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Año V. /

Martirios y ejecución de Girdano Bruno
Página negra en la historia del cristianismo

EL MACABRO cortejo salido de la inquisitorial prisión próxima a la iglesia de San Pedro, seguía su itinerario por las calles de Roma hasta su llegada al Campo dei Fiori, una plaza donde estaba ya apilada una montaña de leña alrededor de una estaca. Era el patíbulo en el que irían a quemar vivo al filósofo Giordano Bruno. Lo traían con una mordaza en la boca por temor a que él pudiera dirigir algunas palabras peligrosas y pecaminosas a la muchedumbre que se ajuntaba a su paso hacia dónde sería ejecutado.

Una vez allí y amarrado ala estaca al ofrecerle el verdugo el crucifijo para que fuese besado, en señal de arrepentimientos, Giordano orgullosamente sabiendo lo que hacía, lo rechazó con desprecio. Posterior-mente y bajo las plegarias y rezos de los monjes de San Giovanni Decollato, por la condena y salvación de su alma, el verdugo arrojó una antorcha en la base de la pira que un unos momentos devoró el cuerpo de tal in-signe hombre de ciencias de su tiempo, el mismo que no pudo combatir la ignorancia como se puede hacer en la actualidad, aunque no siempre es posible... Estaba hecho. Era el día 17 de febrero de 1.600.

Posiblemente Giordano recordase en aquel tétrico lugar las palabras que ciertamente escribiera en un momento de profunda melancolía pronosticando los hechos: "Vean, lo que le ocurre a éste iluminado servi-dor del mundo que tiene como a su padre el Sol y a su madre la Tierra; vean como el mundo que él ama por encima de todo le condena, le persiguen y le harán desaparecer".

Bruno murió a la dad de 52 años, entró en la Historia Universal como un mártir más de los muchos otros que como él fueron libres pensadores convirtiéndose en el símbolo de la intolerancia que la iglesia cató-lica venía practicando desde hacía muchos siglos.

El proceso inquisitorial

El Santo Oficio prendió a Giordano Bruno cinco años antes en Venecia, donde tuvo que responder al primer proceso que la inquisición le acusó. Se sabe con detalles los pormenores de éste trágico episodio porque la documentación llegó hasta nuestros días publicado en 1933 por Vicenzo Spampanate (Documenti dalla vita de Giordano Bruno. Florencia). Él hacía años que vivía en el exterior, paro había vuelto a Italia por motivos de promesas los cuales se convirtieron en mentiras y traiciones.

Ocurrió que por intermedio de unos libreros, atendiendo a un deseo de un personaje noble veneciano llamado Giovanni Mocenigo, al encontrar a Bruno en la "Feria del Libro de Frankfurt", (que ya existía en aquella época) en la Alemania de 1590, lo invitó para que fuese a Venecia con el pretexto de que enseñara matemáticas, artes en el desenvolver la memoria, materias en las que él era un gran experto. Tiempo posterior a su vuelta y debido a áspera divergencias y desentendimientos con Mocenigo, éste lo encerró en un cuarto de su gran mansión y lo denunció a los agentes de la herejía. Lo encerraron en la prisión de San Castello el día 26 de marzo de 1592. En los primeros momentos de los interrogatorios, Bruno se reconcilió con la temible hermandad. De nada le sirvió. El terrorífico Santo Oficio de Roma, alegando soberanía sobre el de Venecia en casos de "graves herejías", exigió incondicionalmente la entrega inmediata y preso del hereje Bruno. Por en cuanto y mientras no se hiciese el traslado, además de torturarlo, lo metieron en un es-pantoso calabozo, inmundo, húmedo y oscuro como brea encavado en un sótano junto al canal. El viaje a Roma, aun encadenado, debería haber sido un alivio.

El interrogatorio y ultimátum

El 27 de febrero de 1593 él llegó a la prisión papal. A partir de ahí siguió un largo y minucioso proceso, donde los inquisidores no sabían lo que hacer con el proceso. Pero ellos eran expertos en acusaciones, una vez caído en sus manos, poco se salvaban. Le interrogó el jesuita Roberto Bellamino, ese mismo que años después, en el 1616, y ya nombrado cardenal por sus muchos méritos en las cuestiones inquisitoriales, iría acusar a otro insigne hombre como lo fue Galileo Galilei; éste tuvo mas suerte al no llegar a ser quemado, en cambio tuvo que retractarse de sus "herejías", esas mismas que aún hoy día son válidas ante el mundo moderno y científico.

A bruno le sometieron a veintiún interrogatorios. Sucedió que en esos calamitosos años en que pasó encarcelado él no mudó de posición. El confinamiento, las malas comidas, el permanente frío, el consistente espionaje por parte de sus vecinos de prisión, por lo que en los procesos se encuentran citados más de cinco testimonios contra él; todo eso en ves de desanimarles los ánimos tuvieron un factor contrario. Además de aumentar su desprecio por todo el clero católico, esto endurecía sus principios en prisión: "no creo en nada y no me retractaré de nada, no hay nada a retractar y no será yo quien se retracte". Infelizmente no fue ese el entender definitivo por parte de la congregación del Santo Oficio, todo lo contrario, estaban allí para hacer "justicia" contra un peligroso rebelde hereje, que reunidos el 21 de diciembre de 1599 es presidida por el papa Clemente VIII.

La lectura de la sentencia

El documento final determinaba que: "Los padres teólogos deberían inculcar en el súbdito fraile dominicano Giordano Bruno, (ya no vinculado a la orden monástica), que sus proposiciones son heréticas y contrarias a la sagrada fe católica... Si son éstas rechazadas como tales por el reo, si quiere abjurarlas, que sea admitido para la penitencia con las debidas penas. Si así no fuere, aún será fijado un plazo de 40 días para el arrepentimiento que se concede a los herejes impertinentes y pertinaces. Que todo eso se haga de la mejor manera posible y en la forma debida".

Se le exigía su final rendición incondicional: si abjuraba lo dejaban vivo, sino, lo excomulgaban y entregaban al brazo secular para que lo ejecutaran, "sin que la sangre fuese derramada", esto es, que lo quemasen vivo. A todo eso la maquina propagandista eclesiástica del papa Clemente VIII, esperaba un triunfo espectacular. La capitulación de Bruno hubiera tenido una notable repercusión en un "año de gracia" como era el de 1600. Bruno se negó rotundamente, con lo cual en parte fue un triunfo ante tantas injusticias que hoy no reconocen como tal. Lo condujeron entonces el patíbulo para aún escuchar la sentencia el día 8 de febrero de aquel "año de gracia", arrodillado y humillado enfrente de nueve inquisidores y el gobernador de la "ciudad eterna", Giordano les dijo, por lo que de acusado se convirtió en acusador: "¡Vosotros ciertamente tenéis más miedo en pronunciar esa sentencia que yo él escucharla!".

LQS Zerimar Ilosit. Marzo de 2006. Brasil