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La Calle
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| Año V. / | |||||
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Duelos, piojos, grúas y Barranquillas Raquel me mira con sus 16 años y se abraza llorando mientras repite "necesito a mi madre". Se prepara para asistir a la cremación de su cuerpo, un acto corto para un proceso tan largo, que quizás no pueda recordar la niñez de una madre perdida en consumos de dura droga y un padre ausente en el esfuerzo de traer dinero a casa. Su hermano, largo como un pitillo, interioriza su mayoría de edad en esto de seguir la vida. La abuela, repetida en papeles de madre, reinicia una actividad rejuvenecida en un manojo de nietos que la rodean y mete prisas para asistir al sepelio, mira por el rabillo del ojo a su otra hija y lanza un mensaje envuelto en luto que no termina. El consuelo asiste a una sesión de fotos metidas en el ordenador de los últimos días, donde el aspecto soñaba saludable y el aire familiar inunda el cuarto donde se dio el ultimo suspiro. La cabeza pica y la farmacéutica inicia una sesión de formación sobre los múltiples productos destinados a la erradicación de piojos. El mensaje es claro "Todos a una como en Fuenteovejuna" e intenta la "normalización" de esto pasa en las mejores familias: "Mi amiga de Puerta de Hierro también..." Los piojos se adaptan a los tiempos y el vinagre puede volver a ser eficaz por ácido. Promociona una liendrera metálica que arrastra huevas aunque no se vean. El secreto esta en no estigmatizar al que parece foco y realizar una acción conjunta de despioje. El coche no esta, acostumbrado a las multas pasadas de hora en los parquímetros y las listas de publicación de edictos en el Tablón de Anuncios del Ayuntamiento de Madrid, se lo ha llevado la grúa municipal acompañado de Policía Local. El automóvil no se encuentra disponible para su uso si no pasa por Colon a pagar la multa y se va a las Barranquillas "deposito municipal" a recogerlo. El teléfono de información 010 y más tarde Movilidad Madrid, sugiere la formula contestador apretando 1 y persona al aparato marcando 2, que responde con unos segundos de silencio ante la pregunta: ¿Dónde se pueden poner las multas al Ayuntamiento de Madrid? Se inicia un dialogo de absurdos donde: " Usted va a ser sustituido por un contestador automático y yo voy a necesitar un coche hinchadle que pueda plegarse y ser llevado como un balón de playa en la mochila". La distancia es tan corta, entre la Castellana y Barranquillas, que Colon con su dedo acusador apunta el alarde de bandera que quiere ser "una y grande" en este mundo de besugos. Doscientos euros de un plumazo para Negocios Madrid, Municipalidad Autonómica de Sociedades Anónimas. Alcalde aquí, presidenta allí y amigos socavando mundo obrero. Se cobran obras a destajo y parquímetros a metros. ¡¡Madrid de Pro, Turística y Olímpica¡¡ ¡¡ Madrid que vuela¡¡ La noche se cierne sobre la Capitalidad que promueve el valor del todo y ningún taxista quiere acercarse al deposito municipal de automóviles, Mediodía II, Mediodía III, esquinado con barranquillas. El conductor municipal, abordado por no encontrar recurso publico autorizado aconseja "no acercase por esos lugares poco recomendables". Un taxi blindado se atreve en la carrera sorteando yincanas,
doblando paseíllo y adentrando caminos donde las sombras se cruzan
como animas en pena, de dos en dos, de una en una... Poblado Madrid
al sabor de la luna que siempre lo esta dejando y se pincha en mercado
libre de impuestos. LQS Turón Valle. Marzo 2006 |