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Año V. /

El derecho a la ignorancia

Solo el derecho a la educación te da y te quita el derecho a la ignorancia, y luego podremos decir aquello que alumbró Sócrates en sus horas bajas: “Solo sé que no sé nada”.

“No nos engañemos. Somos diferentes. El sistema tiene la obligación ineludible de proporcionar el derecho a la educación e intentar que las diferencias socioeconómicas socaven lo menos posible ese derecho. Pero una vez que lo ha hecho… Yo defiendo el derecho a la ignorancia. Si el niño no quiere estudiar es que no quiere estudiar. Ya puede tener todos los medios, que se pone a mirar por la ventana.” (Carmen González Fernández, Viceconsejera de Educación de la Comunidad de Madrid, finales del mes de mayo. Junio, sigue en su puesto y el susto se nos pasó).

Esta declaración de principios de una de las máximas responsables en velar por el derecho a la educación de todas y cada una de las personas que conviven en el territorio, da la medida del pensamiento globalizado de los que poseen demasiado y tiran sobras a los que, siendo diferentes, nunca llegan a conocer el derecho igualitario.

Bush, con su derecho a la ignorancia dejó en la mesilla de noche un aniñado poema para su esposa. El niño que no quiere estudiar porque siempre ha carecido del esfuerzo motivador de sus progenitores y su entorno social, dice saber demasiado a los 12 años y hace cruces mientras mira por la ventana. El poema lo escribirá a lo largo de su vida en la desigual supervivencia del día a día que le espera.

Esta visionaria filosofa educativa sigue impartiendo su saber: “El que ha cruzado en pateras no ha venido a estudiar 3º de ESO, y yo lo que tengo que hacer es proporcionarle una salida más directa al mercado laboral. Además a mí me crea un conflicto en clase, porque ese niño no quiere estar ahí”.

Se olvida que las pateras no deberían existir porque son huídas desesperadas hacia otros mundos imposibles, hacia aquellos que predican y anuncian los primeros mundos llenos de coca-colas, burgers, contenedores de basura y paraísos de tiovivos.

Cuando no existe la ilusión de lo posible crea conflicto adecuarse a la realidad, y más siendo niño, te vuelve un rebelde donde las normas no son tuyas, y la rabia te sale a borbotones si lo que asoma no se aproxima al afecto, al esfuerzo motivador del que acoge y a los recursos humanos y materiales necesarios para restaurar lo roto y la dureza de ir cerrando heridas, desigualdades en tan emprendedora empresa educativa.

“… Algo parecido ocurre con los gitanos. El niño lo que quiere es ir con su padre en la “fragoneta” al mercado, a vender fruta”. “Las fragonetas” se van llenando de niños, adolescentes y jóvenes en busca de pan y mercadillos, en una sociedad donde la etnia gitana lucha con sus leyes por seguir con sus costumbres, en un entorno cada vez mas mezclado. “Los payos” y los gitanos tenemos la responsabilidad de crear puentes educativos para su propia supervivencia. Su potente transmisión oral necesita el complemento de la escritura y la lectura, el legado de la formación y de llevar a término los ciclos educativos entre los más desfavorecidos”.

La Viceconsejera podría ponerse manos a la obra “como si fueran sus hijos”, y dar la mano a las asociaciones y colectivos gitanos para rediseñar un plan integral educativo que lleve a los poblados, calles, infraviviendas ese derecho de todos a la educación que quita y da ese derecho a la ignorancia del propio saber de que se es un ignorante.

Y de paso, puede ponerse a analizar las causas de preocupación de los Educadores de algunos colegios, que han visto pasar por sus aulas distintas generaciones de niños gitanos, que ven o intuyen en los más pequeños cierto tipo de discapacidades relacionadas con el aprendizaje.

Si los emperadores desvarían, los viceconsejeros levitan y lo religioso predica sobre “la fuerza del pecado” y “del mal” ¿Qué nos queda a los pobres ignorantes que creemos en la educación como una fuerza revolucionaria capaz de cambiar el mundo?

¿Qué es el derecho a la ignorancia? ¿Es ignorar todas las desigualdades e insensateces que tenemos que escuchar, ver y convivir con ellas a diario en este planeta desorbitado?

¿Y el derecho a la educación? ¿Dónde esta el hecho de educar?

“La educación implica favorecer el desarrollo integral de la persona partiendo de sus propias necesidades, apoyando su crecimiento físico y psíquico, permitiendo el ejercicio de todo un potencial de habilidades valiosas, sirviendo a una socialización que haga consciente al individuo de su papel en el mundo y de la necesidad de relacionarse con los demás desde la solidaridad, el respeto y la tolerancia.

Educar es comunicar el afecto, promover la sensibilidad, la creatividad, la autoestima y enseñar a mirar el mundo desde la emoción y, al mismo tiempo, dar estímulos para que la propia persona sepa canalizar esas emociones y vivir en sociedad.

La educación debe servir para motivar y alentar a construir el deseo de aprender. El aprendizaje no se impone desde fuera, siempre se construye”. (Agustín García Matilla. “Una Televisión para la Educación. La Utopía Posible”. Gedisa, 2003)

Turón Valle