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Año V. /

Galileo Galilei: Un juicio

RESCATADO éste importante documento de los archivos de la Historia Universal conviene ser divulgado, quizá mas aún hoy día, para que así muchos creyentes, principalmente de la rama católica, pues resulta que deben saber un algo positivo de lo que ha sido, y lo es, su santa religión.

La falta de la verdad, lo engañoso, el rastrero montaje religioso debido a los grandes poderes por parte de los acusadores, ocurrió un día 22 de junio de 1633. Para darle más realidad a los hechos, por unos instantes imaginemos que pudiéramos entrar en una determinada sala del convento de Minerva, en Roma. Ahí tendríamos la oportunidad de asistir a una singular escena de aquellos tiempos. Veríamos a un viejo de setenta años, delante de un tribunal eclesiástico inquisitorial constituido por diez cardenales, ante la lectura de éste documento para nosotros hoy tan extraño. Aunque no debería ser así, ocurre que las injusticias continúan, las hagan quienes las hagan. Veamos las sorpresas y lo que allí se desarrolló. No tomemos mucho en cuenta la traducción de los documentos, pues ocurre lo mismo que ahora, la burocracia de la "justicia" es muy compleja y difícil de entender por lo que no nos llegaremos nunca a habitúanos.

"Nosotros, (seguido de los nombres y títulos de los eminentes cardenales), por la misericordia de Dios, Cardenales de la Santa Iglesia Romana, delegados especialmente como Inquisidores Generales de la Santa Sé Apostólica, contra la maldad herética, de la República Cristiana.

Siendo cierto que tu, Galileo Galilei, hijo de Vincenzo Galilei, florentino, de setenta años de edad, fue denunciado en 1615 a éste Santo Oficio por tener como verdadera las falsas doctrinas, enseñadas por algunos, que el Sol sea el centro del mundo e inmóvil, y que la Tierra es la que se mueve, aún de movimiento diurno, por relación de la misma; tener correspondencia con algunos matemáticos de Alemania, por haberle dado a las cartas título de: "Las manchas solares", en las que explicabas las mismas doctrinas como verdaderas; por, las objeciones que las veces te traían sacadas de las Sagradas Escrituras, conforme tu sentido.

Y habiendo sucesivamente sido presentadas copias de un manuscrito, sobre la forma de carta, en la cual se decía haber sido escrito por ti, a un tal de tus discípulos, y en esa, siguiendo la posición de Copérnico, contienen varias proposiciones contra el verdadero sentido y autoridad de las Sagradas Escrituras.

Queriendo por eso éste Sacro Tribunal dar providencias contra el desorden y el daño que de ahí proviene y andaba creciendo con prejuicio de la Santa Fe.

Por orden de Nuestro Señor y de los Eminentes y Reverendísimos Señores Cardenales de ésta Suprema y Universal Inquisición, fueron por los Cualificados Teólogos, cualificadas las dos proposiciones de la estabilidad del sol y del movimiento de la Tierra de la siguiente manera:
Que el Sol sea el centro del mundo e inmóvil de movimiento local, y proposición absurda y falsa en filosofía, es formalmente herética, por ser expresamente contraria a las Sagradas Escrituras.
Que la Tierra no sea centro del mundo ni inmóvil, pero que se mueva, aún de movimiento diurno, es igualmente proposición absurda y falsa en filosofía, y considerada en teología ad minus errónea en Fe.

Pero queriéndose en aquel tiempo proceder con castigo benigno, fue decretado por la Sacra Congregación reunida delante de Nuestro Señor el 25 de febrero de 1616, que el Eminentísimo Cardenal Bellarmino te ordenara que tu debiera totalmente abandonar la dicha opinión falsa y que, rehusando tu tal hacer, te fuese por el Comisionado del Santo Oficio intimado a que dejase la dicha y que no pudiese enseñarla a otros, ni defenderla, ni tratar de ella, y que, sino te conformases con la intimidación, fuese encarcelado.

En ejecución del mismo decreto, al día siguiente, en el mismo palacio y en presencia del dicho Eminentísimo Señor Cardenal Bellarmino, después de haber sido por él mimo Señor Cardenal benignamente avisado y amonestado, te fue por el Comisionado del Santo Oficio de aquel tiempo intimado, con notario y testigos que totalmente deberías abandonar la dicha falsa opinión y que en el futuro no la pudiese sustentar, ni defender, ni enseñarla de cualquier manera, ni por voz ni por escrito, y habiendo tu prometido obedecer, fuiste mandado en paz.

Y a fin de que terminara enteramente tan perniciosa doctrina y no andarse caminando mas, con grave prejuicio de la verdad católica, salió un decreto de la Sacra Congregación del Índice, por medio del cual fuese prohibidos los libros que tratan de la tal doctrina y fue ésta declarada falsa y totalmente contraria a las Sagradas y Divinas Escrituras.

Y habiendo últimamente aparecido aquí un libro, estampado en Florencia el año pasado, cuya inscripción mostraba que fuiste tu su autor, diciendo el título: "Diálogos de Galileo Galilei a cerca de los dos Máximos Sistemas del Mundo, Ptolemaico y Copernicano"; e informada después a la Sacra Congregación de que, con la impresión del citado libro, cada ves mas tomaba pie y se diseminaba la falsa opinión del movimiento de la Tierra y de la estabilidad del Sol; fue el mencionado libro diligentemente considerado y en él mismo defendiendo la opinión ya considerada y en tu fase por tal declarada, ocurriendo que tu, en dicho libro, procuras persuadir que la dejar como indecisa y expresamente probable, lo que también es error gravísimo, no pudiendo de ningún modo ser probable una opinión declarada e definida por contrariar las Escrituras Divinas.

Por eso, por nuestra orden fuiste llamado a este Santo Oficio, en el cual, con tu juramento, examinado reconociste el libro por ti compuesto y dado a estampar. Confesaste que, cerca de diez o doce años después de haber sido hecha la intimación como consta mas arriba, empezaste a escribir el dicho libro; que pediste autorización para el estampado sin que significaren aquellos que te dieren semejantes facultades que te habían sido ordenadas no sustentaste, de defender, ni enseñar de cualesquiera de las maneras tal doctrina.

Pareciéndonos a nosotros que tu no nos había dicho enteramente la verdad acerca de tu intención, juzgamos ser necesario proceder a un riguroso examen de ti; en el cual sin prejuicio alguno de las cosas por ti confesadas y contra ti deducidas como por encima y acerca de tu intención, respondiste católicamente.

Por lo tanto, vistos y maduramente considerados los méritos de ésta tu causa, con las supradichas confesiones tuyas y excusas y cuanto de razón se debía ser y consideradas, llegamos contra ti la infla escrita sentencia:
Invocando el Santísimo Nombre de Nuestro Señor Jesucristo y de la gloriosa Madre siempre virgen María. Por ésta nuestra definitiva sentencia, a la cual, pro tribunali, del consejo y pareceres de los Reverendísimos Maestros de la Sacra Teología y Doctores unius utriusque iuris, nuestros consultores, proferimos en éstos escritos en la causa y causas pendientes ante nosotros el Magnifico Carlo Sinceri, doctor unius utriusque iuris, Procurador fiscal de éste Santo Oficio, de una parte, Galileo Galilei antedicho reo aquí presente, inquirido, procesado y confeso como arriba, de la otra parte.
Decimos, pronunciamos, sentenciamos y declaramos que tu, Galileo aquí presente, por las cosas deducidas en el proceso y por ti confesadas mas arriba, te volviste vehemente sospechoso de herejía, a saber, por tener sustentado y creado doctrinas falsas y contrarias a las Sagradas y Divinas Escrituras, que el Sol sea el centro de la Tierra y que no se mueva de oriente hacia occidente y que la Tierra se mueva y no sea centro del mundo, y que se pueda tener y defender por probable una opinión después de haber sido declarada y definida por contraria a las Sagradas Escrituras.
Y consecuentemente estás incluso en todas las censuras y penas de los sagrados cánones y otras constituciones generales y particulares contra semejantes delincuentes impuestas y promulgadas.
De las cuales nosotros queremos absorberte desde que primero, con corazón sincero y de fe no finjida, delante de nosotros, abjures, maldigas y deteste los mencionados errores y herejías y cuales quieres otros errores y herejías contrarios a la Iglesia Católica y Apostólica por el modo y forma que por nosotros será dada.

Y a fin de que éste tu grave y pernicioso error y trasgresión no quede del todo impune, y seas más cauto para el futuro y ejemplo a otros para que se abstengan de semejantes delitos, ordenamos que, por público edicto, sea prohibido el libro de los "Diálogos de Galileo Galilei".

Te condenamos a cárcel formal de éste Santo Oficio a nuestro arbitrio; y por penitencia te imponemos que en los próximos tres años diga una ves por semana los siete salmos peniténciales, reservando para nosotros la facultad de moderar, mudar o levantar, en todo o en parte, las súbditas penas y penitencias.

Y a sin decimos, pronunciamos, sentenciamos, declaramos, ordenamos y reservamos, es esto y en todo lo de más, del mejor modo y forma que de razón podemos y debemos. (Siguen las firmas de siete de los diez cardenales).

Seguidamente el acusado arrodillado y con las manos sobre los Evangelios, leyó en voz alta este otro documento, para ese fin expresamente confeccionado por manos ajenas:

Yo, Galileo Galilei, hijo del fallecido Vicenzo Galilei, de Florencia, mi ciudad, de setenta años, constituido personalmente en juicio y arrodillado delante de vosotros Eminentes y Reverendísimos Cardenales, inquisidores generales en toda la República Cristiana contra la maldad herética.
Teniendo delante de mis ojos los sacrosantos Evangelios, los cuales toco con mis propias manos, juro que siempre creí, creo ahora, y con la ayuda de Dios creeré para el futuro, todo aquello que afirma, predica y enseña la Santa Iglesia Católica Apostólica.

Pero visto que, por éste Santo Oficio, por haber yo (después de haberme intimado judicialmente por lo mismo que abandonase totalmente la falsa opinión de que el Sol sea el centro del mundo y que no se mueva y que la Tierra no sea centro del mundo y que se mueva, y que no pudiese afirmar, defender ni enseñar de cualquier modo, por la voz o por escrito, la dicha falsa doctrina, y después de me haber sido notificado que dicha doctrina es contraria a las Sagradas Escrituras) escribo y dado a estampar un libro en el cual trato la misma doctrina ya condenada y empleando argumentos con mucha eficacia a favor de ella, sin dar ninguna solución, fui juzgado vehementemente sospechoso de herejía, por haber dicho y escrito que el Sol sea centro del mundo e inmóvil, y la Tierra no sea centro y se mueva.

Por lo tanto, queriendo yo retirar de la mente de las Eminencias Venerables y de todo fiel cristiano esta vehemente sospecha, justamente por mí concebida, con corazón sincero y de fe no fingida, abjuro, maldigo y detesto lo dichos errores y herejías y generalmente cualesquiera otros errores, herejías y sectas contrarias a la Santa Iglesia, y juro que para el futuro no mas diré ni afirmaré, por voz o por escrito, cosas tales que por ellas se puedan haber de mí semejantes sospechas; pero si conociese algún herético, o que sea sospechoso de herejía, lo denuncie a este Santo Oficio, o al Inquisidor Ordinario del lugar donde me encuentre.

Aún juro y prometo cumplir y observar enteramente todas las penitencias que me fuesen impuestas, o viniese a ser, por éste Santo oficio.

Y en el caso de transgredir algunas de las dichas promesas o juramentos, que Dios no quiera, me someteré a todas las penas y castigos por los sagrados cánones y otras constituciones generales y particulares impuestas y promulgadas.

Que Dios me ayude y éstos sus Santos Evangelios, que toco con mis propias manos.
Yo, Galileo Galilei, abjuré, juré, prometí y me obligué mas arriba; y, en fe de lo verdadero, por mi propia mano subscribí la presente cédula de mi juramento y la recité de palabra en palabra, en Roma, en el convento de Minerva, en éste día 22 de Junio de 1633.

Cuando se terminó la lectura de éste macabro acto de abjuración por parte dela Santa Madre Iglesia contra el acusado Galileo Galilei, se acababa de vivir uno de los momentos más dramáticos de la historia de la ciencia y por supuesto, de la propia historia del hombre en el mundo occidental.
El violento choque entre dos ideas, la ciencia y la religión, incompatibles desde que el hombre pudo pensar sin ser coaccionado, exigía un acto culminante, bien a su pesar, pues se jugaba su propio pellejo, él haberse tenido que rebajar villanamente ante ese poderoso poder clerical mucho mas allá de las fronteras de lo Humano. Fue la de un eminente hombre de ciencias la de un gigante cuya obra hoy se levanta ante nuestros ojos, los hombres del siglo XXI, como un monumento luminoso en ese horizonte que solamente reconoce las épocas en libertad.

Fue una gran batalla, el David contra Goliat. Pero no ha terminado ahí, hoy día nos preguntamos por haber aún tantas persecuciones religiosas, a empezar por la propia cristiana encubiertas y siguiendo con la islámica que aparecen constantemente en los medios audiovisuales con sus inquisidores obligando a un hombre inmolarse para mayor gloria de Alá, en este caso. En relación y concretamente con Galileo Galilei ante la tan descomunal humillación cabe preguntar: ¿tendrá la iglesia católica perdón por parte de su propio Dios, si éste existiera...?

Él fue condenado por "sospecha grave de herejía" a prisión perpetua, conmutada por arresto domiciliario. De ésta manera pudo salvarse de subir al patíbulo de la hoguera. Pero otros eminentes científicos de aquellos siglos al igual que hombres y mujeres de todos las clases sociales, con menos delitos de "herejías" fueron pastos de las llamas purificadoras, esas mismas que "iluminó" Europa durante cientos de años.

Pero quedó un algo mas en la historia. Al salir del aquel nefasto tribunal eclesiástico dijo una frase que pasó a la historia con un peso tan especifico que hasta hoy perdura: "Epur si mouve", es decir, a pesar de todo ella se mueve...

LQS Zerimar Ilosit.
Enero de 2006