus escondrijos, y se les sigue encarcelando, torturando, asesinando. Pero los vencedores no son “terroristas”, nunca en ninguna parte lo son, aunque tengan atemorizada, aterrorizada a la mayoría de los ciudadanos de un país, ellos no, no son terroristas.
En Catalunya y en el País Vasco -en todo el territorio del estado español, pero fundamentalmente en esos dos lugares-, la represión es atroz, los signos de identidad de esos pueblos, de esas naciones, son “borrados” de las calles, de las casas, de las mentes de los ciudadanos, y la “goma de borrar” sigue siendo la pistola en la sien, la tortura en la cárcel, y el hambre y la miseria, sí, también eso; porque las “depuraciones” siguen en todos los ámbitos laborales y ningún “diablo o diabla republicano, rojo, federalista, etc.” puede contar con medio alguno de ganarse el pan, ni él o ella, ni ningún miembro de su familia… Y el temor se acrecienta, y el terror impera; pero ellos, los “vencedores”, los represores no son terroristas.
La segunda guerra mundial ha terminado. Franco y los suyos siguen en el poder continuando con las depuraciones y crímenes de lesa humanidad masivos, y las esperanzas de que la comunidad internacional ayudara a poner fin a la barbarie franquista –que no es terrorista, claro- van desapareciendo. Incluso la resistencia armada reducida a grupos escondidos por las montañas, se acaba. O se han exilado, o los han “depurado”…
Y lo que fue la II República española va desapareciendo sin dejar rastro entre la crueldad revanchista de la barbarie de los golpistas –convertidos en vencedores, que no en terroristas-, y el silencio desgarrador de los pueblos oprimidos y acallados a punta de torturas y pistolas –pero eso no es terror, no-.
Así nació ETA en la segunda mitad de aquellos años cincuenta, en el País Vasco. Y se convirtieron en el azote de la dictadura franquista hasta la muerte del dictador. Hasta ese momento, tuvo el apoyo popular porque todos sabían quienes eran los terroristas. Y sí, hubo “víctimas del terror” que –en aquellos momentos-, no eran precisamente los que caían del lado de quienes sostenía la dictadura, sino de los “otros”. Las “víctimas” a los ojos del pueblo callado y aterrado por la dictadura, eran los que seguían cayendo tras ser torturados, los que seguían cayendo cómo resultado de las depuraciones que seguían… Mientras el odio iba anidando y creciendo en los dos lados. Un odio silencioso, fuerte, rabioso, lleno de vigor. Hasta la muerte del dictador, el concepto “terrorista” a los ojos del pueblo, era oscuro, polivalente, indefinido… dependía de en que lado se estaba, si del lado del dictador, o del lado de la libertad…
Y murió Franco; y los franquistas instauraron la monarquía; y una democracia muy condicionada y muy parcial comenzó a caminar; y una Constitución fue articulada y aceptada –que remedio- por la mayoría del pueblo español; y la esperanza fue creciendo junto al odio, con el deseo de que, esa brecha llena de sangre, pudiera llenarse con reconciliación y libertades algún día. Pero los vencedores no son muy dados a reconciliarse con nada ni con nadie; no son muy dados a reconocer ni a reparar errores; no son muy dados a renunciar a privilegios obtenidos con terror y sangre… En realidad no son muy dados a nada que no sea seguir siendo vencedores y seguir imponiendo sus ideas. Y los vencedores, se disfrazaron de demócratas y se reunieron en torno a un partido político al que llamaron democrático. Y se cuidaron muy mucho de que en las mentes de todos los ciudadanos se instalara una amnesia perdurable y pertinaz, sobre todo en lo relativo a la peligrosa palabra “víctima”, desde la guerra civil a nuestros días.
Al proceso constitucional que se inició, democrático, por supuesto, se le llamó transición; pero siguieron las torturas, las depuraciones y las privaciones de libertades para presos, las discriminaciones de libertades para presos, etc. Pero esta vez, democráticamente y sólo con los “malos”, es decir, con aquellos a quienes se les había declarado “únicos terroristas”. A la policía franquista se le cambió el uniforme, pasó a vestir de gris a marrón. Una lástima que las neuronas y las conductas no cambiaran también, al cambiarse de trajes... Y ETA siguió matando y se volvió loca, porque pasó a matar indiscriminadamente a gentes del pueblo; a niños, a mujeres, sí, a civiles inocentes… ETA se volvió loca y siguió aferrada a visiones de una realidad que sólo existía en el pasado, porque la realidad española iba cambiando y haciéndose democrática. Pero el odio tiene esas cosas: enloquece y deshumaniza a quien lo tiene clavado en sus entrañas.
Una rama de ETA, los “poli-milis”, parece que se volvió “cuerda”, dejó las armas y se reinsertó en la sociedad dispuesta a luchar democráticamente con la palabra.
Y del lado de la democracia, llegó el batallón vasco español, los GAL… ¿terroristas contra terroristas?
Y esa Carta Magna que de un modo “transitorio” –ya que si bien abría la puerta a las autonomías y derechos de las identidades de los pueblos, lo hacía bajo esa visión de la España, Una, Grande y Libre; de la monarquía; de la supervivencia del concordato con la Santa Sede;- se convirtió, de pronto e impulsado por –otra vez- los franquistas de ese partido disfrazado de democrático, en un dogma inamovible de esos que tiene “la Santa Madre Iglesia” y que debe convertirse en artículo de fe, a la vez que, contingentemente, ese partido defensor del dogma y adalid de la fe, nos quiso convertir a todos los ciudadanos y ciudadanas en indiscutibles e incondicionales creyentes sin remisión; fundamentalmente en sus últimos cuatro años de legislatura con el rodillo de la mayoría absoluta obtenida. Rodillo que nos convirtió en un pis pas, allá en las azores, en aliados de una “guerra preventiva de libertad duradera” ¡Hala, todos terroristas! Oh, perdón, no, ¡Qué cosas tengo! La invasión de Irak no es un acto terrorista… ¡Cómo se me ocurre!
Y llegaron dos intentos de herejías: Una desde el País Vasco, el llamado plan Ibarretxe, y otra desde Catalunya. Herejías que, Constitución en mano, fueron convenientemente excomulgadas. ¡Faltaría más! Bueno, excomulgada, lo que se dice excomulgada total, sólo lo fue la vasca… A la catalana se la barnizó de constitucional y parece que va colando.
Y en todo este trajín, ETA deja de matar. Hace tres años que no mata; ha hecho estallar alguna bombita de morondanga, pero nada más; hace explotar bombas más o menos inofensivas porque necesita seguir recordando que está ahí, y que lo mismo que ha puesto ese artefacto, puede poner otro más grande; que puede matar de nuevo... Pero ya no mata desde hace tres años. Extorsiona, pero no mata; sobre todo porque ya no le deben quedar ni personas, ni balas, ni dinero, ni argumentos… Los medios legales de una democracia con sus poderes y fuerzas de seguridad y con la alianza de los demás países democráticos, son contundentes y acaban con cualquier banda terrorista que se precie. La democracia de este país, ha logrado acorralar a la Banda y ha logrado ilegalizar a todo aquel que diga esta boca es mía a favor de la banda. El partido político que era su portavoz, está ilegalizado; y los medios de información que se atrevan a expresarse haciendo “apología del terrorismo” son silenciados, ilegalizados y procesados. Tratar de entrar a entender la historia y la evolución de ETA, sin demonizaciones, es también “apología del terrorismo”. Hablar de la libertad de los pueblos a decidir sus propios destinos es también un grave pecado contra el dogma constitucional… Y la democracia de este país ha dejado bien claro que no hay otro camino que el marcado por la Constitución del 78; y que víctimas sólo hay unas: las que el terror ha matado; esto es, los asesinados por ETA y por el terrorismo islámico. Y no hay más terror que valga.
Y en este orden de cosas han llegado los dos comunicados de ETA anunciando un "alto el fuego permanente" orientado a lograr un “marco democrático nuevo” en el que los derechos del pueblo vasco sean respetados, etc. etc…
Por la decisión de “alto el fuego permanente” yo me congratulo. Yo me congratulo por el hecho de que acordemos todos, incluida ETA, que la paz sea el camino…
Llegar a poder acordar y dialogar sobre el resto de puntos que el comunicado nos propone, ya me parece más complicado y difícil; a no ser que TODOS SIN EXCEPCIÓN, estemos dispuestos a considerar a todas las víctimas; a cerrar todas las heridas, y a despojarnos de todos los odios y radicalismos; a reparar todos los daños, y a ser tolerantes con todas las ideas y todos los modelos de estado, dejando que el pueblo hable, se manifieste y sea soberano de verdad; a desprendernos de “dogmas”, y a estar dispuestos a vivir una verdadera democracia; a no caer en el error de las exclusiones; a aceptar que la convivencia es algo dinámico, que requiere del concurso de todos, de todas las mayorías y de todas las minorías; a comprender que no pueden “ilegalizarse” las ideas, porque entonces se está propiciando el que hablen y griten las armas… A comprender que no puede ser que haya víctimas reconocidas en un sólo bando, porque entonces se encienden los odios y los deseos de venganzas... Si finalmente, comprendemos esto; si finalmente, TODOS aceptamos esto y caminamos por ahí, por ese camino de comprensión y aceptación de la libertad de todos, entonces y sólo entonces sí que la paz será el camino. Y ojalá que sea así.
LQS Hannah. Marzo de 2006
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