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Año V. /
Decálogo del Estado inmaculado

1º.- Olvida la libertad, ciudadano; es altamente contaminante.

2º.- Nada contamina más que el libre fluir y la libre expresión de las ideas, hay que abstenerse pues de pensar y de expresar lo que se piense para permanecer aséptico de contaminaciones.

3º.- Los derechos fundamentales son contaminantes fatídicos; hay que mantenerse alejado de ellos y de todo deseo de reivindicarlos.

4º.- Ciudadanos: La ley es la ley, quienes las elaboran y las promulgas lo hacen para su bien. No les corresponde a ustedes pensar si son justas o injustas, hechas a medida o no, y menos lo totalitaria, arbitraria y asesina de derechos civiles que sea. Eso les corresponde a quienes las dictan, a la autoridad que vela por todos. Pensar de modo contrario contamina y se impone una limpieza profunda.

5º.- El único sufragio universal válido y útil es el que propone el Estado y el Gobierno; y los únicos electores y candidatos válidos son los propuestos por la autoridad; y la autoridad establece que sólo los puros de corazón y de mente según las directrices marcadas por la Ley pueden ser candidatos y electores. Si piensan distinto de lo establecido, es señal de que han sido contaminados gravemente y hay que limpiarlos. Si van contra Ley, hay que limpiarlos (por definición del sistema dominante toda ley es justa y conveniente). Si sueñan con la libertad, hay que limpiarlos y con mayor motivo si en vigilia y despiertos se atreven a invocarla. Sólo unos ciudadanos puros y limpios pueden hacer de la nación una Patria grande y gloriosa.

6º.- El trabajo intelectual es el peor de los contaminantes del pueblo; sólo la clase más preparada y selectamente pura puede acercarse a él sin ser contaminado. Un pueblo contaminado por lo intelectual, pierde su esencia, pierde la obediencia debida, pierde orden y disciplina, y se torna displicente y vago, lo que le lleva a abandonar los puros ideales. Rompe la unidad y la uniformidad necesaria para llevar a cabo los altos designios que le están destinados.

7º.- Ciudadanos: no hay más Ley que la que emana del poder, del patrón y de la iglesia. Será mejor que no lo olviden porque en ello les va la vida.

8º.- Ciudadanos: no hay más verdad que la que fijan los jefes, los líderes religiosos, los ideólogos del sistema. Sólo ellos son conscientes de la responsabilidad y del futuro glorioso que les aguarda, en esta vida o en la otra, que todo llega. Háganles caso siempre y sin dilación; no se contaminen y no necesitarán ser purificados. No se contaminen y serán fieles servidores de su Patria.

9º.- Ciudadanos: no es su trabajo pensar; el conocimiento y el pensamiento son sólo perversiones de los enemigos del pueblo; y la paz, la libertad, la equidad y la igualdad son propaganda terrorista de dichos enemigos; pero lo más aberrante de todo es la autodeterminación. Si se les pasara tan sólo por un instante ese concepto por la imaginación, deben acudid a los vigilantes sociales rápidamente. Ello es de tal gravedad que tal vez necesiten ser lobotomizados.

10º.- Ciudadanos: el Estado, el Gobierno, la policía, los jueces y sus leyes velan por ustedes, los cuidan y los mantienen limpios de toda contaminación posible, y si se contaminan, les dispensan cuidados policiales, psiquiátricos o los que hagan falta. El Estado no repara en gastos para mantener en forma a sus ciudadanos. Sean buenos, dóciles, trabajadores y abandónense al cuidado de quien tan bien les quiere, y recuerden: la contaminación mata el orden y sume a la población en el caos.

(Nota: No son pocos los pueblos que en la actualidad viven en carne propia la vigencia de este decálogo. En el pasado, sistemas como el nazismo, los fascismos varios, el estalinismo, y diferentes totalitarismos, el franquismo entre ellos pisotearon la libertad de todas las formas posibles, masacraron y perpetraron en el nombre de purezas varias, cuantos genocidios quisieron. En nuestro país, quedan todavía reminiscencias del pasado que restringen la libertad, y, aun se escuchan voces empeñadas en retrotraernos a aquellos tiempos del horror, del odio y de la sinrazón. Voces que ignoran la justicia y promulgan venganzas. En nuestra mano está el acallarlas o no.)

LQSomos. Hannah. Mayo de 2007
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