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España: los ultras, sin himno
Ayer se conoció la letra elegida por el Comité Olímpico y la Sgae para el himno nacional. Por la noche moría uno de nuestros mejores poetas: Angel González, un autor excelso, entre los especializados en bajarnos del “ensof”, de las nubes, del fondo de su conciencia, los mejores poemas en lengua castellana. Tampoco fue requerido ni consultado para la redacción del himno, una necesidad que para algunos conservadores está ligada a una identidad española, que los ultras creen en peligro, ante los preciosos himnos cantados de los nuevos españoles, la inmigración en las gradas del Vicente Calderón, por ejemplo o los encuentros deportivos internacionales. Veamos.
Ni el C.O. ni la SGAE pueden raptar el derecho a sentirse representados en el texto del himno al resto de sociedad, a la ciudadanía. Solo hubiera sido necesario trascender, abstraer algo más el texto, donde los Viva a España escobarianos deberían quizás expresarse hacia el final de la última estrofa. Es una opinión lega.
Desde el punto de vista de la autoridad filológica de las instituciones deportivas o “canónicas” implicadas en la organización del redactado del himno, podríamos decir que sobre todo en el caso del C.O. no parece ser uno de sus objetivos fundacionales. No han acertado. El Comité Olímpico nos ha dado enormes satisfacciones como la organización de los inolvidables Juegos Olímpicos, pero de ahí a crear, para el deporte, el himno de todos, hay un abismo ético.
La sociedad española, los deportistas, los atletas no son solo cuerpo y músculo, tienen también conciencia y una opinión formada impecablemente sobre la grandeza y las mezquindades de nuestro país, que ni les permiten expresar en sus declaraciones. Es una de las prohibiciones en sus multimillonarios contratos. Las ideas de los atletas, su filosofía vital al menos, no se refleja en el himno filtrado a la prensa. Ellos saben perfectamente que están siendo utilizados para fines extra-deportivos. Los amantes del ejercicio físico, la gimnasia, el deporte o la preparación para competiciones internacionales, son admirables, como personas que se esfuerzan en superarse a sí mismos.
Pero habría que trascender, comprender el uso que se está dando al himno nacional hoy que reclama Rajoy, a petición quizás también de las bases autónomas que rondan por la periferia de las grandes ciudades. Donde hay himnos hay banderas y donde hay banderas, excepto las transparentes, hay banderazos. Así pasó, recordemos, en la Europa de los años cuarenta. Alertas, que a tiempo estamos de desactivar otra estratagema de la derecha española en la recta final de la VIII Legislatura, a cuenta de la letra del himno nacional ¿para el deporte o para los grupos Ultra-Sur?
¿Quién podría dudar de la bondad del lema deportivo: “Mens sana y córpore sano” Mas allá de la mirada elemental, instintiva, emocional a que nos tienen acostumbrados los ultra-conservadores españoles, me pregunto ¿a que “mens”, a que ideas, a que filosofía sirve el “corpore sano” ¿Ignoro si los textos de educación para la Ciudadanía incluyen la descripción del uso negativo, de la utilización alienante del deporte, que el fascismo europeo, nuestro país incluido, dio al deporte, como exaltación racial del músculo, de la superioridad racial de los atletas, en aquellos lejanos años, cuya referencia no debemos olvidar, por el bien de todos.
Prohibidas las manos
Aparte del uso racial del deporte en el pasado, en el caso del fútbol, por ejemplo, esta prohibido, además, el uso de las manos. La antropología básica demuestra el beneficioso efecto del uso de las manos, en el ser humano, pues provocan el desarrollo de su ingenio, de su intelectualidad para resolver los problemas de su supervivencia sobre la Tierra.
Bipartidismo simbólico
¿Qué efecto estará causando en la capacidad de buscar un buen alquiler de “cueva”, una adquisición regular de alimentos y unas vestimentas que le protejan del frío, al íbero, celta o layetano de hoy, la contemplación impenitente, todos los fines de semana, grasientas hamburguesas mediando, de veintidós hombres. Más el árbitro, que dan patadas a una bola, que tienen prohibido el uso de las pre-filosóficas manos ¿No es una configuración simbólica del bipartidismo político la contemplación impenitente de dos equipos que se enfrentan, tarjeta roja a veces, por meter una bola en la red del contrario? ¿Y la pluralidad, de varios equipos compitiendo por la hegemonía, dónde queda, en que deporte está simbolizado?
Cuota de pantalla al resto de las culturas
Además, la utilización del deporte, las olimpiadas, como alineación social, como lavado de cerebro de fin de semana, es una política de medios de comunicación, que incomprensiblemente ocupa toda la cuota de pantalla que deberían ocupar las artes escénicas, siete artes, las culturas españolas, vascas, catalanas o gallegas, para comprendernos mejor. Una utilización, un apabulle, una histeria de género que a veces…acaba mal, una intoxicación radiofónica, de la que las deportistas o los atletas no tienen la mas mínima responsabilidad.
Los sentimientos elementales no son ideologías
Concluyo alertando que, para esta plumilla, lo más humano es razonar. ¿Han visto a algún cerdo leyendo a Shakespeare? Encárguese la letra del himno a alguna de nuestras grandes poetas de hoy. A Angel González, ya no. La exaltación del cuerpo es una mirada sobre el ser humano bastante elemental, reduccionista, enajena todo el campo metafísico, filosófico, del ser humano. Esa elementalidad es la base social de los hitlerianos en los años cuarenta según Adorno, Reyes Mate o Hanna Arendt entre otros. Se elevó a categoría de pensamiento oficial, de ideología, esa elementalidad oficial, ese fue el gran error: el culto al cuerpo, a la raza, en la Europa de los primeros años cuarenta, Hitler, Mussolini, Franco, Salazar.
Esa elementalidad, tan expresada por el PP y la ultra derecha en el Congreso, el Senado - donde se han oído varios ¡Viva Franco! –, o en las calles en este Madrid donde ayer no pasaron, fue el contenido exacto de los hitlerianos de entonces, que -como se sabe y conviene no olvidar, jamás - en nombre de la pureza del cuerpo, de los músculos, de la raza, quemaron a seis millones de judíos, en Auschwitz, deshumanizando así a todo el género humano al que el tiempo y la pedagogía de la historia científica volverían a reflotar.
En España un diez por ciento de la clase trabajadora, son inmigrantes chinos, sub-saharianos, latino-americanos, rusos, etc. Muchos son negros, morenos, amarillos, cobrizos y en un estado lamentable, sucios, muy flacuchos y sin tono muscular… hablando una jerga incomprensible…adorando a otros dioses… Pero ¡Bienvenidos! Esta es su patria de adopción, su tierra, como Alemania o Suiza fue la nuestra en los años cincuenta o sesenta. Además tienen de nacimiento, otro paraíso, su país de origen, con su himno y su bandera, en el corazón, creo. Los cantan en el fútbol, en los encuentros deportivos, cuando Pau Gassol, por ejemplo, les emociona, cuando se reúnen los fines de semana en localitos de la periferia para recuperar sus guisos, sus canciones tradicionales, sus religiones o en las bodas y bautizos ¿es eso un delito?
Para los ultras que deambulan por los barrios de la periferia, que hacen de los campos de fútbol, tribunas bárbaras, parece que sí. Y es que los pobres chicos no tienen un himno nacional que cantar….
LQSomos. Elisa Serna. Enero de 2008
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