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Evolución del colectivo homosexual en los años del franquismo (*)
Existencia y oposición a la dictadura franquista
Uno de los movimientos sociales que más ha evolucionado en los últimos cincuenta años es, sin duda alguna, el del colectivo de gays, lesbianas, transexuales y bisexuales (GLTB), tanto en Catalunya como en el resto del mundo.
Al echar una mirada atrás y observar cómo vivían los gays y las lesbianas durante la dictadura franquista, lo primero que destaca es una fecha: 1954. Este año se modificó la tristemente célebre Ley de Vagos y Maleantes, con lo que la homosexualidad pasó a ser considerada un delito, y el homosexual, catalogado como enfermo o vicioso. A partir de entonces, la prisión de Huelva, aún hoy de infausta memoria para muchos gays de edad avanzada, se convirtió en un penal donde eran recluidos estos supuestos delincuentes.
La ley, que no la cárcel, fue sustituida en 1970 por la nueva Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, que apenas modificó la calificación de la homosexualidad; a partir de ese momento, en lugar de vagos y maleantes, los gays -en la mentalidad machista del régimen franquista, las lesbianas, simplemente no existían, y los transexuales eran un cáncer que debía desaparecer- eran, por ley, peligrosos sujetos a rehabilitar, a los que se debía internar en centros de reeducación.
Toda esta legislación, además, no sólo castigaban las prácticas homosexuales, sino también la orientación sexual, por lo que cualquier persona sospechosa de tendencias "anormales" podía ser detenida sin necesidad de que realizara ningún acto ni práctica determinados.
Esta situación se prolongó durante toda una década, pues, aunque Franco murió en noviembre de 1975, hubo que esperar hasta enero de 1979 para que la homosexualidad dejara de ser considerada un delito. Aunque no existe un censo fidedigno, se sabe que más de 600 homosexuales fueron detenidos en aplicación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social.
Ésta era la actitud del régimen, pero mientras tanto, ¿qué hacía el colectivo GLTB? De hecho, hasta principios de la década de 1970 no se puede hablar de colectivo como tal, al menos de manera organizada. En pleno apogeo del franquismo, los homosexuales vivían su realidad de manera individual, sin atreverse a compartirla; procuraban pasar desapercibidos, pues no sólo podían ser detenidos, sino que también debían enfrentarse al rechazo de una sociedad homófoba, que consideraba al "maricón" o "invertido" como una aberración del sexo masculino, y a la lesbiana -mejor dicho, a la "bollera" o "marimacho"-, una mujer desgraciada que, por fea, no había conseguido cazar un marido; de hecho, tanto los gays como las lesbianas desarrollaron una doble vida para poder sobrevivir en medio de un ambiente completamente hostil. Ni qué decir tiene que, si los homosexuales sufrían esta realidad, los transexuales aún lo tenían peor: persecuciones, terapias aversivas mediante electro-shoks, maltratos físicos, violencia e incluso asesinatos eran el pan de cada día para aquellos transexuales que se atrevían a mostrarse tal cual eran.
Pero en 1969, concretamente el 28 de junio, un suceso ocurrido a miles de kilómetros de nuestro país marcó un cambio radical en la actitud del colectivo homosexual. Este año, en la ciudad de Nueva York, cuando la policía realizaba una redada en el bar Stonewall, frecuentado por un público gay -las incursiones y redadas policiales eran una práctica habitual, tanto en Estado Unidos como en España y muchos otros países-, los homosexuales, en vez de intentar escabullirse como habían hecho siempre, se rebelaron e iniciaron acciones de protesta, que pronto se extendieron por todo el país, reclamando sus derechos. Ese día, los gays, al salir a la calle y protestar juntos, convirtieron su orientación sexual, reprimida hasta entonces sin contemplaciones por los poderes políticos y la sociedad, en algo a defender pública y colectivamente; o lo que es lo mismo, en un elemento de conciencia política, de lucha en pro de la igualdad y de una homosexualidad en libertad.
(Anotemos en forma de paréntesis que, en conmemoración de esta fecha, todos los años, el 28 de junio, se celebra el Día Internacional de la Liberación GLTB, con manifestaciones en todo el mundo, entre las que destacan las de Nueva York, Berlín, Madrid y Barcelona.)
Este movimiento, que pronto se extendió por Europa, especialmente en Holanda, y que se plasmó en el nacimiento de diversas asociaciones de homosexuales, fue totalmente ignorado por la prensa española durante muchos años. Pero en 1970, un grupo de gays catalanes, entre los que se encontraban Armand de Fluvià y Germà Pedra, fundaron el clandestino Movimiento Español de Liberación Homosexual, el primer embrión organizativo del colectivo GLTB en el Estado, perseguido enérgicamente por la policía.
Cinco años más tarde, nació el Front d'Allliberament Gai de Catalunya, heredero del acosado MELH. El FAGC, liderado por el activista Jordi Petit, fue la primera organización con una estructura permanente y se convirtió en el eje central del movimiento reivindicativo del colectivo GLTB en Catalunya, así como un referente en el resto de España hasta mediados de la década de 1980, propiciando la creación de otras asociaciones homólogas, como el Front d'Alliberament Homosexual del País Valencià, el Front d'Alliberament Gai de les Illes Balears, el madrileño Frente Homosexual de Acción Revolucionaria, el Euskal Erico Gay Askapen Mugimendua, el Movimiento Homosexual Aragonés, el Frente de Liberación Homosexual Galego y muchos otros. Todos estos movimientos lucharon desde el primer momento por la derogación de las leyes discriminatorias, pero también para erradicar la homofobia de la sociedad y ofrecer plataformas de apoyo a los propios homosexuales.
En general, los primeros capítulos de esta reivindicación de los propios derechos, desde la protesta de Nueva York hasta la creación del FAGC en Barcelona, fueron encabezados por hombres gays. Las lesbianas tuvieron que recorrer un camino mucho más largo y difícil, especialmente en España, donde la imperante moral derivada del nacionalcatolicismo consideraba el placer sexual un patrimonio exclusivo de los hombres; mientras que a los gays se les perseguía y ridiculizaba, las lesbianas eran completamente ignoradas, y aunque a primera vista pueda parecer que la ausencia de acoso policial les permitía crearse pequeños espacios de libertad, lo cierto es que ese ambiente negador de su realidad propició que muchas lesbianas vivieran la homosexualidad como un drama, como algo anormal e inconfesable; de hecho, antes de la aparición del actual movimiento GLTB, la no aceptación de la propia orientación sexual no sólo la sufrieron muchas lesbianas, sino también un número incalculable de gays.
Y si para los hombres homosexuales, el punto de inflexión en la lucha por el reconocimiento de sus derechos se produjo un 28 de junio en un bar neoyorquino, el despertar de la conciencia de las lesbianas como colectivo con unos derechos a reivindicar hay que buscarlo en la aparición del movimiento feminista a mediados de la década de 1970. Este colectivo, liderado por mujeres como Empar Pineda, Maria José Varela o Lidia Falcón, al luchar contra los clichés de una sociedad machista y patriarcal, extendió la idea de una sexualidad femenina libre, legítima y carente de prejuicios, que permitió a muchas mujeres heterosexuales disfrutar por fin de su propia sexualidad, pero también a las mujeres homosexuales, reconocer y reivindicar su lesbianismo. Pronto aparecieron organizaciones específicas, como el Colectivo de Feministas Lesbianas de Madrid, cofundado por la propia Empar Pineda, que se dedicaron a luchar para que las mujeres lesbianas salieran de su ostracismo.
Hoy, recorrido un tramo del siglo XXI, el actual movimiento GLTB, con sus más y sus menos, sus intentos de unificación y sus disensiones internas, es, básicamente, hijo de esas dos grandes corrientes, y más allá de los logros específicos que ha conseguido en su recorrido -entre ellos, la aprobación en Congreso de los Diputados de los matrimonios entre personas del mismo sexo en junio de 2005, lo que provocó las iras de los estamentos más retrógrados y homófobos del Estado-, ha logrado algo que ya es irreversible: independientemente de la orientación sexual de cada uno, el derecho al propio cuerpo y la lucha contra la homofobia y en favor de la libertad sexual es una cuestión de conciencia política que atañe no sólo a los homosexuales sin a toda la sociedad en su conjunto.
LQSomos.Redacción.Junio de 2007
(*) Artículo redactado conjuntamente por Josep Maria Vázquez y Jordi Monner para el libro que publicará próximamente la Coordinadora para la Memoria Histórica de Catalunya , que traerá por título: "Existencia y oposición a la dictadura franquista |