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Año V. /

Entre cerdos y borregos anda el juego

Hace pocos días se celebraba entre los musulmanes su Pascua grande, cada familia musulmana sacrifica un cordero, borrego, hauli, en honor al que sacrificó Abraham, Ibrahim, en lugar de su propio hijo. Es una fiesta de mi entorno, no porque mi religión sea la musulmana (tampoco otra), sino porque nací en una riquísima ciudad con cuatro culturas, entre ellas también la musulmana. Desde niña veía a los hombres negociando con los ganaderos, corderos subidos a los más extraños vehículos y ubicados en los más extraños lugares hasta el día de su sacrificio, mujeres curtiendo a base de piedra la piel del cordero en las rocas del mar, haciendo dulces de olores increíbles, mezclados con tripas secándose al sol, todo un espectáculo. Con los años aprendí que del borrego se aprovecha todo excepto los ojos y aún así hay gente que también le encuentra algún provecho culinario. Pero con los años también tuve que ver otras cosas.

Después de dejar aquella ciudad sigo sintiendo apego por ella, porque a pesar de que uno debe ser de donde habita, mis recuerdos, mi infancia y mis amigos siguen allí, al otro lado del Estrecho, sigo en contacto, escucho sus noticias.

Cada año, la Asamblea de la ciudad destina una partida de sus presupuestos para ayudas a la compra del borrego a las familias más necesitadas, para el próximo año se advierte que se cambiará la forma de reparto porque se han detectado irregularidades en el mismo. Hasta aquí fue la noticia que escuché en la radio. Esa misma tarde llega a mis manos "una carta al director" publicada en el diario local de más tirada escrita por Juan Carlos Morales Salas y titulada "yo no kiero un borrego, yo kiero un jamón", no dudo en poner aquí su nombre puesto que su carta está firmada en el mencionado periódico, sobre el estilo de su coplilla, que erróneamente bajo el epígrafe de carta al director se publicó, no haré ningún comentario, hay gustos como colores (para aquellos que quieran ver de lo que hablo pueden leerla en http://ceuta.elfaro.es/nx.asp?noti=1134) . La esencia y la gracia que a cierto público le hizo la misma es lo que me preocupa, y se extiende más allá mi preocupación cuando la ofensiva coplilla no encuentra derecho a réplica aún no sé por qué tipo de política de publicación del periódico.

Debe ser una cuestión de ignorancia lo que lleva a personajes como el señor Morales y todos aquellos a los que hizo gracia la coplilla, a considerar que la Navidad es más importante que la fiesta del Sacrificio, que su jamón tiene prioridad sobre un borrego, y resulta que ni usted, ni yo somos más que aquellos a los que compara con los animales que sacrifican, que no por estar por estos lares todo es Carnaval y chanza, que hay cosas que no admiten bromas, que la diferencia entre ser rico y ser pobre no la marca un Jamón de pata negra ni la catadura moral de un individuo el comer jamón o no probarlo por razones religiosas o como me dice mi amiga Roxana, que no entiende que yo pueda comer carne cruda de pata de chancho.

No quiero ver más allá de esas líneas, pero leo: ignorancia, aún se confunde religión con nacionalidad. Prepotencia: yo soy mejor porque como jamón como los que son de donde son y no están de prestado. Generalización: el periódico no publica réplicas y haberlas ahilas, entre otras que me constan, la mía propia. Altruismo selectivo: ayudemos a los asiáticos pero ni se os ocurra financiar un borrego a mi vecino.

En una ciudad como la mía, donde siempre estuvo todo bien mientras nadie se ocupó de igualdad de derechos, mientras el servicio doméstico era barato y sin seguro médico, mientras a los "inferiores" no se les ocurrió demostrar que valían tanto como "nosotros" y podían acceder a los puestos de trabajo que se propusieran y eso sin las proteínas del cerdo, ¡imagínense que mérito!, mientras estuvieran ahí calladitos y sumisos todo estaba bien, pero amigos míos, si al Ayuntamiento se le ocurre financiar viajes a la Meca o borregos para sacrificios, que dios nos coja confesados.

Aixaferra