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Año V. /

El hambre de los Otros... la riqueza de unos pocos

Cuesta creer más allá de los discursos, que la conferencia de la ONU contra el hambre, sirva para algo. Podemos seguir ¿celebrando? el día de la hambruna, como el de la tercera edad, del niño… Pero en este mundo global donde vivimos priman los intereses de unos pocos sobre el resto de la humanidad. Es una cuestión política y vivimos inmersos en la política del capital.

Queda bonito ver a muchos dirigentes mundiales dar discursos de igualdad y justicia sobre un papel, pero sigue siendo terriblemente fea la realidad de lo que son sus políticas "in situ". Desde Lula (que nos abrió y cerró ilusiones) hasta Zapatero (operación Talante).

Si esperamos combatir el hambre con nuevos impuestos y limosnas, seguiremos jugando con un efecto de imagen pero con una realidad innegable: la muerte diaria de miles de seres humanos por inanición.

Las fiestas de la realeza para la beneficencia llevan una larga historia, pero no han cambiado nada (¡¡qué buenos y majos que son!!). Los macro conciertos y festivales anglosajones son muy bonitos, pero no han cambiado nada. Los misioneros hacen una labor muy humana, pero no han cambiado nada. Las nuevas ONG´s sustituyen papeles que corresponden al Estado y tampoco cambian nada.

Si no cambia la política mundial seguiremos viendo como se mueren "los otros", mientras nosotros miramos nuestro frigorífico lleno. La política capitalista y salvaje del globo Tierra divide al mundo en consumidores, consumidores y productores. África, por poner un ejemplo (sangrante), no interesa como consumidor y la explotación de sus bienes naturales (los que no están esquilmados), se controla desde Occidente.

Las redes de distribución y almacenaje de alimentos que funcionan hoy en el mundo podrían, en horas, transportar millones de toneladas de alimentos (seria caridad, pero apaciguaría el hambre, la muerta). Pero esas redes, como la industria de la alimentación, sólo funciona para los afortunados consumidores.

Una política que no se base en el FMI ni en el Banco Mundial, ni en la cooperación con las multinacionales (tome nota, Sr. Lula), pero sí en la independencia de gestión de los recursos, en la producción nacional propia, con criterios humanos y sociales y nunca de mercado, podrían abrir otra esperanza. Sólo la autosuficiencia sería el primer paso para luchar contra el hambre, seguido de una solidaridad bien entendida.

Mientras, Occidente vende armas, mantiene guerras y saquea recursos donde después manda a sus ONG´s y sus bolsitas de la caridad.

¡Hacen falta más revoluciones para que llegue la evolución!
El hambre es un arma de destrucción masiva, el mayor acto terrorista en este planeta.
Yo acuso, como culpable, al sistema capitalista que dirige y maneja este mundo a su antojo. ¡ASESINOS!

Galileo

P.D. Otro día halamos del hambre de los países ricos, donde buscar en los cubos de basura, es entrar en el restaurante. (Ricos y pobres, esa es la cuestión)