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La Calle
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| Año V. / | |||||
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Los Árboles una verde exigencia La importancia del árbol como tal no solamente es él una de las esencias de la vida, sino también fue el recurso del pasado, pero mas exigente lo está siendo en el presente y futuro de la Raza Humana y todo su entorno. No caben dudas, una de las muchas maravillas que nos ofrece la Naturaleza es el Árbol, por antono-masia con mayúscula. Él es muy antecesor al orgulloso hombre. Sabido que especies desaparecidas por obra y gracia de la propia evolución y no por la perversa y destructiva mano del hombre como está ocurriendo hace ya bastantes años es un tema candente en el mundo. Al observar todo el conjunto de un árbol, sea éste un chopo, bonsái o secuoya, desde sus raíces hun-didas en algunos casos en las profundidades de la tierra, hasta sus copas esbeltas, es algo digno de admirar, hasta de adorar. Esto equivale a decir que debemos tener la vista elevada y los pies apoyados en la tierra. Pero con la advertencia que de la misma manera que el árbol pierde sus hojas durante muchos años con el renacer a la vida después del crudo invierno, en el hombre ocurre casi lo mismo. La diferencia consiste en que el árbol jamás cortará la vida de un hombre, sin embargo, éste lo está haciendo constantemente. Los árboles, por ser mucho mas antiguos que los
seres humano resulta que cada hombre y mujer na-cido en la Tierra llevan
en sus genes un algo de ellos, aunque no lo quieran reconoces. Todos
alimentamos un gran deseo de crecer, pero al no conseguirlo inventaron
la fatídica frase: "cuanto mas alto es un árbol,
mas grande será su caída...", eso sí, ya en
tiempos mas modernos. Existe un bonito poema atribuido al galés Taliesin
que dice así: "Cuando surgió la vida mi creador me
dio formas con la sabia de los árboles y el sabroso jugo de sus
frutos... Se sirvió de la malvarrosa de las colinas, de las flores
de los árboles y zarzales... Y todo lo eterno que hay en la Madre
Naturaleza". Después de comprender ésta corta historia
de los árboles, y por supuesto, digamos lejanos parientes, no
nos quedemos nada mas con los primos primates, veamos la otra cara de
la misma moneda. La vida que las hojas nos aportan se traducen en cualidad
de vida. Por lo tanto, no esperemos a escu-char tonterías como
algunas veces se dicen por ahí de que la mayor de las Naturalezas
es precisamente la Naturaleza de los hombres. Entonces estaremos condenados
a recibir mensajes en todos los medios de comunicación a que
dibujemos mentalmente a los árboles, a que nos lo imaginemos
como fueron sus raíces, troncos, ramas, hojas, copas y de la
manera que daban sombras..., pues resulta que han dejado de existir.
Llegar a esos extremos sería reconocer el resultado mas completo
de la total incoherencia Humana de la verdad del Verde que te quiero
Verde. Debemos conseguir que los hombres y árboles puedan respirar salud. Son los hogares de pájaros en las ciudades y campos y sabemos que sus funciones es controlar los insectos portadores de enfermedades. En concreto, los árboles son una referencia de la ciudad. Vivir en una calle junto a ellos es como tener un potente filtro en frente de casa. Nos proporcionan una vida humanizante, el color verde tranquiliza delante del concre-to y asfalto, por lo que debemos considerar son ellos los vigilantes de la vida. Lo que ocurre es que en las ciudades los políticos de turno nos tienen acostumbrados a ver el verde árbol como si éste fuese el engañoso de las navidades, un poco al año. Es sabido que para poder llegar a una auténtica cualidad de vida verde, la de los hombres y árboles, los "padres de la patria" tienen que ser obligatoriamente concientes de que a ellos también les llegaran la falta del oxigeno verde. Ese Verde que produce, reproduce y traduce, en cualquier hoja verde, la cualidad de no ser apenas un determinado color VERDE y sí de VIDA. Carlos Rámirez Tisoli |