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Año V. /

Conversación sobre su “Santidad”

Después de haber visto y leído tantas polémicas en los medios audiovisuales unos a favor, pero muchísimas más en contra en relación al por qué el actual papa vino a “visitarnos” (lo mismo que hizo el anterior), teniendo en cuenta que la mayor parte de la ciudadanía no estaban por ese astronómico gasto que directa o indirectamente lo estamos pagando todos, creyentes (quienes deberían ser ellos los fraguadores) y no los ateos y libre pensadores.

La cuestión de este artículo viene a colación por la conversación que escuché y pude gravar la mayor parte de ella, entre dos ciudadanos que puede confundir a cualquier cristiano, por supuesto, no en aquellos que dejaron de serlos. El diálogo lo presencié en un viaje de tren y como no conocía a los interlocutores aquí los denominaré como ATEO y CREYENTE, para así distinguirlos. La cosa se desarrolló más o menos de la siguiente manera:

ATEO – Entonces, ¿tú crees verdaderamente que el papa es santo? ¿Cómo es posible a un santo gustarle tanto los dineros y aún ante todo ser él dueño de un banco?

CREYENTE: - ¡Por supuesto que es santo! Es santo por la voluntad de Dios y superintendente del Banco del Vaticano, porque así lo quisieron un grupo de cardenales amigos suyos y que son erróneamente acusados de formar parte de la mafia de negros.

ATEO: - Pero, ¿entonces como es posible que un santo pueda estar preocupado en ganar ríos de dineros y al mismo tiempo en salvar las almas de los fieles contribuyentes y guiar los rumbos de un banco lleno de negocios fraudulentos? Dicen “las malas lenguas viperinas” que hasta los dineros recaudados en su visita a Valencia salieron en maletas, pues los €uros circulan ya más en el Vaticano que los dólares; todo eso sin pagar un único céntimo sobre el impuesto de renta. ¿Será que un santo se puede inmiscuirse así por que sí en esos líos? ¿Será que todo eso es verdad?

CREYENTE: - Nada para dios es imposible. Desde que la iglesia católica existe, es que el clero está empeñado en amontonar dineros para garantizar a los que contribuyen un lugar privilegiado en el cielo. Lo que ocurre es que cada vez es más difícil. Los miles de millones de dineros recogidos no están llegando ni para tapar el déficit del Banco del Vaticano, esos mismos que tú insiste en llamarlos de “agujeros”. Lo que ocurre es que son muchas las demandas para un lugar en el cielo, éstas son bien mayores que las ofertas, es pues el por qué viene la inflación. Aún más, tiene que sobrar dineros suficientes para los viajes al exterior del papa y comitiva, que no es pequeña, por mucho que esos países nos quieran dar, no todos son tan espléndidos como los archí-católicos. A todo eso, como no son bastantes las dificultades, aún tenemos que aguantar las críticas desfavorables de los adversarios de la iglesia que decían que Juan Pablo II era el mayor turista de la historia del catolicismo y hasta del propio sistema turístico. Y resulta que este nuevo parece llevar el mismo camino. ¿Será posible?

ATEO: - ¿Entonces es por eso que la iglesia católica es tan rica, a pesar de ser sustentada por los míseros fieles? Pues resulta, por lo que se está viendo, la contribución de los católicos, al contrario de comprar ellos una vacante en el cielo, lo que hacen es aumentar las riquezas de la iglesia y su poderío aquí en la tierra…

CREYENTE: - Todo mentiras de vosotros los ateos. Yo mismo escuché hace unos pocos días a un obispo comentar que el papa está extremadamente preocupado con la distribución de la rente aquí en nuestro país. ¿Necesitas de mayores pruebas de buenas intenciones de Benedicto?

ATEO: - Lo dudo, eso no prueba nada. Es conocimiento de todos, a empezar por el papa, que el clero está contra el aborto, el control de la natalidad, anticonceptivos, etc., porque eso reduciría los contingentes de pobres e ignorantes, que es de donde procede las principales fuentes de rentes que engordan las sagradas cuentas corrientes de la iglesia y de su propio banco. Gran parte del mundo, desgraciadamente, con una población formada en su mayoría por personas ignorantes y analfabetas, son ellos un plato muy apetitoso para los explotadores de la fe. Resulta que es mucho más fácil engañar a un pobre, con las promesas de la salvación eterna a cambio de sus dineros, aunque estos sean míseros, pues hay más pobres que ricos, y a éstos es más difícil el sacárselos.

CREYENTE: ¡Eso es una barbaridad! ¡Como eres ignorante! Los ricos no contribuyen porque Jesús, un una visita a un jardín zoológico, vio a un camello e inspirado en él y en una aguja que estaba en el suelo, dijo una de sus ya conocidas frases de efectos, concluyendo que ellos, los ricos, tendrían que contentarse con sus riquezas aquí en la tierra, pues solamente los pobres heredarían el reino de Dios. Si los millonarios tuviesen alguna oportunidad de comprar un lugar allí, jamás invertirían en la Bolsa. Con toda seguridad desviarían sus millones para el Banco del Vaticano. ¡Está claro! ¿Lo dudas?

ATEO: - No solamente lo dudo como que hay pruebas fidedignas de que el cristianismo es apenas una más de las religiones occidentales y mundiales que cobran por la salvación del alma. Si así no lo fuere, ¿entonces por qué las tan deseadas ansias de acumular tantos dineros? ¿Será que el papa querría donar toda la fortuna de la iglesia, esa misma que viene acumulando desde casi dos mil años? ¡Claro que no! ¡Todo lo contrario! Lo que si se ha visto y continúa viéndose, son unas grandes aplicaciones de capitales, hechos con el único propósito de sacarles los dineros a los tontos que creen en la santidad de los papas. Como sabemos fueron gastados millones de €uros en los polémicos 2 días de “visita”, para que él diera en aquel recinto unas misas y rezos que no han servido para nada, de ser así, no hubiera ocurrido aquella tragedia días antes en el metro de Valencia que cegaron tantas vidas y destruyeron familias…, como mínimo. Esos millones gastados, o vaya usted a saber…, podrían haber arreglado los presupuestos sociales de la Comunitat Valencià y con ellos miles de ciudadanos que antes de ir al cielo les gustarían tener una vida más desahogada aquí en la tierra.

No conseguí escuchar la respuesta del creyente; pero seguro que sería una gran tontería, como las que han quedado aquí expuestas. A esa altura del campeonato dialéctico, había llegado a mi destino y bajé del tren.

Analizando la situación escuchada en el corto viaje en mi cabeza no existen dudas, y según las conclusiones del aquí denominado creyente, la iglesia católica solamente quiere sabe de las almas de los fieles. Nada del mundo material les interesan, mucho menos los dineros. El cielo es de los pobres. Cuanto más ignorantes, burros y miserables, mejor, mas fácil será el llegar allí. Por eso los ricos están perdidos. Irán todos al infierno, de cabeza para abajo y serán infelices para toda la eternidad. Pero, claro está, solamente después de que se mueran, ¡por supuesto!

En mi caso particular quedo contento en saber que voy a escapar de los tormentos infernales y eternos. De la manera que las cosas se están poniendo, cada vez peor y más negras para los jubilados, e igualmente para aquellos otros asalariados que así esperan llegar, por lo que seremos todos pobres. Tengo el presentimiento que ellos al igual que yo, iremos derechitos para los cielos, sin escalas. Pero por aquello de las dudas, pues después no hay retroceso, como nos enseñaron también desde el catecismo, estoy pensando seriamente en donar mi mísera pensión al papa, pues resulta que no sé cuanto tiempo y a partir de cuentos €uros una persona sin pecados y pobre tendrá que cotizar para entrar en los tan deseados reinos celestiales…

LQS. Zerimar Ilosit. Noviembre de 2006