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La Calle
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| Año V. / | |||||
| Campeones de la infalibilidad Durante gran parte de nuestras vidas, principalmente los que hoy ya pasamos del medio siglo, fuimos obligados a creer que había dos cosas en éste mundo que eran infalibles: el Papa y el preservativo. El mito de la infalibilidad de ambos era algo que ni se llegaba a discutir; los dos conceptuados poderes simplemente no podían fallar; ¡ya está!, ¡eso era todo! En relación con los Papas eran y son los portavoces de Jesucristo en la Tierra, por lo que ellos están considerados de que vienen desde una antigua y lejana linaje que empezó con San Pedro allá en los comienzos del cristianismo. El preservativo por su parte es un obstáculo in transponible a las aspiraciones de los espermatozoides mal intencionados y dispuestos éstos a fecundar óvulos que no les hacen respetos algunos. Aquí y cada cual dentro de sus propias especialidades, el Papa y el preservativo hicieron justicia a las respectivas reputaciones que representan y raramente dejaban en las estacadas a los millones de fieles que ciegamente creen el ello. Fieles, ¿se ha dicho fieles? Sí, porque en los dos casos concretos eran una cuestión de fe. Aquí tanto la infalibilidad del Papa como la del preservativo dependían, en parte, de la fe que depositábamos en ellos. Veamos, vamos por parte. Un ejército que partía para la guerra después de ser bendecido por el Papa tenía mucha mas ventajas de vencer en las batallas si los soldados creían en las fuerzas de aquellas sagradas bendiciones. Al mismo tiempo un pene equipado con un preservativo también partía para la batalla armado de una confianza que lo tornaba invencible si su titular creía en las fuerzas de aquella protección. Por supuesto, en relación al Papa solamente la fe no era suficiente. Pobre de los ejércitos que no se preparasen adecuadamente para la guerra. Lo mismo ocurría con el preservativo si no lo fabricaban caprichosamente con goma de suprema calidad. En realidad y ateniéndonos a la historia, el Papa y el preservativo han demostrado dar pruebas de sus respectivas infalibilidades. Ejércitos que tenían todos los síntomas de perder las guerras las ganaron de buenas a primera gracias a las bendiciones recibidas de ante manos del Papa. Lo mismo ha ocurrido con el paso de trillones de espermatozoides en marcha chocaron con sus narices en el látex, gracias a la protección del preservativo. Sabido es pues que durante mucho tiempo las dos infalibilidades convivieron en armonía. El mundo entonces era grande y suficiente para ellos y uno no se metía en la vida del otro. El Papa nunca discutió la infalibilidad del preservativo, y éste tampoco se interesó en cuestionar la infalibilidad del Papa. Y de ésta singular manera iban viviendo en felices dichas y concordias. Pero es aquí que ocurrió lo inesperado, las dos instituciones mudaron de función y de importancia en los actuales tiempos modernos. Los Papas dejaron de bendecir a los ejércitos de hoy, ahora se dedican mayormente a actividades más pacifistas, eso nos dicen y quieren hacernos creer... También el preservativo dejó de servir exclusivamente para evitar traer criaturas al mundo, muchas de ellas para mal vivir o ser explotadas, y en las últimas décadas ganó un gran statu heroico al ser el gran previsor en evitar enfermedades que afligen a la Humanidad entre ellas el terrible SIDA. Éste debe de haber sido el gran problema. De repente hemos sabido que en opinión del propio Papa el preservativo, al contrario que él mismo, resulta que no es ya infalible.
Al decretar que el preservativo no es infalible, el Papa ha puesto su propia infalibilidad en juego. En cambio el preservativo, pobrecito, no habla, no puede llegar a tener tremendos medios de difusión, solamente lo hace calladamente, en solitario, entre dos personas y en cuartos casi siempre a oscuras donde cumple su meritorio trabajo. Por suerte en su nombre hablan los hombres de ciencias y médicos, para los cuales él es 95% infalible y el dejarlo de ser usado por las parejas sería una catástrofe a nivel planetaria, peor que todas las guerras juntas inclusive la bomba atómica. Se reconoce que ese 95% no es suficiente, como ocurriría con el 100%, pero casi llega y aún puede llegar. Según los entendidos en la materia, éste es un campeonato muy peligroso para el Papa (cualesquiera de ellos a empezar por el difunto y actual), al haber decretado que el preservativo no es infalible, él ha puesto en tela de juicio su propia infalibilidad y en juego su prestigio. Imaginemos, cosa que por otro lado poco tiene que imaginarse debido a la situación expuesta, que el preservativo pida la revancha y empieza a recordar muchos ciertos hechos maliciosos del pasado, como es el caso, por ejemplo, que ocurrió con el Papa Urbano VIII, en el siglo XVII, para el cual el Sol era el que giraba alrededor de la Tierra, por lo que era ésta el centro del universo, y no al contrario como confirmaba Galileo Galilei. Los siglos pasaron, surgieron potentes telescopios y toda la tecnología cósmica que hoy ya conocemos, y los siguientes Papas tuvieron que admitir que el intransigente, pero infalible Papa Urbano VIII, cometió un error muy grande. Lo dejamos ahí, eso por no hablar de muchísimos otros y tremendos equívocos papales cometidos a lo largo de sus gloriosos 2007 años desde la fundación del cristiano catolicismo allá en unas lejanas tierras de la Palestina del tiempos de la Roma Imperial. Pero hoy el Papa actual demuestra que él no es infalible, a pesar que continúa insistiendo; por lo tanto el error no ha podido ser tan desconsiderado como hasta ahora venía ocurriendo porque ya no existe el hecho indiscutible de taparle la boca al pueblo o amenazarlo con el terrible infierno o inquisición... Aunque después de 2007 años de experiencias, durante ese largo tiempo han salido airosos y victoriosos siempre, no ha de extrañar que vuelvan a salir una y muchas otras veces más..., y como “reza” su propio lema, así insecular seculorum... LQSomos. Zerimar Ilosit. Octubre de 2007 |