|
La Calle
|
| Año IV / | |||||
| ¿A dónde nos dirigimos como especie?
Somos animales, perteneciente a los homínidos, lo mismo que los simios, y deberíamos ser “homus sapiens sapiens”, pero no pasamos de ser “homus brutus necius” según se desprende de nuestras conductas. Somos animales, iguales a otros animales en nuestra animalidad. Nacemos macho o hembra. Crecemos cómo niño o niña. Nos vamos formando cómo un hombre o una mujer. Y, finalmente, algunos logramos convertirnos en una persona. Pero otros de nosotros, los más, no perdemos nunca nuestra más oscura y bruta animalidad, y permanecemos cómo depredadores. Los más crueles y dañinos de todos los depredadores. Y, al parecer, no sabemos hacer otra cosa que arrasar, herir, matar y destruir todo cuanto nos sale al paso. Nuestra perversidad y empeño en el odio se muestra ilimitada y algunos, muchos, para nuestra vergüenza, nos sentimos ufanos de ello o, al menos, no parece que nos sintamos ni avergonzados ni arrepentidos, si no que, al parecer, nos regocijamos en ser creadores de sufrimientos y de vilezas. Y con esos presupuestos ¿a dónde vamos? Es obvio que así únicamente podemos dirigirnos a la desaparición y no sólo a la nuestra como especie, si no que arrastramos, con nuestra desaparición, a todo el planeta y a sus diferentes formas de vida, a una aniquilación cierta y despiadada. ¿Eso es lo que queremos? Revertirlo está a nuestro alcance y sólo a nuestro alcance. Podemos seguir creyéndonos los amos indiscutibles de la "creación" y seguir con ese nuestro obrar despótico y arrasador, o podemos pasar a vernos cómo una parte más del sistema, una parte tan necesaria como todas las demás partes, y trabajar para un desarrollo fluido, enriquecedor y armónico del acontecer del planeta y de su evolución. ¿Qué es lo que queremos y elegimos? Porque de nuestra elección y conducta dependerá el que nos dirijamos hacia la luz o hacia la oscuridad. Qué construyamos belleza y armonía o fealdad y desequilibrio. Qué brille nuestra inteligencia y nuestra bondad o que deslumbre nuestra estulticia y nuestra maldad. ¿En qué queremos, pues, empeñar nuestras fuerzas? En nuestras manos y en nuestras voluntades está. LQSomos. Hannah. Abril de 2008 |