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Año V. /

¿El Papado es cosa de críos?

Como es bien sabido, ya que casi todos los días salen noticias relacionadas con el personaje despótico e “infalible”  del Vaticano, traemos aquí un artículo relacionado precisamente con un homólogo suyo del pasado y que precisamente también se llamó Benedicto, aunque numeralmente fue IX. La finalidad a que queremos llegar es precisamente el demostrar que si el actual piensa como un inquisidor, por las barbaries que llega a predicar e imponer (no a nosotros), pero sí a toda la cristiandad católica. Así pues consiste en hacer comparaciones y demostrar que a pesar de los siglos transcurridos el poder despótico y dominante de la iglesia continúa.
Pues vamos allá, y para que no se hiciera tan pesado estas cosas de la curia romana se le ha dado un algo en clave de humor, porque no hay manera de poderse tomar en serio tantas santísimas barbaridades y con el agravante de que continúan tomándoles el pelo a los pueblos del mundo. Insistimos, no a nosotros, por supuesto.

Cierto día del “Anno Domine” de 1032, el Espíritu Santo resolvió, mejor decir, introducir novedades en el Vaticano, aunque nunca lo sabremos ya que ese personaje de la tercera persona de la trinidad resulta ser muy resbaladiza y misteriosa que las otras dos. .., ¿no lo creen así? Pues en ese glorioso año fue elegido papa y cuando aún el candidato era muy joven con apenas 12 años de edad subiendo al trono de Pedro con el nombre de Benedicto IX.
En los inicios del siglo XI, un influyente italiano, poseedor de grandes riquezas, compró el papado para uno de sus hijos, con apenas 12 años de edad por lo que recibió la tremenda responsabilidad de ocupar el sagrado solio de Pedro, que en aquella época disponía de las vidas y muertes de todos los habitantes de la mayor parte de la Europa cristiana. Pues eso hemos ganado, hoy día podemos decirle al papa actual que ya no manda en nosotros. De esa manera Benedicto IX fue coronado en el otoño de 1032, habiendo sido el papa más joven de la historia del catolicismo y cabe insistir que a la iglesia no le interesa divulgarlo.
La historia nos cuenta que la compra del papado para un muchachito de apenas 12 años llevó a algunos eclesiásticos sediciosos por su inconformidad (no era para menos), por lo que se armó un complot para matarlo (que tampoco era ni es una novedad). Los conspiradores resolvieron ejecutar el macabro “trabajo”, casi un infanticidio, algo parecido con la tan machacona historia de Herodes…, dentro de la entonces catedral del cristianismo. Pero resulta que al no poder entrar en el palacio los esbirros sin que fuesen notados, decidieron subir con cuerdas por las paredes, prender el infante papa e inmediatamente estrangularlo. Pero es aquí que Dios en su inmensa sabiduría no quiso que se cometiera ese horrendo crimen con su mayor representante de él en la tierra. Benedicto sintiéndose amenazado huyó de Roma. Volvió cuando lo creyó conveniente y cada vez que se sentía en peligro, salía por otra puerta de la ciudad.

Los años fueron pasando y después de llevar una vida depravada, Benedicto tuvo la feliz idea de montar un burdel dentro del propio palacio junto a algunos compinches y amigotes cardenalicios por lo que mandaban raptar las mujeres guapas que hacían peregrinación a la “ciudad santa”. Por eso los maridos y padres necesitaban estar de ojos en sus esposas e hijas, para evitar que ellas fuesen secuestradas por los esbirros del papa y secuaces.
Pero un buen día entonces Benedicto, cansado de aquella vida de libertinajes, resolvió fundar un hogar de verdad, por lo que quedó novio de una bella joven. El padre de ella aceptó la boda, sin embargo, puso la condición de que él tendría que dejar aquel “empleo” tan peligroso. Benedicto estaba tan apasionado que rápidamente aceptó las condiciones y se puso a “limpiar” el palacio de todos los metales preciosos, ante de abandonar el “empleo”. Infelizmente, para él, sus hermanos ya habían hecho una “limpieza” completa por lo que descubrió que era un hombre pobre. Pero tuvo otra excelente idea. Vendió el papado por lo que ganó una fortuna, un acto más de “humildad” y “pobreza” que tanto nos machaca el catolicismo…
 Lo puso a la venta en el mercado libre y rápidamente apareció un comprador. El interesado, tal para cual, era un cardenal responsable por algunas iglesias de la ciudad. Benedicto estaba pidiendo la fabulosa suma de 1400 libras oro, las mismas que le fueron pagadas por el cardenal, que precisamente había juntado esa fortuna con las disculpas de que necesitaba dinero para las reformas y conservación de las iglesias a su cargo. ¿Será que esas mismas palabras nosotros las estamos escuchando aún hoy día…? Sí, continuamos escuchándolas, infelizmente… El comprador recibió el trono papal y como legítimo sucesor de Pedro y representante de Jesucristo ante toda la cristiandad católica, se instaló con el nombre de Gregorio VI. ¡AH! Benedicto IX sería papa por dos ocasiones más. ¡Cosas del Espíritu Santo!

El criterio de libertad es un hecho, a pesar de que la iglesia y sus reiterados dogmas de fe no lo permiten, pero ahí está esa “sagrada historia” del cristianismo y en particular del catolicismo para que podamos investigar y hacer un análisis de lo que ha sido y continúa siendo.
El hombre más joven que recibió el título de sumo pontífice de la iglesia católica romana, fue también el que más veces ocupó el sagrado trono del supuesto Pedro. Fueron en tres ocasiones por el noble romano llamado Teofilato de Tusculana (1020-1056) y reinando como Benedicto IX, con ese mismo nombre. En el inicio del primer mandato, 1032, él era apenas un muchacho de 12 años. Se hizo líder de la iglesia romana porque pertenecía a la importante familia Tuscalana, de Roma y estaba emparentado con dos papas anteriores, Juan XIX y Benedicto VIII. En aquella época los papas eran elegidos por la influencia de los nobles y poderosos. En esas disputas entre las familias del Vaticano llegaron a haber hasta asesinatos, (es que el Espíritu Santo ha tenido cada una…). Fue en una de esas disputas eclesiásticas, en 1044 que Benedicto IX fue retirado con la acusación de tener comportamientos sexuales poco harmoniosos con su condición de hombre santo…

En su lugar pusieron en el tan disputado trono a Silvestre III, de la familia rival, la Crechentuii, pero Benedicto lo excomulgó y volvió al Vaticano. Nuevamente en el poder, esta vez vendió su cargo papal a un padrino, por lo que éste en 1045 se convirtió en Gregorio VI.
Y entre oraciones y luchas internas el entonces emperador Enrique III del Sacro Imperio Romano Germánico, que reinaba sobre Italia y Alemania (posiblemente inspirado por el conocido, pero nunca visto, Espíritu Santo, como ocurre en estos casos), destituyó a Gregorio VI y nombró a su protegido que subió el tan deseado solio con el nombre de Clemente III; por cierto, murió misteriosamente 8 meses después, no fue el primero ni sería el último… Benedicto IX entonces con 27 años, aprovechó la oportunidad y convenciendo el Colegio de Obispos (va usted a saber por cuales medios…), consiguió un tercer mandato con lo cual pudo restringir las influencias de los nobles.

Según los registros históricos, hemos recabado que el aquí reiterativo papa y a pesar de lo que nos vienen aún diciendo que son elegidos por obra y gracia del tal Espíritu Santo, él comenzó sus “mandatos”: el 1º octubre de 1032; el 2º en abril de 1045 y 3º en noviembre de 1047. Los finales fueron en septiembre de 1044; mayo de 1045 y julio de 1048. Toda una vida dedicada a divulgar los santos evangelios… (¿?).   

LQSomos. Zerimar Ilosit. Octubre de 2007
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