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La Calle
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| Año V. / | |||||
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Debemos decirles… Ante la ausencia de esa figura denominada Dios, ¿qué deberíamos decirles a nuestros hijos? Para nosotros los ateos eso no es ningún problema. Todo lo contrario de lo que piensan los cristianos desde que se dedicaron a perseguir a aquellos que no piensan como ellos hace mucho tiempo. Por lo tanto, debemos decirles a nuestros hijos que probablemente todas las religiones tienen los mismos orígenes: la ignorancia, el miedo a las presiones sociales. Que el Dios judío-cristiano fue inventado por unos pueblos bárbaros y nómadas. Que ese inventado ser es una monstruosidad, que se impone por medio del terror, prometiendo la muerte, seguida de sufrimientos eternos, para todos aquellos que no se curven a sus absurdas exigencias. Que él es el fruto único y exclusivo de la superstición, y que jamás una única evidencia de su existencia fue presentada por aquellos que así lo creen. Que debemos librarnos de esas absurdas ideas, al mismo tiempo por ridículas e improbables de que él exista, para que podemos sentirnos verdaderamente libres y fuertes lo suficientes y así enfrentar los desafíos de la vida. Debemos influenciar a nuestros hijos de que la ciencia destronó a ese dios cristiano tan cruel, inventado posiblemente hace mas de 5 mil años, por individuos que hicieron de la ignorancia y el miedo un modo de vida. Debemos decirles a ellos que ningún pecado es tan terrible hasta el punto de hacer que un pecador sea punido por toda la eternidad en las llamas del también inventado infierno. Debemos enseñarles a nuestros hijos que los líderes religiosos cristianos, principalmente los de la iglesia católica, por vivir nosotros en un país archí católico romano, que jamás ellos deben ser perdonados por los crímenes que cometieron en nombre del supuesto hijo de Dios, Jesús. Que jamás podrán justificar las torturas inquisitoriales que cometieron, la destrucción de familias y las incontables muertes que pesan sobre sus espaldas. Que tanto los denominados sacerdotes como los pastores son todos ellos deshonestos porque enseñan mentiras y aún cobran mucho dinero por decirlas. Debemos decirles a nuestros hijos que las mentiras y las hipocresías son los dos pilares que dan sustentación al cristianismo. Que tanto la mentira como la hipocresía, aliadas al miedo, mantendrán las mentes de multitudes de infelices totalmente anestesiadas, prisioneras en los calabozos celestiales y éstas sometidas al terror de lo divino. Eso para que nadie cuestione, para que nadie investigue, para que nadie progrese, a no ser los mercenarios de la fe, que escogieron para ganarse el pan (sin el sudor de la frente) la explotación de la ignorancia y las burradas ajenas. Debemos inculcar a nuestros hijos diciéndoles que la iglesia católica está contra el progreso de las masas, contra el avance científico, contra la diversión, contra los placeres de la carne, contra el uso del preservativo, contra el casamiento de sus líderes (para así no tener problemas con las herencias), contra las fiestas paganas, contra las riquezas obtenidas con el trabajo honrado, contra la música y literatura de vanguardia; en fin, contra todo lo que pueda hacer que la vida sea más llevadera. Y si están consintiendo un algo, es para atraer a los fieles antes que salgan en desbandadas. Debemos infundirles a nuestros hijos que verdades mentirosas no pueden ser enseñadas como siendo sagradas. Que nada existe más sagrado para el ser Humano que la Libertad de expresar sus pensamientos honestamente. Que todo aquello que viene en nombre de un dios, o de una religión cualquiera, siempre reprime la libre manifestación del pensamiento, por lo que son unos carceleros con mandos divinos que deben ser declarados enemigos de la Humanidad. Debemos decirles a nuestros hijos que no vale la pena morir por aquellos que aún tienen que nacer. Que los inocentes no deben ser punidos por los culpables. Que sacrificar la vida material por una vida espiritual después de la muerte – echo jamás comprobado – es una enorme idiotez. Que los seres humanos no deben amar a sus enemigos ni odiar a sus familiares. Que el amor por los seres humanos es real y el amor por fantasmas que pueblan los cielos son mas unos cinismos de mentiras. Debemos enseñarles a nuestros hijos que necesitamos ser buenos y honestos, no por temor a los dioses inventados, mas sí porque la bondad y la honestidad son los caminos que nos llevan a la paz interior. Debemos decirles a ellos que no existe ninguna revelación divina por la que valga la pena renunciar a la vida aquí en la Tierra. Es precisamente de la Naturaleza que viene todas las revelaciones que necesitamos y que bastan entenderlas para que podamos entrar en armonía con el Universo que nos rodea. Debemos inspirar a nuestros hijos de que la investigación no es pecado. Que el aceptar promesas de vida eterna a cambio de creer en casos absurdos que no se apoyan en evidencias, son puras demencias. Que la credibilidad no es una virtud y sí un gran defecto. Que la investigación, la razón, la lógica y el raciocinio son todo lo que tenemos como guías en nuestro caminar por la vida. Debemos decirles a nuestros hijos que nada puede ser más sagrado que el amor a nuestros seres queridos, el amor a los animales, el amor a las plantas, el amor a la vida. Que es imposible para un hombre inteligente y sensible amar un ser sobrenatural y fantasmón que solo existe dentro de cabezas cuyos cerebros fueron cauterizados por un lavado cerebrar hecho desde la infancia. Que es imposible amar incondicionalmente, pues lo inconsciente no puede ser comandado por lo consciente. Que solo podemos y debemos amara a aquellos que merecen nuestro amor. Debemos decirles a ellos también que amar al enemigo es una traición descomunal a nuestros verdaderos amigos. Es menester decirles a los hijos que, al contrario de lo que está en la Biblia, la mujer NO es inferior al hombre. Que el macho de la especie humana, el preferido del dios judío-cristiano, concentra todo el mal del Universo en él, es por eso que discrimina a su compañera, la persigue, tortura, mata a los demás seres vivos y destruye el Planeta. Es menester decirles a nuestros hijos que NO fue Dios quien hizo al hombre a su imagen y semejanza, y sí todo lo contrario. Por eso mismo que ese dios inventado es tan egocéntrico, colérico y vengativo. Debemos demostrarles a ellos, que en rarísimas excepciones, la peor mujer es mejor que el mejor de los hombres. Que la mejor bondad de los llamados santos cristianos jamás se corresponderá a la bondad de las más insignificantes de las madres. Continuaremos diciéndoles a nuestros hijos que la felicidad no es menos por el hecho de que sabemos que un día moriremos. Que hasta que se pruebe lo contrario, la muerte es una barrera in transponible y no un pasaje para la otra vida. Que ella es el descanso eterno, el fin del sufrimiento, el término de toda angustia y de toda agonía, en fin, una consecuencia inevitable de la vida. Que nunca se ha presentado una sola evidencia de que exista algo más después de la vida. Es nuestra obligación decirles a los hijos, por peor que sea la realidad, es mejor vivir dentro de ella, que estar engañándose a sí mismos, fingiendo aceptar una mentira, apenas para encubrir la propia ignorancia. Que no se debe aceptar explicaciones más absurdas que lo que se pretende explicar, visando única y exclusivamente a calmar la mente perturbada que no consigue respuestas para el problema existencial. Debemos decirles a nuestros hijos que deben luchar contra las mentiras embutidas en los mensajes religiosos que prometen (al igual que los políticos) el paraíso. Que es deshonesto ofrecer una recompensa a cambio de una creencia en la cual nosotros no tenemos el derecho de investigar o testar por nuestra propia cuenta. Que debemos repudiar, incondicionalmente, a un dios que chantajea a sus criaturas, amenazándoles con las más terribles de todas las puniciones. Finalmente, debemos alertarlos para que no den jamás oídos a las declaraciones atribuidas a testigos que ya murieron, fueron enterrados y vivieron hace siglos y siglos, pues la simple declaración de una persona no sirve como evidencia incontestable, principalmente si ella está muerta. Que el cadáver de un ancestral desconocido no puede tener más credibilidad que un hecho comprobado. Que ellos deben quedar lejos de hombres que se dicen llenos del espíritu santo, pues resulta que son precisamente los enemigos de la ciencia, ya que son contrarios a la investigación y a la libre manifestación del pensamiento. Que nuestros hijos deben despreciar a todos aquellos que hacen declaraciones estúpidas, capaces de contradecir las lógicas más elementales. Que la razón no puede ser restringida en su incansable caminar en la busca de la VERDAD. Estamos seguros que diciéndoles a nuestros hijos todo lo expuesto aquí, con seguridad ellos quedaran libres (vacunados), contra esa enorme falacia que es la religión y su denominado Dios... LQS ZERIMAR ILOSIT. Junio 2006 |