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Año V. /

El champú y la Trinidad

Tenemos un amigo en común, sí de aquellos que podemos denominar legales a pesar de ser un católico empedernido, y con muy pocas luces, como así al clero les gusta, aunque por eso no deja de ser una buena persona. ¿Que le vamos hacer?, en ese punto allá él. Es pues que nos contó la conversación que tuvo con su guía espiritual, o sea, el cura de la iglesia que frecuenta. Como vulgarmente se dice, él se nos confesó de la siguiente manera:

“Reverendo padre, tengo algunos colegas ateos, son buenos chicos pero aprovechan todos los momentos en que están conmigo para una charla militante. Me salen con cada pregunta…, y cada ves más difícil de poder responder, padre. Aún en el momento que menos lo espero, es por lo que tartamudeo con frecuencia al hacérmelas y yo querer contestar en el instante. Ocurre que aún ellos leen mucho, se informan, debaten por lo que están muy instruidos y tienen preguntas y respuestas de maneras precisas y arguméntales. Creo padre, pues he llegado a la conclusión de que nosotros los cristianos católicos no acostumbramos a debatir ni hacer nada por el estilo, usted solo insiste en que debemos tener mucha fe y con eso es suficiente y basta”.

“Padre, sin embargo, lo confieso, la última ve los pude callar, por lo que quedé gozoso. No para reírme de ellos, pero sí para hacerlo interiormente. Resulta que estábamos de excursión y al pasear por el centro de la ciudad entramos en la magnífica catedral, ellos para apreciar la arquitectura y pinturas interiores, yo para ver la majestuosidad de la casa de Dios. Ahí quiero llegar. En un preciso momento, cuando estábamos viendo unas de las capillas en su bóveda estaba escrito en latín: “Ven, Espíritu Santo”. Fue ahí que me hicieron la pregunta a quemarropa. “¿Qué personaje es ese del Espíritu Santo?”. Tragué saliva e pensé: “ya está, lo que faltaba”. Pero le respondí que era la tercera persona de la Santísima Trinidad. Tosí secamente, pues sabía que quedaron como si escuchasen llover, igual que siempre. Entonces uno de ellos dijo: “Eso es lo que está escrito en el catecismo de la iglesia católica. ¿Por qué es que tú y los demás creyentes siempre respondéis de la misma manera?” Padre, ellos saben lo qué consta en el catecismo, biblia y evangelios… ¡Caramba! Es que estos tíos se lo saben todo, no sé porque preguntan…”

“Sin yo poder responder y controlando mis pensamientos me hicieron otra pregunta: “¿Y quien es esa Santísima Trinidad?”. Yo quería dejarlo por eso mismo, pero tampoco quedar como un católico fracasado, por lo que le respondí: “El misterio de la Santísima Trinidad es un dogma de la santa madre iglesia católica. Se compone del Dios Padre, Jesucristo, su amantísimo Hijo y el Espíritu Santo; son tres personas distintas en una sola. Dios, hace ya dos mil años envió a la Tierra a su muy amado hijo Jesús; aquí estuvo y a pesar de que fue ejecutado por los hombres continuará estándolo siempre entre nosotros a través del Espíritu Santo”.

“Ahí fue que ellos me interceptaron diciendo: “¿Cómo es posible que nosotros podamos creer en una cosa obligatoriamente y aún más con mucha fe promulgado por el catecismo de la iglesia católica”? Padre, en ese instante, como que inspirado por el mismísimo Espíritu Santo me acordé de una cosa. Los miré fijamente a sus ojos y dije: “Os voy a explicar el misterio de la Santísima Trinidad de la manera más simple que hasta ahora me lo han explicado. Interpretemos el champú como base; él puede ser tres cosas en una sola. El champú que es el constituyente y mayoritariamente el producto que lava. La química es la que perfecciona el trabajo del champú. Y las vitaminas son las que te dan vitalidad y belleza. El misterio trinitario es lo mismo. Dios es el champú, Jesús la química y el Espíritu Santo las vitaminas. Son tres cosas distintas pero al mismo tiempo una sola. Al principio quedaron serios, después, empezaron a reírse a carcajadas diciendo: “Ahora ya empezamos a entenderlo mejor. ¿Por qué no nos lo dijiste antes y de esta manera?”.

Padre, ¿será que lo he hecho bien o he cometido un gran sacrilegio? ¡¿Cómo es que nunca se me había ocurrido contárselo a estas gentes hasta aquellos instantes…!?”.

¿Quiénes somos los ateos?

Días después, en otro encuentro con el meapilas, no le hicimos referencias a la tremenda chorrada de la Trinidad y el champú, pero sí le dijimos lo siguiente:

Camarada, nosotros somos un grupo de personas unidas por nuestra osadía de pensar, dudar y cuestionar. Somos los ateos y ateas de este Planeta. Nos caracterizamos por nuestras incredulidades basadas en estadísticas sistemáticas, en los fundamentos de la realidad, del conocimiento y nuca en supuestas identidades divinas y superiores. Tenemos los pies en la Tierra, donde nacimos, vivimos y moriremos dentro de ese siclo de vida, mientras tanto juntos aprendemos e intentaremos hacer un mundo mejor en lo posible y para todos.

Pertenecemos a ese cada ve más grande grupo de libre pensadores reuniendo corrientes ideo-filosóficas como son el ateísmo, agnosticismo, etc.…, y todas aquellas tendencias que valoricen la Humanidad y la vida terrestre como un bien natural del cual el fenómeno divino está excluido.

La diferencia es lo que nos une a todos como ciudadanos de un pueblo global. Renunciamos el pensamiento uniforme y la masificación de ideologías, queremos que todos tengan el derecho a escoger su modo de pensar y de vivir, sin miedo de preconceptos y de intolerancias.

Entendemos y creemos que Dios no existe. El ateismo es el fruto de una filosofía basada en informaciones científicas por lo que disponemos de la experiencia social y del pensamiento progresivo.

Encontramos motivos para no creer, o simplemente no encontramos motivos para creer. Es una decisión personal que no afecta a nadie si no al propio individuo, por eso escogemos también el respetar las opiniones contrarias con el mismo respeto que exigimos para nosotros.

Centramos nuestras atenciones en la Humanidad. En la virtud y en su lado frágil, en las conquistas y fracasos, en los problemas y poderes que el ser Humano ha venido construyendo a lo largo de su dilatada evolución y existencia.

Buscamos la verdad y el conocimiento. Somos una forma de vida que tiene la capacidad de aprender, la voluntad de conocer, la curiosidad para descubrir y las herramientas intelectuales para alcanzar la sabiduría.

Somos conscientes del camino arduo de los descubrimientos, de que nuevas respuestas nos traerán nuevas cuestiones, pero sabemos de antemano que la Razón Humana aliada a un sentimiento de humildad y honestidad llevará mucho más lejos nuestros patriotismos quebrando las fronteras de la ignorancia por lo que nos revelaran nuevos y grandes conocimientos.

El movimiento ateísta es constructivo. No creemos en la existencia de ningún dios, cuestionamos todas y cada cual de las religiones como instituciones y defendemos la separación entre Estados e iglesias para construir un mundo más libre, donde todos puedan coexistir prácticamente independientes de sus creencias y opiniones; donde todos puedan expresar sus sentimientos e ideales y donde todos tengan a la Humanidad y la vida en la Tierra como el centro de nuestras preocupaciones y cuidados.

Atrevámonos a pensar libremente. Seamos seres Humanos. Somos por tanto los ateos y ateas de este único planeta habitable en muchos millones de kilómetros fuera de la Tierra.

Para concluir preguntamos: ¿Hay algo que nos pueda enseñar el ateísmo? El ateísmo nos enseña:

¡No hay un padre celestial! ¡Si nosotros mismos no nos protegemos así como a los huérfanos y desvalidos, ningún dios nos auxiliará!

¡No existen dioses de ningunas de las especie para escuchar los millones de oraciones! Son otras las personas que nos escuchan y humanitariamente nos ayudan.

¡No hay infiernos! Por lo tanto, no existe un dios vengativo o demonio a los que tengamos que temer o imitar.

¡No hay redención o salvación por la fe! Nosotros mismos tenemos que encarar las consecuencias de los propios actos.

¡No tenemos otra oportunidad después de la muerte! Lo que tengamos que hacer tendrá que hacerse ahora o nunca.

¡No existe un guardián divino con o sin ayudantes de “verdades eternas”, bondad, bellezas y libertad! Si nosotros mismos no nos defendemos, entonces desapareceremos como Seres Humanos de la faz de la Tierra.

LQSomos. Zerimar Ilosit. Julio de 2007