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La Calle
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| Año V. / | |||||
| El rey de este mundo Durante su “Pasión y muerte” Jesús, el llamado Cristo, habló muy poco, pero dijo algunas cosas muy interesantes, por ejemplo: “Mi reino no es de este mundo, si de este mundo fuera, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos” (Juan 18:33-37). Que su reino no era de este mundo, o lo que es igual, que este mundo no era su reino; esto es: que él no era el rey de este mundo, ya había quedado claro cuando “Satanás” se le apareció en el desierto, lo trasladó a una cumbre altísima desde dónde se divisaba el mundo y todos sus reinos, y le dijo: “Todo esto te daré, si postrado me adorares” (Mateo 4: 1 – 11), así que “el rey del mundo” –de este mundo- debía ser, ciertamente, “Satanás” que, no lo olvidemos, era llamado “príncipe de la luz” y “Luz bella” (Lucifer y Luzbel), el ángel más hermoso del paraíso, el que se enfrentó a Dios y éste le arrojó fuera de él. Qué casualidad, cómo a Adán y Eva, lo mismo, lo mismo, seguro que lo arrojó al mismo sitio: Al reino de las tinieblas, esto es a este pobre planeta nuestro, la Tierra; así que aquí estamos nosotros y nuestro Rey, su majestad Luzbel, o sea se Satanás: elrey de las tinieblas o de estemundo nuestro. Bueno, y todo esto a que demonios viene, se dirán ustedes, pues viene a que en realidad el rey de este mundo no es Jesús –oigan, que lo dice él mismo-, sino Satanás o Luzbel o Lucifer; y que debe haber gato encerrado en ese empeño que tiene el papado romano y la alta jerarquía de la iglesia católica romana -desde que ésta se inventó allá por el siglo III – IV d.C.- en establecerlo como “Rey de reyes y del mundo”. Ya ven, siempre les he visto yo algo diabólico y maléfico a esa panda de jerarcas aviesos, pederastas, corruptos y reprimidos; pero me he puesto a pensar, y la cosa me ha cuadrado: por más que se empeñen, no son la Iglesia de Cristo, son la Iglesia del Rey del mundo, esto es de Lucifer, o Luzbel o Satanás, por mucho que lo oculten. Ya ven, yo solita. Que digo yo que ni Don Brown, ni código da Vinci, ni nada; que se ponen las neuronas a trabajar y a deducir y ¡zas!... Salta la verdad cómo una flecha; y ya se sabe lo que decía el evangelista Juan, que decía Jesús: "La verdad os hará libres"... Y alguien que ahora mismo no sé, pero que he leído por ahí, añadía: "...y las mentiras, creyentes". Y razón no le falta a ninguno de los dos. Primero lo decidieron y le dieron un primer apuntalamiento en Nicea; y ojito: a quien no estuvo de acuerdo, lo declararon so hereje maniqueo, -o lo que fuere-, y lo excomulgaron apartándole de su gran proyecto. Entonces, en los comienzos, aún eran suaves; porque lo de torturar y cortar cabezas, pasar a cuchillo, quemar en la hoguera y ahorcar en la plaza pública, vendría más tarde con los de la Inquisición; que no se andaban ni con bromas, ni con chiquitas, esos brutos. Y así, pasito a pasito, concilio a concilio, se fue montando la “gran bola” de “la Dios es Cristo” –nunca mejor dicho-; y tan bien montada la montaron, que el mismísimo Papa León X , ante el terror de uno de los cardenales por los estragos que estaba causando Lutero –entiéndase por “estragos” bajas de “creyentes” y por lo tanto, de pecunios-, con su reforma contra las bulas, las indulgencias, el celibato, la autoridad del Papa, y otras minucias, le dijo: “Mirá, Bembo, calmate, ché; gracias a la fábula esta de Cristo que nos armamos, hemos vivido y vivimos cómo dioses, no la vamos a desmontar ahora, porque sería una gran cagada, ché” -bueno, no usó esas palabras, pero le vino a decir que “prohibido tocar y alterar lo que funciona bien”-, más o menos, y todos contentos, desde el jefe “Satanás” hasta el cura más pardillo. Y bien, Lutero se salvó de la quema y de la inquisición, pero eso fue porque era alemán y ya se sabe que La Germania siempre fue muy reacia a Roma, no porque desde Roma no intentaran cortarle el pescuezo al pobre de Lutero, que por ellos no quedó, pero con la Germania toparon. En fin, que desde Nicea hasta hoy, la Iglesia Católica Romana se ha plantado con su bien construida fábula como aliada del Rey del Mundo, esto es, al parecer del diablo o Luzbel, o Lucifer o Satán -a juzgar por sus obras, que ya se dijo "por sus obras les conoceréis"-, y no hay quien la mueva; porque si algo o alguien se acerca siquiera a propinarle el más mínimo movimiento, lo siegan de cuajo y pasa a ser habitante de otro mundo –no sabemos si del de Cristo- más rápido que inmediatamente; eso, o al mayor de los ostracismos; y tenemos ejemplos cercanos, por ejemplo: lo ocurrido con los teólogos de la liberación ; con Teilhard de Chardin -a éste no le tocaron ni un pelo, ni pusieron sus obras en el índice; pero no le perdonaron que fuera sacerdote, que fuera aristócrata, que fuera científico de renombrado prestigio y que pusiera a caer de un burro las teorías creacionistas, en favor de las teorías evolucionistas y de la ciencia; y, ni mucho menos, que pusiera en duda y en entredicho la ortodoxia católica romana. Se lo hicieron saber poniéndole bien de palos en las ruedas y relegándole al más cruel aislamiento, y lo mismo hicieron con otros tantos. Más atrás tenemos el ejemplo de lo acontecido con los Cátaros o albigenses ; con los templarios ; y un largo etcétera, amén de lo que ocurría con personalidades individuales cómo Miguel Servet, Giordano Bruno , Copérnico , Galileo , etc. Parece que a estos señores de la curia romana nunca les ha gustado mucho la ciencia , ya que siempre se han sentido muy amenazados con ella y sus adelantos. No a todos los asesinaron -que me río yo de las barbaries cometidas por el Islam a las que aludía Benedicto XVI, con una cara que se la pisaba el hombre-, pero a los que quedaron vivos, les arruinaron la vida y colocaron sus obras en el índice prohibido. La verdad, ¿Por qué les molestará tanto a Satán, a Yahvé y a su Iglesia -la de Roma- que los pobres humanos adquiramos conocimiento y ciencia? Ya montaron un cirio, allá por el principio, cuando nos arrojaron a las tinieblas y nos prohibieron entrar de nuevo en el paraíso; hasta pusieron un guardián no fuera que comiendo de nuevo del maldito árbol -que también se le llamaba "de la ciencia", además de "del bien y del mal"- llegáramos a ser como dioses... -que esto ya se lo he contado más arriba-. Y luego se lían a matar y desaparecer a todo aquel que pretenda el más mínimo avance... Hoy, el cirio lo tienen armado con los anticonceptivos, la fecundación in vitro, las células madres, etc. Nada, que los pobres humanos estábamos designados en los planes divino-demoníacos-yahverinos-luciferinos, a ser unos desgraciados ignorantes, y con su invento eclesial, estamos, hasta hoy, condenados a seguir igual, por lo visto. En fin, que no hay que ser muy lúcidos para llegar a la conclusión de que esta sacrosanta iglesia –me refiero a sus altos mandatarios, los que establecen la doctrina y los dogmas-, a juzgar por lo que cuentan los evangelios que ellos mismos han declarado cómo canónicos y aceptados -que tiene guasa la cosa-, lo que es por el lado de lo que decía y hacía Cristo –salvo honrosas excepciones cómo Juan XXIII y algún despistadillo más-, no va. Se mire por dónde se mire, la sacrosante iglesia católica apostólica y romana, va por otro camino muy diferente al que diseñó Jesús; tal vez, por el de "el anticristo", cómo bien decía Lutero. ¿Y a qué se llama anticristo, eh? Pues a la bestia, -lo dice el Apocalipsis-, o sea se: a Lucifer: el rey de este mundo. ¿Y a mí qué me va y qué me viene, siendo como soy agnóstica? En realidad, nada; pero me siento solidaria de los engañados que se acercan a ese antro de perdición, de buena fe, y me siento solidaria con la humanidad que busca libertad y justicia, y que no deja de caer en creencias sectarias muy peligrosas. Me siento ciudadana de este bello planeta y de las oportunidades que el haber nacido y vivir en él me da; me siento solidaria de mis demás congeneres -de los del Satán-yahverato, no, por favor- de laciencia y de todo lo que nos da luz, aunque también debo decir que nuestra conducta se acerca más, a veces, a la delSatan-yahverato, que a la de la luz y de la inteligencia-, y me repatea que unos cuantos poderosos -por más que sean Satán, Dios y quien les alabe, se empeñen en considerarnos tenebrosos, nacidos con pecado y faltos de "redención". A mí, les ruego que no me rediman, miren, mejor déjenme tal cual. Tal vez sea demasiada exageración concluir que los del Vaticano son “adoradores y seguidores del Rey de este mundo”, llámese, su majestad, Satán, dinero, multinacionales, narcotráfico, corrupción, ambición, pederastia, poder, etcétera; pero como por sus obras los conoceréis –que ya les he dicho, decían los evangelistas, que lo decía Cristo-, en lo que a mí respecta, y con todo respeto a quienes los sigan, bien conocidos están. LQS. Hannah. Febrero de 2007 |