|
La Calle
|
| Año V. / | |||||
|
¿Díganme donde esta Dios?
La doctrina del cristianismo, por ser la que nos impusieron en nuestra más tiernas de las infancia, y repetimos, así lo continúan haciéndolo, tiene una forma especialmente simplista para explicar los vacíos del mundo: ¡todo debido a una manzana! ¡Qué deliciosa ironía! Suponemos que si Adán y Eva (siempre según el génesis) hubiesen comido una sandía, las catástrofes serían aún mayores y terroríficas, mismo sin los avances en la biogenética que caracterizan a nuestra era. Así pues nos quedan dos alternativas: o Dios no existe, por lo que los hombres están entregados a sí mismos en el universo…, o entonces, Dios existe, pero no se preocupa de su “suprema” creación… Por lo tanto: ¿qué rayo de Dios es ese que permite que cada 3,6 segundos muera un ser humano (hecho a su semejanza) de hambre; y el 75% de los cuales son niñ@s?
Es obvio, si por una casualidad Dios existiese, tendría que dar más apoyo a la obra que él creó, por lo que no siendo así hacen de él un Dios vago y lleno de vicios, contra el cual justo sería la revuelta de los hombres, pues no cumple las funciones de establecer lo que es el bien. Y que no nos vengan con las chorradas de que todo es obra del otro “dios” llamado Lucifer, pues entonces ese tal “diablo” sería otra creación del propio Dios, por supuesto, como todo lo que existe en la Tierra. El genial Buñuel decía: “Gracias a Dios soy ateo”, resulta de que si Dios existiera, las revueltas serían de estas maneras indispensables y más grandiosas de las que estamos viendo a toda hora, todos los días y en toda parte.
Nietzsche dijo que: “con la muerte de Dios, los hombres deben ser dignos de ocupar su lugar”. Con esto quería decir que al abandonar el hombre las viejas creencias en divinidades transcendentales, no deberían dislocar las creencias ciegas hacia otros ídolos. El ideal del hombre debe ser encontrado en sí propio, como ser humano sapiente, emancipado y que camine confiadamente por los raíles existencialistas y aún desbravando el camino a cada paso. El hombre consiguió descubrir que su planeta no estaba en el centro del universo, donde le dijeron que Dios ahí lo había puesto. Posteriormente supo también que al final tampoco había sido creado como hijo y semejante a ese Dios, pero sí como el constante resultado de una evolución y de una determinada especie de primates. Cualquier día, talvez, sepamos que no estamos solos en el Universo. El hombre cada ve se siente más huérfano, por no haber sido concebido como algo especial en la Naturaleza y ese concepto no existe por lo que se revela falible y siente la necesidad metafísica del no tener fuerzas superiores que determinen sus caminos alimentando los comodísimos defectos y viciosos. Un día el hombre tendrá que comprender que no puede estar eternamente esperando por las “obras y gracias del espíritu santo”, (o como quieran llamarlas las distintas religiones). Para todo, un día tendrá que arremangarse y hacerse cargo de las responsabilidades de construir en la Tierra un paraíso mejor que aquel que le prometieron en el cielo…; éste sería concretamente el paraíso de la Razón. Solo de esta manera la orfandad del hombre podrá desaparecer, pero si él tiene consciencia de su valor y capacidad de armarse de confianza en sí mismo. De amar a la Humanidad y tomarla como el fin para su existencia. Solamente de sea manera podrá ocupar el lugar dejado vacante por esos milenios llenos de absurdos dioses; solo así él ascenderá a la categoría de Hombre Superior; el Hombre Humano que siempre le ha faltado.
En el Renacimiento surgió, al igual que posteriormente con “la contra reforma” a la par de las diversas figuras místicas en ascensión para el deleite de los lectores de la nueva poesía clásica, un nuevo y desconcertante monstruo mitológico que aún hoy día engaña a las mentes menos prevenidas, el denominado “humanismo cristiano”, todo una gran MENTIRA. Decimos que es un monstruo mitológico porque el neo personaje nacido de tan grande contradicción humano-cristiano tiene que ser con toda seguridad un ser fantástico, que nunca ha existido, ecepto en las cabezas de muchas personas…, millones de ellas…, infelizmente. Llegamos a esa conclusión porque la razón unánime es que el cristianismo, a lo largo de su existencia, ha sido incapaz de proceder bien por el Amor al Bien en sí, y en el respeto al principio de humildad por lo que él “dice” representar, pero que solamente como forma de erguirse para el inexistente paraíso posterior a la muerte, o por temor al suplicio del infierno…
¿Podemos considerar una buena acción ayudar a una viejita atravesar la calle, cuando ella nos lo ordena apuntándonos una pistola en el pecho? Por otro lado, el cristianismo es, por excelencia, anti humanista y contra natura, por negar el papel que hacen las pasiones en la felicidad de los hombres, y al imponerle un pesado determinismo, que ni con todas las disculpas del cacareado “libre arbitrio” consigue disfrazar. A rigor, en conclusión, el verdadero Humanismo solo podrá ser un Humanismo Ateo. No soy un dios hecho hombre por el pecado, soy un Hombre hecho Humano por el concepto de mí Razón. LQSomos. Zerimar Ilosit. Febrero de 2008 |